Grecia Aguilera
Para Monseñor Óscar Julio Vián Morales, la Catedral Metropolitana es la iglesia madre de la comunidad de Creyentes, la iglesia del Obispo desde dónde se instruye y alecciona, nuestra casa. Recuerdo que cuando se conmemoró en el mes de septiembre de 2014 el bicentenario de la Catedral Metropolitana, Monseñor Vián expresó esto en una hermosa y didáctica misiva que manifiesta: “Qué alegría sentí cuando me dijeron: ¡Vayamos a la Casa del Señor! ¡Y hoy estamos, por fin Jerusalén, cruzando tus umbrales! Con el mismo gozo del salmista, la Arquidiócesis de Santiago de Guatemala se prepara a la celebración jubilosa del Bicentenario de su Catedral Metropolitana. En efecto, el primero de los templos de la Arquidiócesis fue estrenado y bendecido los días 15 y 16 de marzo de 1815, después de más de treinta años de construcción, con la deliberada intención de celebrar la Pascua del Señor de aquel año en el nuevo recinto. No fue éste, sin embargo el primer edificio que albergó la Catedral. El primero, un sencillo templo en Almolonga, se abandonó en 1541 debido a la inundación provocada por el volcán de Agua; el segundo, ya en la ciudad de Santiago en Panchoy, fue demolido a partir de 1671 para construir un monumental templo barroco que, sin embargo fue destruido por los terremotos de Santa Marta en 1773. El traslado de la ciudad al valle de la Virgen en 1776 hizo necesario un nuevo recinto catedralicio, que se fue construyendo como la nueva ciudad, a fuerza de mucho trabajo y esfuerzo por parte de sus habitantes y que constituye hoy la sede de nuestra Iglesia Metropolitana… Este aniversario histórico no podía pasar desapercibido para este servidor, cuya cátedra se asienta en este hermoso templo, ni para la Arquidiócesis de Santiago de Guatemala, pues nuestra Catedral Metropolitana es la iglesia madre de la comunidad de creyentes que peregrina en esta porción del pueblo de Dios. Por eso, me dirijo a todos ustedes para invitarlos a sumarse a la celebración gozosa de este aniversario, dando gracias a Dios por todos los beneficios recibidos durante estos 200 años de vida de nuestra Catedral. Al mismo tiempo, considero que éste es un tiempo de gracia para continuar con la renovación pastoral de nuestra Iglesia Arquidiocesana, la cual no tiene que ver únicamente con las estructuras, sino también y especialmente con la conversión y renovación interior, personal y comunitaria, que nos permita realizar nuestra vocación de pueblo de la Alianza, constituido por discípulos y misioneros enviados a llevar la alegre noticia de la salvación, dispuestos a dar razón de nuestra esperanza al enfrentar los grandes retos y desafíos que se nos presentan en el momento actual… La Catedral es la iglesia del Obispo pues en ella está su cátedra; desde allí enseña, celebra y gobierna. En ella, los fieles se reúnen en torno a su pastor para celebrar la Eucaristía, fuente y cumbre de toda la vida cristiana… La Catedral, como Iglesia Madre e ícono de identidad nacional, también nos recuerda que somos una comunidad que peregrina en esta nuestra hermosa y a la vez sufrida patria Guatemala, en la esperanza de alcanzar la Jerusalén celestial. De allí que nos vemos congregados también para vivir y ser testigos de los valores del Evangelio en la construcción de la justicia y la paz, la lucha contra la violencia, la tutela y defensa de la vida en todas sus formas, la promoción de la dignidad de la persona humana y del bien común en la comunidad nacional de nuestro país multiétnico, plurilingüe y multicultural, en el diálogo, la solidaridad y el servicio a todos, especialmente a los más pobres y necesitados… Santiago Apóstol, patrono de nuestra Arquidiócesis y de la Catedral, ¡ruega por nosotros!”







