Gladys Monterroso
licgla@yahoo.es

“Con las piedras que con duro intento los críticos te lanzan, bien puedes erigirte un monumento.”
Kant

He leído en las llamadas redes sociales, como se lanza al aire o ¿Al espacio? Una crítica, a cualquier persona, por la forma en que se vistió, se presentó, habló, o simplemente se expresó en algún evento o situación, también me ha tocado leer cómo “eruditos del pensamiento” ridiculizan a los que no piensan igual que ellos, en ese micromundo en el que le escribimos a la nada y al todo, cada quien muestra su mejor o peor faceta.

Dentro de lo que me ha tocado leer, también se encuentra la discriminación como un agregado, por ejemplo se discrimina a una persona por trabajar en determinado lugar, con toda la insolencia en la que se esconde cualquier homófobo, por razón de religión, sexo o pensamiento político.

Tras un perfil, y como supuesto responsable de un muro en las redes, la mayoría de las personas hace pública su visión de las circunstancias, la religión, la política, o como aprecia hechos vividos.

El problema estriba, en que cuando alguien lanza un pensamiento crítico, con sustento o no, muchas personas se lanzar a opinar, sin conocer un alto porcentaje de ellas, a la persona criticada, al hecho en sí, y tampoco al contexto en el que se verificó el asunto en cuestión que se ha criticado.

Veamos, alguien es espectador o testigo circunstancial de un hecho cualquiera, de esos que suceden si no diariamente, si corrientemente en nuestras vidas, y cualquiera de los presentes, o muchos de los mismos, son espectadores circunstanciales de un error humano, como el que cualquiera de todos los individuos, o los mismos interlocutores podemos cometer en cualquier espacio de la vida, sin embargo, si de algo adolecemos las personas, es precisamente de la magnanimidad de analizar que existe detrás de los actos de las personas que no conocemos, y que vemos cometiendo un desliz.

Pero en la creencia de la eterna autoperfección de la que algunos nos revestimos, y que siempre ha existido, pero que hoy se hace pública por voluntad propia, nos atrevemos a lanzar la “Noticia de un yerro accidental” que no va a cambiar al mundo, menos el nuestro, pero necesitamos hacerlo público, para demostrar nuestra superioridad ambivalente.

Después de lanzada la crítica, nunca constructiva sobre alguien que no conocemos, se desata la jauría de improperios los más, las bromas los menos, y las críticas constructivas, casi invisibles, sin conocer ni establecer circunstancias, la masa invisible conoce, juzga y condena al culpable del desliz.

He leído cualquier cantidad de insultos, de desconocidos contra desconocidos, por una noticia satírica, o un mensaje denunciando un error público, cualquier miembro de la red expresa las debilidades y saca a luz las grandes falencias del ser ajeno a su propia vida, he leído como se le califica de bruto, burro, idiota, ignorante, incluso corrupto a alguien sin saber tan siquiera su nombre, y el porqué de sus hechos, simplemente asumo, por demostrar que somos lo que pretendemos no ser al acusar a alguien precisamente de lo en el fondo de nuestro ser nos autocalificamos.

En las redes sociales, bajo ese anonimato de un nombre incompleto, iniciales, o traducido a otro idioma, cualquiera se vuelve un erudito y se atreve a lanzar más piedras, que las que los judíos lanzaron a María Magdalena, solamente que, dos elementos hacen falta, no está Jesús para dar su sermón y hacer conciencia de que una piedra puede lastimar el alma, y nadie se arrepiente de la piedra lanzada pero, además, el sujeto objeto de la crítica fundada o no, probablemente nunca se entere, que por un momento, un día o quizás dos, fue el o la protagonista de que los leones le han despedazado públicamente, y a la vez anónimamente.

Públicamente, porque las redes sociales son una forma de expresión pública, a la que cualquiera tiene acceso, y anónimamente porque desconocemos quién o quiénes sin conocernos se han entrometido en nuestra vida para enjuiciarla, y sin que medie un procedimiento han condenado a voces.

Por lo antes expuesto, veámonos en el espejo de la vida antes de criticar a alguien que no conocemos.

 

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