Oscar Clemente Marroquín
ocmarroq@lahora.com.gt
Ya en tiempos de Ramiro de León Carpio había una oficinita en la 5ª. avenida de la zona nueve, a inmediaciones de La Terminal, donde personal del Ministerio de Finanzas iba priorizando los pagos de la deuda del Estado especialmente en el tema de las compras de medicamentos. Allí estaba el listado de los acreedores y se decidía a quién se le pagaba bajo el pretexto de que no alcanzaba para cubrir todas las deudas y, por supuesto, había que caer muerto con una comisión a los que discrecionalmente tomaban la decisión de qué empresas eran favorecidas con la emisión de los cheques.
Decían entonces que el procedimiento no era nuevo y que desde hacía mucho tiempo el tema de la deuda flotante y de arrastre se prestaba para ese tipo de maniobras en las que se obtenía doble mordida porque el proveedor o contratista pagaba para que le asignaran el contrato, pero debía volver a pagar para que le hicieran efectivo el pago. Hoy alguien dice que los “pobres empresarios” que son víctimas de esas extorsiones tienen que pagar so pena de ir a la quiebra si no logran cobrar los adeudos, pero la verdad es que por eso el Estado siempre compra caro y paga sobreprecios en las obras, porque el proveedor ya metió en el valor del contrato lo que corresponde a toda esa cadena de mordidas, más el costo financiero del tiempo de espera que ya se sabe deberá aguantar.
Lo publiqué oportunamente en aquellos días cuando un proveedor de medicamentos que había sido mi alumno en la Universidad Landívar vino a La Hora para relatarme el procedimiento. Desde luego no se hizo nada ni el Ministerio Público de entonces o la Contraloría hicieron absolutamente nada. Se lo comuniqué al mismo Presidente en el comedor del área privada de la Casa Presidencial, apuntó los detalles pero tampoco movió un dedo.
Viene todo esto a cuento porque los empresarios que han cantado con lujo de detalle la forma en que los arrinconó Sinibaldi harían bien en relatar que en gobiernos anteriores se hacía lo mismo, aunque variara el procedimiento para situar el dinero porque hubo épocas burdas en las que el pisto llegaba en efectivo porque no había ni siquiera el delito de lavado de dinero y menos el de asociación ilícita. Hoy mismo se sabe que quien fuera el antecesor de Sinibaldi en el Ministerio de Comunicaciones acaba de recibir un loteríazo en plena crisis, puesto que por la captura del diputado Christian Boussinot, es probable que llegue a ocupar la curul el señor Guillermo Castillo, lo que daría inmunidad a quien, además de lo que todos hacen, dejó esa deuda de arrastre por la que abogó el gobierno de Pérez Molina y que fue señalada como una deuda ilegal y además inmoral pues se contrajo sin que existieran asignaciones presupuestarias.
Le harían un extraordinario servicio al país si ahora que han relatado con detalle los millones que le pagaron a Sinibaldi, hicieran lo mismo con la caterva de pícaros que hicieron exactamente lo mismo a lo largo de los gobiernos de esta “era democrática”.







