Gladys Monterroso
licgla@yahoo.es

«Aquellos que pueden hacerte creer absurdidades, pueden hacerte cometer atrocidades»
Voltaire

No conozco, ni me interesa conocer a la señora de origen cubano y de apellido Álvarez, sin embargo, no puede dejar de indignarme la nueva forma de comunicación verbal, en la que priva el grito y la descalificación, bien dicen, que cuando no se tienen argumentos, se recurre al insulto, y ese fue el recurso que empleó la mencionada señora en contra de todos los sancarlistas, insulto que no debemos permitir.

Traté de recabar información del porque surgió la controversia, y la misma fue, que se llevaría a cabo una actividad académica, itinerante en la Escuela de Ciencia Política, misma que no era la primera, dedicada a los alumnos de esa casa de estudios, primero, debo aclarar que a las actividades de la Usac puede llegar cualquiera, a escuchar, y en el momento de las preguntas y respuestas, puede preguntar también, pero todo se debe llevar a cabo, bajo el más absoluto respeto, como debe conducirse cualquiera en una actividad pública, se trate de la que se trate.

Lo que es lo mismo, ella podía llegar como todo ciudadano, como oyente, porque, no se puede utilizar un evento académico para convertirlo en un mitin político, o lo que es peor un circo mediático, eso no significa que si la actividad interesa a algún medio de comunicación, no puedan asistir los que quieran, pero repito, siempre respetando los protocolos internos de cada institución, ya que el hecho que una institución sea pública, no significa que cualquier persona, sin autorización alguna, la tome como tribuna.

Por lo que me he enterado, nadie le prohibió la entrada, a la mencionada señora, ya que ni llegó, pero de haberlo hecho, hubiera sido recibida como a cualquier ciudadano que no sea estudiante, pero como parte del público, dentro de la Usac existen reglamentos, que todos tanto los que somos parte de la institución, como los que llegan como visitantes respetamos.

El hecho que se le explicaran sus límites, no significaba que ella actuara como lo observé en el video, y tengo entendido es su costumbre, el grito y la descalificación, y en esa actitud de ofensa a la que tengo entendido está acostumbrada, nos llamó a todos los sancarlistas parásitos, aunque nunca me interesó y no me interesa su persona, sí vi el video en cuestión, aseguró que ella con sus impuestos mantenía a los sancarlistas, veamos el termino sancarlista, se aplica a todos los que somos parte de esa casa de estudios, tanto estudiantes como personal administrativo y académico, por lo que me parece no solamente estuvo desafortunada su intervención, además, ofensiva.

Según el DRAE parasito significa: «Utilizar como alimento a otro ser vivo sin llegar a matarlo.

Aprovecharse de las ideas de otra persona.»

Los que sabemos que en Guatemala, la politiquería es sinónimo de corrupción, ya que, como en mi caso, he podido tener el CV adecuado, y llenar los requisitos, no he logrado servir al país como es la vocación de cualquiera, porque afortunadamente no he sido parte de esos grupúsculos de corrupción altamente endémica.

Cuando principió (Y es solamente el principio) a destaparse el tema de las coima disfrazadas, según ellos de donaciones que ha recibido el MCN, surge la pregunta ¿Quién debe avergonzarse? ¿Los sancarlistas quienes por mandato constitucional, y como sucede en países desarrollados y subdesarrollados, hemos recibido educación pública, como parte de los servicios propios del Estado, o quienes llenándose la boca de ser impolutos, reciben dineros producto de la corrupción?

En el andar por la vida, aprendemos que todos tenemos esqueletos detrás del armario, solamente que hay de esqueletos a esqueletos, y lo que se está descubriendo es de suyo entendible, chantajeaban a los deudores del gobierno, a cambio del pago la respectiva comisión, y alimentar a quienes estaban preparando, para mantener su estatus politiquero.

Así, que la vida, es un círculo vicioso, en el que nos encontramos como la tierra, por momentos con luz, y por otros en la mayor oscuridad, y estar en politiquería, es eso precisamente.

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