Oscar Clemente Marroquín
ocmarroq@lahora.com.gt
Maquiavelo fue un genio que plasmó sus consejos para el ejercicio del poder aplicados a circunstancias en las que El Príncipe tenía que actuar. La idea de que el fin justifica los medios no fue desarrollada como un absoluto, aunque así se haya convenientemente adoptado en lo que algunos consideran la esencia del pragmatismo político en el que importan los resultados y no cómo se logren. Y los beneficiarios de la corrupción han sido los mejores discípulos de esa tendencia porque de esa manera excusan su comportamiento al decir que lo esencial era hacer la obra y no su propio enriquecimiento.
Pues bien, en este gobierno está latente ese cínico y desvergonzado pragmatismo de gente que cree que mientras se logren resultados no importa si hubo o no hubo corrupción. El mismo Presidente llegó a decir que se encuentra en un brete porque tiene que decidir entre aplicar controles para evitar la corrupción o ejecutar la obra, lo que se le hace difícil con tales controles. Pero quien se lleva las palmas, de todas, todas, es el Ministro de Finanzas, a quien tuve la oportunidad de conocer hace algún tiempo cuando vino a La Hora tras haber recibido una buena marimbeada por haber escrito una columna en la que calificó como un exceso el cierre del corrupto negocio de tiendas libres La Riviera, aduciendo que lo que hubo fue un error administrativo que no justificaba una medida que, el eterno argumento, haría daño a la inversión porque, según le enseñaron desde chiquito, hay que proteger a toda costa al inversionista, aunque éste sea un pícaro que juega con esas asquerosas reglas de juego que definen al sistema guatemalteco.
Con esa misma mentalidad, y apañado por poderosos sectores que podrían verse afectados si se penalizan todos los usufructos concedidos con tanto vicio como el de Terminal de Contenedores Quetzal, el Ministro convenció al Presidente, y éste al Comisionado de la CICIG, de que en el tema de TCQ el fin justifica los medios y que tenía que preservarse el proyecto pasando por alto su espurio origen.
Y con ese mismo pragmatismo, en pláticas con sus amigos en la bancada de la UNE, el ministro vio el cielo abierto cuando le ofrecieron los votos suficientes para aprobarle su paquete fiscal a cambio de que el oficialismo le diera el espaldarazo a Taracena para su reelección. Se hicieron los arreglos y Estrada Zaparolli, el operador del Presidente que controla al Congreso, trasladó la consigna al oficialismo, lo que allanó el camino, según ellos, para la reforma fiscal. Y en sus sueños de grandeza, al ministro se le ocurrió trabar a la clase media con un paquete que hasta zampaba el impuesto a todos los combustibles, incluyendo el diésel.
Pero no sabía que la UNE había dejado de ser un bloque monolítico y que la exmujer de Colom no quería la reelección de Taracena, por lo que sus seguidores no votarían por el paquete fiscal que, en esas condiciones, hubo de ser retirado.
Mientras el Presidente siga en manos de los “pragmáticos” carentes de valores y ética, su gobierno perfila para ser, por lo menos, más de lo mismo.







