Oscar Clemente Marroquín
ocmarroq@lahora.com.gt
En Guatemala estamos viviendo aún bajo los efectos del fenómeno que produjo la Comisión Internacional Contra la Impunidad, (CICIG), al poner sobre el tapete casos que ponen en evidencia cómo la corrupción se ha adueñado del país y el efecto que la falta de castigo para los delincuentes tiene en el comportamiento social. Las elecciones pasadas intentaron ser un rechazo a la política tradicional y de allí la elección del presidente Morales, pero el sistema no sufrió ni un ápice porque en el Congreso se fortaleció la trinchera de la vieja forma de mangonear la política para servir a fines personales.
Pero ese rechazo a la forma de hacer política no es exclusivo de nuestra ciudadanía, sino que se nota en muchos lugares del mundo. España está en una situación de absoluto enredo porque los electores no quisieron darle el poder ni a los populares ni a los socialistas y la nueva composición del Congreso no permite acuerdos para elegir al Presidente de Gobierno.
Ayer en Estados Unidos se produjo el arranque de la carrera por la Presidencia que culminará en noviembre cuando se celebren elecciones. Los dos partidos dominantes, Republicanos y Demócratas, elegirán a su candidato tras el proceso que permite designar delegados estatales a la Convención partidaria y el principio, en Iowa, no puede ser más ilustrativo. Entre los republicanos más de la mitad de los electores se decantaron por candidatos que se presentan como ajenos a la estructura del partido en Washington, en tanto que por el lado demócrata la mitad también se volcó a favor del candidato que está desafiando al “establishment” que controla el poder y el dinero.
Al margen de que Cruz aventajó a Trump propinándole un revés que no se esperaba, porque las encuestas previas colocaban al empresario con una cómoda ventaja y que Marco Rubio se presente ahora como la mejor carta de ese repudiado “establishment”, hay que destacar que tanto Cruz como Trump basan su campaña en críticas a la forma en que se comportan los políticos en Washington y convocan a los electores a un cambio que signifique el rechazo a las formas tradicionales de la política. Trump, quien pone sus millones a trabajar, cuestiona las prácticas del financiamiento y su vociferante e histriónica actitud lo han mantenido desde hace más de seis meses punteando en las encuestas, hasta que ayer no sólo quedó en segundo lugar, sino que estuvo a punto de ser alcanzado por Rubio.
En el campo demócrata Bernie Sanders, un viejo político que siempre ha actuado como contrario a las prácticas políticas tradicionales, ha realizado una campaña sin Super Pacs que financien su campaña y con aportes de la población y parecía estar en notable desventaja frente a Hillary Clinton que es arropada por la estructura demócrata en Washington. Pero en Iowa, Sanders logró la misma cantidad de delegados que Clinton, precisamente porque ha denunciado a los cabilderos, a los financistas de Wall Street, que como los de Guatemala, pasan enormes facturas por su apoyo a los políticos y se las cobran con creces.
Creo que en EUA, como aquí, la política tradicional no será fácilmente derrotada, pero es obvio que la lucha ya empezó.







