Martín Banús M.
marbanlahora@gmail.com
Desde que a Guatemala se le concedió la “independencia”, la nueva república quedó presidida por el español Gabino Gaínza, que al ubicarlo biográficamente nos percatamos de que fue un sinvergüenza como la mayoría de los Jefes de Estado que hemos tenido. Se le nombra Capitán General de Guatemala en 1821, claro está, de la mano de los criollos que ya desde ese entonces ostentaban el poder económico y político, y con Gaínza, también el poder militar.
Pero sigamos con la festividad de la “independencia”: El populacho se mantiene baboseado. Es más, parece que le gusta estar así. Carece del criterio y de la inquietud para percatarse que su “amada patria independiente” es una nación tercermundista que apesta, que se acerca cada vez más al cuarto mundo, que además de estar gobernada por la corrupción y la impunidad, no existe forma de revertir esa tan humillante como triste situación.
No se ha dado cuenta la plebe, que su país carece de voz propia en las Asambleas de las Naciones Unidas.; que se debe voltear a ver primero, cómo vota Estados Unidos; qué necesita a la CICIG para que haya alguna posibilidad de combatir la criminalidad; que requerimos de fuentes externas de financiamiento porque somos incapaces de generar, en estos –riquísimos suelos–, nuestros propios recursos a través de una sana economía de mercado con otros países; que requerimos de la tecnología que aquí no pudimos desarrollar; que se tienen que recurrir a policías y ejércitos foráneos para adiestrar a dichas instituciones del país, que tenemos que votar cada cuatro años por el menos malo, por no decir por el menos bruto o el menos farsante. No importa nada de eso, a la plebe le gusta ir a ver un desfile en el que se distrae gratuitamente y representa un cambio a la monotonía de su existencia. El desfile resulta ser otro opio.
La absoluta ridiculez a costas del presupuesto familiar, es el desfile. Un desfile de estudiantes disfrazados de militares de boinas verdes. Sólo falta que los militares se disfracen de estudiantes y la policía de bomberos… ¿De dónde vino esa idiotez? ¿Acaso lamentamos que la independencia se haya logrado sin derramamiento de sangre? Pareciera que sí…
Partiendo de la premisa de que cada quien debería manifestarse acorde a la naturaleza de sus actividades cotidianas y propias de su ocupación, los estudiantes deberían de celebrar esa Independencia con olimpiadas académicas, con campeonatos deportivos, concursos de oratoria, etc., premiadas con becas a los ganadores, diplomas y reconocimientos al más alto nivel. ¿Qué clase de seres inanimados dirigen el Ministerio de Educación?
Ya en los años de Álvaro Arzú se había prohibido a los centros de estudio que obligaran a los padres familia a gastar en uniformes y zapatos para semejante incongruencia. Parece que algunos padres alienados quieren ver a su criaturita disfrazada de general y haciendo semejante papelón y con el que se garantiza, al menos, que pasará con cien educación física…
Nada tenemos contra los militares, ¿pero, por qué ataviar a estudiantes con tales uniformes y hacerlos marchar como si se tratara de juventudes hitlerianas? ¿Por qué celebrar al estilo militar, una independencia en la que, –por lo que nos enseñaron–, se dio prácticamente por error? Los de adentro creyeron que los de afuera ya la habían declarado y viceversa, unos cohetes, una marimba… ¡y ya! ¡Éramos independientes! ¡Vaya por Dios!
En realidad la independencia nos mantuvo en el rezago, en lo anacrónico y en la injusticia generalizada. Nunca se pensó en construir una nación poderosa y multilateralmente desarrollada. Fueron los círculos sociales dominantes y sin idea de lo que un país independiente debía buscar, los que sentaron las bases fétidas para lograr la vergüenza que hoy Guatemala es. Claro, con la bendición respectiva de la santa Iglesia Católica.
La idea de patria es un constructo; es una creación de quienes ostentaron y ostentan el poder. Son ellos los que establecieron con qué íbamos a formar ese sentimiento de “identidad nacional”: La Monja Blanca, el Quetzal, la Marimba y la Ceiba…
Para nosotros la idea de patria es mucho más que eso y no necesita actos…
La patria somos nosotros mismos, pues sin gente, ¿dónde la patria? ¡Ergo, la patria está jodida!







