El supuesto reelecto como rector, señor Walter Ramiro Mazariegos Biolis emprendió una serie de acciones para infundir temor y pánico dentro de la comunidad educativa de la Universidad de San Carlos de Guatemala. Trascendió la «desaparición» de los registros de al menos treinta estudiantes de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales, como de las escuelas de Ciencias de la Comunicación y de Historia.
Dos elementos constituyen el común denominador de las unidades académicas en las que se ha producido este hecho conveniente para las «autoridades» universitarias: estas son dirigidas por obedientes y serviles palafreneros de Mazariegos Biolis y aquellos en los que lamentablemente ha recaído la conveniente «pérdida de expedientes» son estudiantes y profesores que pública y valientemente se opusieron a los burdos y fraudulentos actos cometidos por los aún integrantes del Consejo Superior Universitario (CSU) y ese autócrata autonombrado «rector».
Al hecho anterior se suman los actos intimidatorios ocurridos desde el miércoles 15 y ampliamente denunciado en las redes sociales. Además, los directivos de USAC-DIRE acudieron el viernes 17 de julio al Ministerio Público denunciando amenazas, prohibición de ingreso al campus y otros actos intimidatorios por parte de la administración de Mazariegos Biolis.
En los últimos días, ese nefasto personaje se ha ensañado contra toda manifestación del ejercicio constitucional de emisión del pensamiento, que para dicha casa de estudios es de rechazo y para ello ha impuesto un auténtico terrorismo. Se ha erigido cual dictador de un «centro de estudios superiores», tremenda y ofensiva paradoja. La libertad de cátedra es precisamente el baluarte para profundizar en el conocimiento con rigor académico y reprimirlo no hace sino evidenciar su torcida mentalidad.
Estamos acudiendo a una práctica deleznable para un recinto en el que la ética y probidad debieran ser los valores en la transmisión del conocimiento científico. Una maña que al final de la década de los setenta en el siglo pasado era el preludio para una desaparición definitiva, forzada y fatal en contra de quien se le aplicó tan despreciable proceder. Lo sé por experiencia.
El tipo no actúa solo. Está protegido por el manto de impunidad ofrecido por jueces y magistrados de todo nivel que voltean la vista para no proceder a las más que evidentes muestras de desprecio por la ley y reglamentos universitarios en general y por las resoluciones judiciales en particular.
Dentro del conjunto de secuaces de Mazariegos Biolis y su camada de mafiosos en el CSU, reaparece la cuenta en «X» del cobarde @__VaderGt como un aliado más de ese falso rector y para ello se mofa de lo sucedido al estudiante y reportero Ángel Hamilton Mauricio Chang Guerra tildándolo de activista cual descalificación.
Y aquí llama la atención un hecho que ahora explico, en el pasado reciente también el ahora reelecto magistrado titular a la Corte de Constitucionalidad Roberto Molina Barreto llegó a emplear el mismo término para despreciar a quienes se oponen a su proceder. Supuestamente ahondó entre activista político y activista jurídico para crear una categoría despectiva y descalificar con ello el contenido de lo expuesto con aquel o aquellos que recibían tal calificativo.
Ahora el cobarde anónimo de la cuenta de «X» al remedarlo, usando el término, no hace más que evidenciar los lazos comunicantes entre esos individuos y otros de igual calaña, cuya timorata actitud les hace señalar cualquier tipo de estupideces para supuestamente sustentar «su» punto de vista.
El asunto cobra particular interés, pues el denunciado «rector» está negando derechos constitucionales y las leyes, normas y estatutos de la propia Universidad, restringiendo el acceso a la educación y condenando a estudiantes, profesores y trabajadores universitarios que le adversan o le adversaron, a un futuro negado dentro del ámbito académico. El terrorismo en la academia descrito, denunciado y observado implica la comisión de varios delitos. El tiempo para cortar de una vez por todas tales abusos e ilegalidades está tocando las puertas de la persecución penal. Tal situación es inadmisible y no puede seguir de manera indefinida.
El comportamiento de Mazariegos Biolis y cómplices raya otra vez en el ámbito de conducta criminal y propia de enfermos autócratas y criminales. En tanto más se demore más daño le hace a la comunidad universitaria, más al futuro democrático del país. La impunidad con la que se desenvuelven es inadmisible. Fue tolerable por las autoridades anteriores del MP y la conducción de este último ente ya debe dar indicios de ruptura con dichos amaños, los indicios están a la vista y llegó el momento de actuar en contra de estos criminales refugiados en el CSU y su «rector».







