Sandra Xinico Batz

sxinicobatz@gmail.com

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Sandra Xinico Batz
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El 21 de mayo de 1988, 116 niñas y niños fueron arrancados de sus comunidades, de sus familias para ser llevadas y llevados al destacamento militar de Chiul, en Cunén, Quiché, en donde por días fueron torturados por los militares, quienes, además, violaban y asesinaban a mujeres frente a ellas y ellos. Después de esto, fueron lanzadas y lanzados a un pozo que estaba lleno de agua, excremento y orina de los militares, poco a poco fueron muriendo, de las y los 116, únicamente un niño sobrevivió y su testimonio da muestra de las atrocidades a las cuales fueron sometidas y sometidos, como parte del genocidio que buscó exterminar a los pueblos originarios, disfrazándolo de “conflicto” o “guerra”, cuando lo que en realidad sucedió es que el Estado de Guatemala con vehemencia de los militares, echaron a andar sistemáticamente estrategias de aniquilación en contra de quienes consideraban inferiores por “indios”. La masacre de Chiul es una de las muchas masacres cometidas en contra de la niñez, 33 años después no solo no ha habido justicia, sino que la situación de las niñas y los niños en el país no ha mejorado, la desnutrición sigue siendo una de las principales causas de la muerte de decenas de niñas y niños cada año.

Según la investigación publicada en 2006, por la Oficina de Derechos Humanos del Arzobispado de Guatemala, titulada “Demos a la niñez un futuro de paz”, durante el Conflicto Armado en Guatemala “(…) de acuerdo al proyecto REMHI, de cada 100 personas que fueron asesinadas, torturadas, desparecidas y/o violadas sexualmente; 17 eran niños o jóvenes. Esto lo confirma la CEH atribuyéndole un 18% a las víctimas (de quienes se pudo identificar la edad) que eran niños o jóvenes (…) Además faltaría contar a todos aquellos menores que sufrieron de forma indirecta las acciones inhumanas de la guerra: orfandad, desintegración familiar, desarraigo cultural, etc.” Las niñas y los niños que sobrevivieron ahora son adultas y adultos y el empobrecimiento sigue siendo el mismo o peor, porque aunado a esto la salud mental de las personas no se ha recuperado y las secuelas del genocidio siguen vivas porque ha reinado la impunidad y los asesinos siguen libres, a muchos militares mata niños primero les llegó la muerte (por viejos) que la justicia.

Por esto nombrar la historia es fundamental, porque la memoria nos hace recordar que mientras no haya justicia no habrá paz, porque el empobrecimiento es provocado y es parte de ese genocidio que no ha cesado y que continúa matando a miles de personas de las peores maneras. Miles de niñas y niños siguen siendo arrancados de sus hogares, siguen muriendo en el desierto o en los ríos desplazados y obligados a migrar, centenares de niñas y niños viven asediados por las grandes empresas extractivas que han criminalizado, asesinado o encarcelado a sus madres y padres.

No es que hayamos o estemos regresando a los 80’s, es que nunca hemos salido de allí.

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