José Roberto Alejos Cámbara

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Como comenté la semana anterior, hay muchas maneras de poder vigilar el proceso electoral, y uno de ellos es el voluntariado para promover la participación, para fomentar los valores cívicos, para contribuir en la formación de ciudadanía y generar espacios, para motivar el empadronamiento, impulsar el voto informado y responsable y; orientar a la población el día de las elecciones.

Pero deberíamos ser voluntarios permanentes a lo largo de nuestras vidas. Ser los primeros en ofrecerse apoyo, cumplir con lo que nos toca hacer. Ser, voluntariamente, mejores personas, ayudar a los que están a nuestro alrededor y los que presumimos de ser políticos, apoyar espontáneamente a quienes lo necesitan.

Insistiré en esta columna en que, si escuchamos que algo malo está sucediendo o está por suceder eso no debe quedar solamente en la denuncia o crítica a través de las redes sociales, hay que proceder activamente a fin de evitar que suceda; hay que denunciar ante las autoridades pertinentes para frenar lo que está sucediendo o bien para evitar que suceda, porque hacerlo es ser voluntario en la defensa de la democracia.

Nunca, como hoy, las instituciones del Estado habían estado inmersas en una crisis de desprestigio; ni siquiera cuando los gobiernos en turno eran producto del fraude o de la tiranía. Me satisface haber sido parte de quienes apoyaron la Ley de Acceso a la Información Pública, porque a través de ella ha sido posible descubrir la corrupción, los malos manejos, el abuso de poder, el descalabro de las instituciones estatales y el caos en el que estamos inmersos.

Pero no es suficiente, no basta descubrir, criticar o insultar al responsable -o supuesto responsable- y digo no basta porque son muchos los ejemplos en que vemos que a esa gente ya no le afecta la opinión pública y sigue en lo mismo, “sigue en las andadas” dirían por mi pueblo. Con los insultos y ataques solo provocamos más desprestigio a las instituciones.

Por costumbre las fiestas de fin de Año Nuevo constituyen tiempos para meditar, porque tomamos esa fecha en el calendario como una época de cambio y cada vez que hablamos del Año Nuevo hablamos de vida nueva, de cambio de actitud, de metas y de ser diferentes, no deberíamos esperar un nuevo año para ser propositivos, para ser voluntarios en la construcción de un mejor país.

Si el partido del gobierno usa los recursos estatales para la próxima campaña, si escuchamos que el narcotráfico y el crimen organizado están involucrados en el descontrol y despilfarro de las campañas electorales hay mucho que hacer al respecto y eso atañe a las autoridades. Pero, si escuchamos que sobre el Tribunal Supremo Electoral hay señalamientos de un potencial fraude electoral, arriesgando la transparencia y el respeto del voto ciudadano, entonces hay mucho que hacer como voluntarios.

Ofrezcamos nuestro apoyo voluntario para defender esos derechos cívicos y políticos. Hay muchas oportunidades de estar cerca del proceso electoral, de asegurarnos que esos señalamientos queden solo como un chisme y que jamás se haga realidad la amenaza del fraude.

No esperemos convocatorias a “grandes manifestaciones”, seamos voluntarios de la transparencia, seamos voluntarios para causar el bien y evitar que pase el mal. Un día tuve a bien escuchar que “una voz honesta es más fuerte que una multitud”, por lo tanto, como buenos guatemaltecos “MÁS VALE SOLO QUE MAL ACOMPAÑADO” pero con voluntad para hacer el bien.

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