En mi artículo hace una semana, trasladaba la información y el análisis derivado del webinar en Washington sobre la segunda usurpación de la rectoría de la Usac. Confiaba que para ahora estuviesen avanzadas las acciones de desmantelamiento de la segunda usurpación; los amparos en contra de ella se hubiesen resuelto positivamente por el sistema judicial; las investigaciones del fiscal general sobre la Usac hubiesen llevado a exigir la renuncia inmediata de Mazariegos, por ser ilegal; y que Arévalo hubiese hecho “algo” para rescatar a la Usac. Nada de ello ocurrió, por lo que debo continuar con las importantes conclusiones del webinar.
Sigo, entonces, con el contexto histórico de la relación entre la Usac y el Estado. En 1962, luego de que la rebelión popular de las “Jornadas de marzo y abril” fuese atacada militarmente, con algunos estudiantes asesinados por tropas del ejército y muchos más capturados en las calles y puestos en prisión, comento: “algunos universitarios se unieron al movimiento guerrillero que había comenzado en 1960. No obstante, la mayoría de los estudiantes continuaron una ruta pacífica para elegir autoridades universitarias pro democracia, y transformaron juntos el currículo y las prácticas para producir una relación más estrecha de los estudiantes con las grandes mayorías”.
Tercero: “Autoridades pro democracia en la década de 1970 condujeron la transformación de la Usac hacia un compromiso más profundo con grandes sectores de la población. También se incrementó la oposición pública de la universidad a las generalizadas violaciones de los derechos humanos contra la población, al aplicar dura represión las dictaduras militares contra sectores populares y democráticos del país. Fueron víctimas de la represión varios miembros de la comunidad universitaria. La situación empeoró cuando, en 1978, Lucas García se hizo jefe de Estado. Aunque el movimiento revolucionario había ganado fuerza, en paralelo con Nicaragua y El Salvador, sus actividades se realizaban, principalmente, en las zonas rurales. Aun así, Lucas García declaró en 1978 que la Universidad era el “centro de la subversión” y, prácticamente, declaró guerra contra la Usac. Fueron blanco de asesinatos y desapariciones forzadas estudiantes, autoridades, profesores y trabajadores, y en 1980 el rector fue forzado a salir al exilio. Hubo numerosas incursiones de fuerzas militares y paramilitares en la ciudad universitaria de la Usac, así como en otras instalaciones universitarias”.
“Cuarto: Controlar la Universidad nacional ha sido siempre una fijación para los líderes represivos del Estado. Luego de las olas de asesinatos y desapariciones forzadas a finales de 1970 y principios de 1980, principalmente en los centros urbanos de Guatemala, muchas autoridades y profesores, así como estudiantes y trabajadores, fueron forzados a abandonar la universidad. El ejército infiltró a su gente y supervisó la “elección” de nuevas autoridades, aunque no recurrió a una intervención militar. Después de 1985, el miedo y la corrupción fueron utilizados como instrumentos para la cooptación. (Continuará)







