Política y contexto socioeconómico
Escribo antes de los resultados del Campeonato Mundial de Fútbol –creo que serán: España, campeón, Argentina, subcampeón, Francia, tercero, e Inglaterra, cuarto– consciente del entusiasmo que dicho torneo produce en miles de millones de personas. Ha sido un lapso de poco más de un mes, con juegos en México, con esfuerzos democráticos, Canadá, como Estado socialdemócrata, y Estados Unidos, sumido en la dictadura “supremacista”, cada día más aberrante.
Me sumé a la campaña para boicotear este torneo, el “Mundial de la Vergüenza”, por ser reflejo del comportamiento inhumano de muchas de las élites y sus gobiernos –se ignoró el genocidio palestino en Gaza y otros lugares; las agresiones de EE. UU. contra Venezuela e Irán, junto con el Estado sionista, y sus reiterados crímenes de lesa humanidad y de guerra; las tarifas que han afectado el comercio y la economía mundiales; y la represión antiinmigrante, feroz, insensible y violenta, en todo el territorio estadounidense–, y predije las numerosas violaciones de derechos y abusos que han ocurrido: las violentas actuaciones de ICE-Gestapo, las afrentas a delegaciones deportivas y hasta manipulaciones de Trump pro “grandeza de América”; pero, imaginé que el humanismo del deporte iba a mostrar rasgos positivos y dejaría importantes lecciones para el futuro.
He seguido de cerca el torneo, en aspectos positivos al igual que en los negativos, y he buscado elementos para el avance de nuestras sociedades y Estados, incluido el deporte en su justa concepción. Se nota la influencia del basquetbol en las estrategias y tácticas del fútbol actual, lo que lleva a una similitud de planteamientos, tanto ofensivos como defensivos, que solamente son superados por las genialidades de las estrellas existentes y quienes aspiran a serlo.
Fueron factores particulares de estos juegos: el clima intensamente caluroso, que sirvió para inventar la “pausa de hidratación”, acogida con entusiasmo para colocar anuncios de TV; la utilización del VAR, para verificar la presencia o ausencia de faltas y goles, que demostró el valor de un mecanismo no subjetivo para sancionar lo correcto; y la obscenidad de los precios de entradas a los partidos, alojamiento y transporte. La FIFA se ha convertido en una inmensa maquinaria de hacer dinero, sin objetivo social, para beneficio de pocos.
Desde la organización inicial, la política se inmiscuyó, con los coqueteos de Trump con Infantino, presidente de la FIFA. No hubo solicitud de éste, y menos concesión de Trump, de una tregua deportiva en las guerras del imperio e Israel, que han producido muerte, destrucción y daños cuantiosos. Tampoco hubo petición ni concesión de tregua en la cobarde guerra contra las y los inmigrantes en EE. UU y contra lancheros cerca de las costas en el Caribe, México, Venezuela y Colombia. Ofenden los inaceptables actos de pleitesía de Infantino, al conceder el premio de la paz a Trump y aceptar pasar encima del reglamento del Mundial y quitar una tarjeta roja al equipo estadounidense. Esto debería significar una urgente tarjeta roja para Infantino como presidente de la FIFA.
(Continuará)







