Estados Unidos cumple 250 años de existencia. Declaró su independencia del Reino Unido el 4 de julio de 1776 y siguió la guerra contra las tropas británicas, iniciada en 1775, hasta la firma del Tratado de París en 1783, en el cual el imperio británico reconoció su independencia. La lucha por la independencia no fue una revolución; pero fue la primera vez que se logró un gobierno electo por sus ciudadanos. América Latina y el Caribe, por su parte, seguía siendo un conglomerado de colonias de España, Francia, Holanda, Inglaterra y Portugal. Sin embargo, para 1825, la gran mayoría de estos territorios eran países independientes, tras los efectos de la Revolución Francesa de 1789. EE. UU. consolidó su alianza inicial de 13 Estados y la fue expandiendo en el sur y oeste del país, mientras que el intento de unificación en América Latina no prosperó.
Los intereses imperiales de EE. UU. aparecieron con su adquisición de territorios y, dos décadas después de la independencia de México, con su invasión de suelo mexicano en 1846; la mitad del territorio mexicano quedó en poder estadounidense, conformándose el imperio. La imposición imperialista de Washington se mantuvo a lo largo de los siglos XIX y XX, habiendo intervenido en todos los países de América, ya sea militar o políticamente, para garantizarse sus intereses geopolíticos y económicos. Sangre latinoamericana ha sido derramada por las aventuras bélicas gringas y la soberanía de los pueblos ha sido mancillada, para sostener a las minorías ricas con sus regímenes de derecha brutal. Cuando se creía que las intervenciones de EE. UU. podrían terminar, luego de que, mediante procesos de paz se solucionaran las guerras revolucionarias en Centroamérica, en el siglo XXI el imperio volvió a intervenir en la región que sigue considerando su “patio trasero” e ideó los “golpes blandos”, para cambiar regímenes, e intensificó bloqueos económicos contra países que se le resistían. Donald Trump, al convertirse en dictador estadounidense ha impuesto el imperio, con nueva fuerza, y ha recurrido a acciones bélicas y políticas para intentar someter a todas sus “colonias”. Secuestró al presidente Maduro y a su esposa, con muerte de sus defensores cercanos; amenaza a los países que no le son “fieles”; e impone abusivas medidas políticas y económicas aún a quienes le guardan fidelidad. No respeta ni el derecho propio ni el derecho internacional.
Las agresiones contra los sectores opuestos a sus brutales políticas alcanzan ahora a la población estadounidense, demostrando su incapacidad de gobernar en democracia. Por ello, afirmo que no hay nada que celebrar en el día de los 250 años de vida independiente, al haberse entregado el gobierno al “supremacismo”, con el resultado de la destrucción de las instituciones democráticas. Aún sin el zar gringo, la clase dominante de su país ha pecado de mantener su ilegal y brutal imperio sobre América Latina y el Caribe. Hoy, es peor. Nada que celebrar; debemos esforzarnos, generación tras generación, por lograr la segunda independencia, frente al imperio gringo y sus lacayos por país.







