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Hace pocos días conocí los gastos de Estados Unidos en su injustificada guerra contra Irán. Trump indicó que la suma gastada era de veintinueve mil millones de dólares a partir del primer cobarde ataque, y los recursos siguen malgastándose día a día. Esa montaña de dinero, que podría servir para atender a las familias en Gaza que han sido agredidas por Israel; para enviar medicinas y alimentos a poblaciones en riesgo, incluida la cubana; para parar la migración mesoamericana hacia el norte; o para aliviar la pobreza en EE. UU., es utilizada para la brutal destrucción de la infraestructura de Irán y el asesinato de sus líderes. ¡Eso es obsceno e imperdonable, crimen de lesa humanidad!

Desde luego, los indecentes gastos del zar gringo, la gran mayoría pagados con impuestos de su país, abarcan todos los campos, porque se cree dueño y señor del planeta. ¿Cuánto ha gastado en asesinar a cerca de doscientos lancheros en aguas internacionales? ¿En secuestrar y mantener en prisión al presidente Maduro de Venezuela y a su esposa? ¿Para pagar bonos a los agentes de ICE-Gestapo por secuestrar y agredir a personas en territorio estadounidense, sean o no inmigrantes irregulares? ¿Para pagar a las prostitutas que le exigieron fondos a Trump por su silencio? ¿Cuánto dinero se mueve para silenciar el caso Epstein?

Y no digamos los abundantes fondos para satisfacer su ego: derrumbar el ala este de la Casa Blanca, para construir un salón de baile en donde Melania presuma sus lujosos vestidos y baile el vals, adosado a un búnker, para refugiarse de las bombas atómicas que teme que le caerán como represalia. Ahora destruye arte, en uno de los monumentos más significativos de Washington, el Memorial de Lincoln, para “cambiarle de color”. Hay muchos desperdicios más, verdadera colección de indecentes gastos.

Eso se refleja a nivel micro en los gastos públicos de Guatemala, en donde autoritarios funcionarios meten la mano al tesoro nacional para pagar caprichos. Desde el helicóptero de Otto Pérez, que le regalaron sus ministros, y el saqueo de Jimmy, hasta el “nido de amor” de Giammattei y su consorte, en las faldas del Volcán de Agua. También se da con otros funcionarios que se manejan cual tiranos. Pronto sabremos las coimas recibidas por Consuelo Porras, por los doce casos de corrupción de Giammattei, que ella encubrió. Y ya sabemos que la campaña de Walter Mazariegos para hacerse, de nuevo, usurpador de la Usac costó la bicoca de Q83,000, sustraídos de los fondos de la Usac.

Habrá por delante abundante trabajo de investigación sobre estos dos personajes, tanto por la Contraloría General de Cuentas como por el fiscal general; pero nada se logrará si actúan con temor, y les falta la fuerza del Poder Ejecutivo y la ciudadanía. Se hace necesario acompañarlos desde la sociedad civil, para lo cual, sugiero la integración de un “Observatorio Ciudadano”, para evaluar la forma en que estas dos entidades cumplen sus obligaciones constitucionales. Este observatorio debe mantener fácil acceso a los dos entes, y otros que vayan surgiendo, como la Usac proba, así como al gobierno por vía de la vicepresidencia de la República.

Raul Molina Mejía

rmolina20@hotmail.com

Nació el 20/02/43. Decano de Ingeniería y Rector en funciones de USAC. Cofundador de la Representación Unitaria de la Oposición Guatemalteca (RUOG) en 1982. Candidato a alcalde de la capital en 1999. Profesor universitario en Nueva York y la Universidad Alberto Hurtado (Chile). Directivo de la Red por la Paz y el Desarrollo de Guatemala (RPDG).

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