Autora: Andrea Sierra
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Editorial: youngfortransparency@gmail.com
Cuando se habla del pueblo judío, es común que las discusiones contemporáneas comiencen por la política, la religión o el conflicto entre israelíes y palestinos. Sin embargo, existe una pregunta mucho más antigua: ¿cuándo aparece Israel en la historia?
Responderla requiere separar tres cosas que a menudo se mezclan: la tradición religiosa, los textos bíblicos y la evidencia arqueológica. La Biblia constituye una fuente fundamental para comprender la memoria histórica y religiosa del antiguo Israel, pero la arqueología permite estudiar esta historia mediante restos materiales, inscripciones, asentamientos, monumentos y representaciones producidas por sociedades contemporáneas.
Más allá de la historia bíblica que sitúa los orígenes del pueblo de Israel en los patriarcas y matriarcas, la tradición judía remonta su linaje a Abraham y Sara, quienes fueron padres de Isaac; Isaac y Rebeca, de Jacob; y Jacob, quien posteriormente recibió el nombre de Israel y fue padre de las doce tribus de Israel. Sin embargo, para estudiar estos orígenes desde una perspectiva histórica y arqueológica, es necesario distinguir entre la tradición bíblica y las evidencias materiales y documentales que permiten rastrear la presencia de Israel en el antiguo Cercano Oriente.
En Egipto
La primera referencia extrabíblica conocida al nombre Israel aparece en Egipto, en la llamada Estela de Merneptah, fechada aproximadamente en 1208 a. e. c.
La estela fue realizada durante el reinado del faraón egipcio Merneptah y registra sus campañas militares en Canaán. En ella aparecen varios nombres conocidos de la región, entre ellos Ashkelón y Gezer. Pero hay una diferencia importante: los escribas egipcios utilizaron para Israel un signo determinativo que lo identifica como un pueblo o grupo humano, mientras que los demás figuran como ciudades.
Esto es especialmente relevante porque demuestra que, hacia finales del siglo XIII a. e. c., una entidad identificada como Israel ya era reconocible para Egipto en la región de Canaán.
La estela no nos cuenta cómo surgió Israel. Solo demuestra que el nombre Israel, asociado a un pueblo, ya estaba siendo utilizado en una fuente egipcia aproximadamente tres siglos antes de las primeras evidencias arqueológicas de la monarquía israelita.
Por eso, la Estela de Merneptah ocupa un lugar fundamental en cualquier discusión histórica sobre los orígenes de Israel.
Los primeros asentamientos israelitas
Durante la transición de la Edad del Bronce a la Edad del Hierro, aproximadamente entre los siglos XIII y XI a. e. c., se produjo una importante transformación en las tierras altas de Canaán.
Los arqueólogos han documentado la aparición de numerosos asentamientos pequeños en las zonas montañosas de Canaán. Estos poblados no pueden identificarse automáticamente como “israelitas” solamente por su arquitectura o cerámica, y precisamente aquí comienza uno de los debates más interesantes de la arqueología bíblica.
El arqueólogo Israel Finkelstein ha señalado que el surgimiento de estas comunidades debe entenderse dentro de procesos más amplios de asentamiento y reorganización de las poblaciones de las tierras altas, en lugar de asumir automáticamente que cada nuevo poblado corresponde a un episodio concreto descrito en la Biblia.
Entre los elementos arqueológicos asociados frecuentemente con las sociedades israelitas de la Edad del Hierro se encuentra la llamada “casa de cuatro habitaciones”, un tipo arquitectónico particularmente extendido en los asentamientos de la región. Los investigadores han estudiado su distribución como uno de los posibles indicadores de la sociedad israelita, aunque la arquitectura por sí sola no constituye una prueba absoluta de identidad étnica.
La identidad de una población se reconstruye mediante la combinación de múltiples evidencias: asentamientos, arquitectura, cerámica, prácticas funerarias, escritura, economía y fuentes contemporáneas.
Del pueblo de Israel a los reinos de Israel y Judá
Durante la Edad del Hierro surgieron estructuras políticas más complejas. Con el tiempo encontramos evidencia de los dos grandes reinos que aparecen en las fuentes bíblicas: Israel, al norte, y Judá, al sur.
La evidencia extrabíblica se vuelve particularmente abundante durante los siglos IX y VIII a. e. c.
Una de las piezas fundamentales es la Estela de Tel Dan, descubierta en el norte de Israel en la década de 1990. Se trata de un monumento escrito en arameo, fechado en el siglo IX a. e. c., que menciona a un “rey de la Casa de David”. Es actualmente la referencia extrabíblica más antigua conocida de la dinastía davídica.
Su importancia no consiste solo en demostrar literalmente todos los relatos bíblicos sobre David. Su importancia es más precisa, evidencia que un gobernante de la región, probablemente el rey arameo Hazael, utilizó el término “Casa de David” para referirse a una dinastía política asociada con Judá.
En otras palabras, para el siglo IX a. e. c. ya encontramos una fuente independiente de la Biblia que reconoce una entidad política vinculada a una dinastía davídica.
La Estela de Mesha: Israel visto desde Moab
Otra evidencia extraordinaria procede de la vecina Moab.
La Estela de Mesha, actualmente conservada en el Museo del Louvre, fue realizada durante el siglo IX a. e. c. y está escrita en lengua moabita utilizando una escritura de tipo fenicio. El texto registra las campañas del rey Mesha y describe su conflicto con Israel, incluyendo territorios que, según la inscripción, habían estado bajo dominio israelita.
Su valor histórico es enorme porque no es un documento israelita ni judeano. Es una fuente externa, producida por un reino vecino que habla de Israel como una potencia política existente.
Israel aparece también en el arte
La evidencia no se limita a las inscripciones.
Una de las representaciones más importantes es el Obelisco Negro de Salmanasar III, un monumento asirio realizado en el siglo IX a. e. c. El monumento representa a distintos gobernantes llevando tributo al rey asirio. Entre ellos aparece una figura identificada por la inscripción como Jehu de la “Casa de Omri”, es decir, vinculada al reino de Israel. El episodio está fechado alrededor de 841 a. e. c.
La imagen muestra a un gobernante arrodillado ante Salmanasar III mientras presenta tributo.
La identificación tradicional de la figura como Jehu es ampliamente aceptada, aunque la interpretación exacta del nombre y de la expresión “hijo de Omri” ha sido objeto de discusión académica. Por eso es más riguroso hablar de la representación tradicionalmente identificada con Jehu, en lugar de presentar la identificación como una certeza matemática.
En cualquier caso, el monumento constituye una evidencia visual excepcional: tenemos una representación artística asociada por una inscripción a un gobernante del reino de Israel.
Imágenes Israelitas Religiosas
Uno de los sitios arqueológicos más interesantes para comprender la sociedad israelita es Kuntillet ʿAjrud, un sitio del noreste del Sinaí utilizado durante el siglo VIII a. e. c.
Allí fueron descubiertas inscripciones en hebreo antiguo, además de dibujos de seres humanos, animales y figuras divinas. Algunas de las inscripciones invocan a Yahvé y contienen referencias a lugares asociados con Israel, incluyendo “Yahvé de Samaria”.
Estas evidencias son particularmente importantes porque nos permiten observar que la religión israelita antigua era históricamente más compleja de lo que muchas personas imaginan cuando miran retrospectivamente el judaísmo posterior.
Las inscripciones de Kuntillet ʿAjrud ofrecen evidencia de una forma de religión yahvista durante la Edad del Hierro, aunque la interpretación exacta de algunas expresiones religiosas continúa siendo objeto de debate académico.
Esto no debilita la historia judía. Al contrario, permite verla como lo que fue, una tradición histórica que se desarrolló durante siglos.
Y entonces, ¿cuándo aparecen los judíos?
La palabra Israel es mucho más antigua que el término “judío” entendido como identidad histórica. Durante la Edad del Hierro existieron los reinos de Israel y Judá. Después de la caída del reino del norte ante el Imperio asirio en el siglo VIII a. e. c. y, posteriormente, de la conquista de Judá por Babilonia en el siglo VI a. e. c., la historia de Judá y de sus habitantes adquirió una importancia central en la formación de lo que posteriormente conocemos como judaísmo.
De hecho, el término “judío” está relacionado históricamente con Judá (Yehudá) patriarca de la tribu, con sus habitantes, los judeanos en Judea.
Por eso, hablar de “los judíos” como si se tratara de una población idéntica e inmutable desde la Edad del Bronce hasta el presente sería históricamente incorrecto.
Pero tampoco es correcto afirmar que el pueblo judío apareció de la nada en épocas posteriores solo como una religión sin etnia, sin historia y sin una tierra de origen antes de la diáspora.
Existe una continuidad histórica que puede estudiarse a través de diferentes etapas: las poblaciones israelitas de la Edad del Hierro, los reinos de Israel y Judá, las comunidades judeanas de los períodos persa y helenístico, el judaísmo del Segundo Templo y, posteriormente, las comunidades judías de la Antigüedad tardía y de la diáspora.
¿Qué demuestra realmente la arqueología?
La arqueología no puede demostrar que cada relato bíblico ocurrió exactamente como está escrito. Tampoco puede reconstruir todos los aspectos de la identidad de una población antigua.
Pero sí nos permite establecer algunos hechos con considerable seguridad.
Hacia aproximadamente 1208 a. e. c., una fuente egipcia menciona a un pueblo llamado Israel en Canaán.
Durante la Edad del Hierro aparecen numerosas comunidades en las tierras altas de Canaán que forman parte del complejo proceso histórico del que surgirá la sociedad israelita.
En el siglo IX a. e. c., fuentes de pueblos vecinos mencionan a Israel y a Judá. La Estela de Mesha habla de Israel, mientras que la Estela de Tel Dan menciona la “Casa de David”.
Y en el mismo período, el arte asirio conserva una representación de un gobernante asociado con Israel, tradicionalmente identificado como el rey Jehu.
Es decir, cuando quitamos las discusiones políticas modernas y examinamos las piedras, las inscripciones y los asentamientos, encontramos algo bastante sencillo:
Israel no comienza en la arqueología moderna. Israel ya aparece mencionado por sus vecinos hace más de tres mil años.
La historia posterior del pueblo judío es mucho más larga y compleja que esa primera aparición. Incluye reinos, conquistas, exilios, reconstrucción, imperios, diáspora, transformaciones religiosas y culturales y, finalmente, comunidades judías extendidas por distintas regiones del mundo.
Pero para comprender esa historia, hay que comenzar aquí, con un pueblo llamado Israel que ya era conocido en Canaán hace más de tres milenios.
Y esa historia no depende de una sola fuente.
Está escrita en piedra.
Fuentes:
- Hasel, Michael G. “Israel in the Merneptah Stela.” Bulletin of the American Schools of Oriental Research 296 (1994): 45–61.
- Killebrew, Ann E. “Early Israel’s Origins, Settlement, and Ethnogenesis.” En The Oxford Handbook of the Historical Books of the Hebrew Bible. Oxford University Press, 2020.
- Killebrew, Ann E., ed. The Oxford Handbook of the Archaeology of the Levant: c. 8000–332 BCE. Oxford University Press, 2013.
- Musée du Louvre. Stèle de Mesha, AO 5066 / KAI 181.
- The Jewish Museum / Israel Museum. Tel Dan Stele.
- British Museum. The Black Obelisk of Shalmaneser III.
- British Museum. Sennacherib watches the capture of Lachish.
- Emerton, J. A. “‘Yahweh and His Asherah’: The Goddess or Her Symbol?” Vetus Testamentum 49, no. 3 (1999): 315–337.
- Faust, Avraham & Zev I. Farber. The Bible’s First Kings: Uncovering the Story of Saul, David, and Solomon. Cambridge University Press, 2025.
- Finkelstein, Israel, Ruth Shahack-Gross et al. Estudios arqueométricos y de radiocarbono sobre los asentamientos de la Edad del Hierro.







