José Mariano Gué
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“TODO LO QUE SÉ DE LA MORAL Y DE LAS OBLIGACIONES DEL HOMBRE SE LO DEBO AL FÚTBOL”.
En 1956, en una conferencia del Movimiento Liberal de Argel, Albert Camus pronunció esta frase a dos años de ser premio Nobel. En su juventud fue delantero y luego defendió la portería del Racing Universitaire d’Alger antes de que la tuberculosis lo retirara del fútbol.
No quería desaprovechar este espacio de opinión sin tocar el tema del momento, la Copa Mundial de Fútbol. Ha sido grato ver países pequeños enfrentando gigantes a nivel mundial y logrando resultados que alegraron a millones de personas alrededor del globo. A nivel continental, los latinoamericanos apoyamos usualmente a los equipos pequeños, puesto que vemos reflejados en ellos la lucha, la resiliencia, la esperanza de salir victoriosos ante un reto gigante.
Para nosotros los guatemaltecos, ver las celebraciones de equipos pequeños ante las miradas atónitas del mundo entero, nos hace reflexionar si en algún momento, nuestro país estará celebrando de la misma manera. Guatemala siempre ha buscado su clasificación a este gran escenario y parecía estar más cerca de lograrlo debido a que los equipos más fuertes ya estarían clasificados. Pero tuvimos el resultado que nos temíamos, quedamos fuera estando tan cerca.
No toda la culpa es de los jugadores, ni de un entrenador, también hay que voltear a ver los problemas estructurales que hemos sufrido durante décadas. Problemas como las décadas de corrupción afectan también al deporte. Si bien estos problemas no se resuelven en cuatro años, la oportunidad de encaminarnos hacia el desarrollo, recuperar el Estado de Derecho, la justicia y de fortalecer el sistema democrático parece perdida. En 2023 el país peleó por lograr ese ansiado boleto al desarrollo, pero una vez más, nos quedamos fuera.
El fútbol es el grito desesperado de la sociedad guatemalteca, una división de opiniones también sobre los recursos que se destinan a este objetivo, pero que si llegara a pasar, sería un evento más que grande para un país debilitado.
En el fútbol impera el esfuerzo colectivo, cada jugador tiene un rol que cumplir y llevar a la victoria a un país. Ese trabajo colectivo, compañerismo y pasión, se vería reflejado en nuestro trabajo diario, por el deseo de lograr esa victoria ante el caos del país; en el reflejo de la construcción y fortaleza de sus instituciones. Todos deseamos ver a Guatemala en un Mundial, pero también deseamos que las instituciones funcionen; necesitamos que el árbitro del Estado aplique la ley sin mirar el apellido de un jugador o quien lo está patrocinando.
Necesitamos un cambio en nuestra alineación, necesitamos nuevas tácticas para enfrentar a estos gigantes. Con las elecciones generales aproximándose, nos enfrentamos a otro partido definitivo. No podemos seguir siendo espectadores o fanáticos en este esfuerzo colectivo por la búsqueda de tan anhelado sueño.







