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Ayer se celebró una misa al cumplirse 15 años de la desaparición de Cristina Siekavizza, crimen que causó profunda conmoción en la sociedad guatemalteca y que ha sido un ejemplo del tremendo dolor que sufren las personas cuyos familiares son burdamente desaparecidos sin dejar el menor rastro. Este caso alcanzó mucha notoriedad, no tanto por el perfil de la víctima como por el de quien fue señalado de su victimario y cómo sus influencias en el sistema de justicia facilitaron las operaciones para desaparecer el cuerpo de la víctima y luego para facilitar que el presunto responsable pudiera escapar del país y de la investigación.

Decimos que es paradigmático porque debido a la tenacidad de la familia y al poderoso perfil del señalado como victimario, cuya madre presidió la Corte Suprema de Justicia, los ojos de los guatemaltecos lo han seguido a lo largo de estos dolorosos 15 años en los que hemos visto crecer a Roberto José y María Mercedes, aquellas pequeñas víctimas que hoy encabezan la búsqueda de su madre con el propósito sagrado de darle cristiana sepultura, según sus propias palabras.

Muchas mujeres en Guatemala han desaparecido como resultado de la violencia contra la mujer que forma parte, desgraciadamente, de nuestra realidad, al punto de que se hizo indispensable emitir una ley específica para prevenir abusos que, en muchos casos, llegan a provocar la muerte de las mujeres que los sufren. Tristemente, hay que decirlo, como pasa con tantas cosas, una ley hecha con las mejores intenciones terminó convirtiéndose en escudo para que las mujeres que se meten a la corrupción eviten así cualquier señalamiento en su contra.

El drama de la familia Siekavizza Molina, que los guatemaltecos empezamos a seguir cuando los padres de la víctima invitaron a la primera manifestación pública para clamar por su aparición, es algo que sigue causando indignación a mucha gente, pues debido a cómo operan esos entramados de poder, que involucraron a autoridades judiciales y a varios investigadores que habían sido señalados por destruir información relevante así como a otras personas de diferentes estratos que se esmeraron y prestaron para destruir pruebas, ejemplifica de forma dramática el sufrimiento de tantas víctimas.

El apoyo de los abuelos maternos hizo de los niños, hijos de Cristina, Roberto y María Mercedes, jóvenes que destacan por su capacidad, talento y entereza. Por ellos, y por tantas víctimas de esos abusos violentos, el clamor para localizar el cuerpo de su madre tiene que sacudir conciencias.

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