Autor: Jean Carlos Porras
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Sobre el Autor:
Antigüeño, artesano, activista y estudiante de Derecho en la Universidad de San Carlos de Guatemala, con interés en Derecho Constitucional, Penal y Derechos Colectivos. Es miembro del Colectivo Antigua Exige.


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Para comenzar, la pregunta no es ¿cómo vamos a pagar el precio de recuperar el país?, sino ¿cuándo y qué tan caro será?

El costo de recuperar el país mañana será mucho más alto que el costo que hoy pagamos por la mala gestión y la falta de planificación de muchas de nuestras autoridades. A esto le sumo algo aún más preocupante: cada vez es más visible la ignorancia y la falta de capacidad en gestión pública por parte de muchos de quienes toman decisiones, así como su desconexión con las verdaderas necesidades de la población.

Los requisitos para ser diputado son únicamente ser guatemalteco de origen, estar en el ejercicio de los derechos ciudadanos (art 162 CPRG) y ser mayor de edad, entonces     ¿Dónde quedan los otros requisitos como los estudios? O la preparación académica sociológica, o mínimo la experiencia en trabajar con grupos sociales como para tomar decisiones sobre toda una población.

Cuando una elección no exige preparación, la crítica y la fiscalización dejan de ser un derecho. Porque en un país, donde es más fácil llegar al poder que fiscalizar     , el silencio deja de ser una opción      y se convierte en una estrategia de supervivencia.

Tampoco podemos culpar completamente a una gran parte de la población por la falta de educación que hoy enfrentamos. Durante décadas, estos patrones de gobierno han debilitado el cumplimiento de las leyes y han corrompido las entidades públicas, sometiendo al país a una especie de dictadura judicial y consolidando el control de muchas entidades. El resultado es una población que termina rogando por justicia y democracia.

Tener limitaciones para recibir      educación es ¿estrategia elitista o un problema social? 

Ante este panorama, quizá el único camino —y tal vez la última oportunidad que tenemos— es apostar por nuestra formación autodidacta: seguir estudiando, aun a costa de sacrificios; informarnos a través de buenas fuentes y desarrollar pensamiento crítico.

La educación básica y media, junto con la formación cívica ciudadana, siempre serán un factor clave para el desarrollo sociopolítico del país. Pero en Guatemala, esa idea no siempre es compartida: una eterna candidata llegó a afirmar que la “ignorancia es la riqueza de la cultura de nuestro pueblo”.

La base de la participación ciudadana debería ser activa, capaz de involucrarse, cuestionar y no limitarse al silencio.

La educación es una herramienta fundamental para contrarrestar los discursos cargados de señalamientos subjetivos y ofensivos que buscan manipular a la población. Sin embargo, esa misma conciencia debe trasladarse al voto, es decir, elegir representantes no es un trámite, es decidir quién tendrá poder sobre el futuro del país, tanto a nivel nacional como municipal.

Ahora la siguiente pregunta y principal debería ser: ¿Cuánto nos va a costar arreglar lo que se ha hecho mal? porque entre más tiempo esperamos, mas difícil resultará

Jóvenes por la Transparencia

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