Jóvenes por la Transparencia

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José Daniel González

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@jd_gonzalez03
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En sus marcas, listos… ¡FUERA!

Esta semana, se ha dado luz verde para que los candidatos a cargos de elección popular presenten sus propuestas de trabajo, respondan dudas técnicas, se promocionen en cuanto a su imagen, planes y carácter… En pocas palabras, que hagan campaña.

Esa palabra, “campaña”, tiene una connotación escondida. Según la Real Academia Española, es un “período de tiempo en el que se realizan diversas actividades encaminadas a un fin determinado”. Lo cual me lleva a preguntarme, ¿cuál es ese fin? Los más idealistas podríamos responder sin dilación que la meta es el mejoramiento del país por medio del convencimiento sobre los planes de gobierno de cada candidato y cada partido político. Sin embargo, esta teoría se desmorona ante el más simple recuento histórico de la tradición política en Guatemala.

Por lo que, adoptando una postura un poco más pragmática, podría responder que en la campaña política se promociona la imagen y los planes de los candidatos a cargos de elección popular con el fin de llegar a tales puestos para efectivamente realizar la mayor parte de las propuestas que plantearon a la población.

Aun así, algo me dice en lo más recóndito de mi ilusión democrática que esto no es enteramente cierto. Que, para algunos candidatos, la campaña política es nada más que un medio para promocionar promesas que resuenen en la psique de cada ciudadano, pero que nunca se cumplan. Pues para estas personas inescrupulosas el arribo a un cargo de elección popular es solamente una excusa para concretar sus propios fines. Utilizan a la población y al Estado como un medio para cumplir sus propias aspiraciones, que poco tienen de serviciales y mucho de egoístas.

Y es justamente esta idea tan pesimista, pero a la vez tan real, la que me lleva a escribir estas líneas llenas de miedo. Porque sé que solamente hace falta un recuento histórico de la tradición política en Guatemala de los últimos 20 años para saber que esta es una posibilidad real. Que en medio de esta campaña política la labor del ciudadano se ha prostituido. Ya no es encontrar al candidato que mejor encaje con lo que uno considera son las soluciones más eficientes a los problemas principales en su municipio, departamento o el país. No, ahora parece ser que nosotros los ciudadanos debemos buscar señalamientos, críticas o incluso sentencias de los candidatos y sopesar estos hallazgos (si los hay) para la mejor – o menos peor – elección posible.

El rol del ciudadano que debe delegar el ejercicio del poder público por medio de su voto se ha desvirtuado, pasando de realizar una comparación de los planes de gobierno de los posibles candidatos a una comparación de críticas y prejuicios sobre los mismos.

Sin embargo, esta percepción no me desanima. Por el simple hecho que para mejorar hace falta primero señalar los problemas. Y en Guatemala estoy seguro que entre los problemas que escucharemos en los próximos meses en la campaña política, en cada uno de ellos hay espacio para mejorar. Para celebrar, que, con sus críticas y falencias, vivimos en una democracia. Que tenemos el marco legal para hacer valer nuestros derechos y como ciudadanos tenemos el deber político de defender tales derechos fundamentales. Es en este tiempo de propuestas y señalamientos cuando se suscita la más grande oportunidad para nuestra sociedad: la de hacer las cosas mejor.

Cada cuatro años, tenemos la misma oportunidad de elegir a quienes queremos que tomen decisiones que afectan a toda la población. No dejaré que en esta oportunidad como ciudadano se me reduzca a un rol de escuchar críticas y de conformarme con el menos peor. Nuestra responsabilidad ahora es la de investigar y preguntar, la de criticar y elogiar. La de practicar la verdadera democracia con un fin claro en mente, la de mejorar a Guatemala eligiendo a los candidatos que a juicio de cada uno propongan los planes de gobierno que mejor encajen con los principales problemas de nuestra sociedad. No busquemos al menos peor, busquemos al mejor.

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