Pedro Pablo Marroquín

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Esposo, papá, abogado y periodista. ¡Si usted siempre ha querido un mejor país, este es su momento de actuar!

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Pedro Pablo Marroquín Pérez
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@ppmp82

Era enero 2021. Un amigo me llamo a contarme que un médico le dijo que no se preocupara, que no tenía COVID y con el antibiótico estaría bien, pero nunca ordenó prueba. Dos semanas después, el paciente tuvo que ser llevado de emergencia a un hospital del Instituto Guatemalteco de Seguridad Social (IGSS). Varias semanas después, fue dado de alta.

Julio 2021. Otro amigo me comentó que tenía molestia en la garganta, pero que era normal en estas épocas del año. Recomendé hacerse la prueba. El lunes me comentó que había visto un médico en la zona 13 y que le había dejado antibióticos. ¿No te ordenó hacerte la prueba?, pregunté y la respuesta fue: no, me dijo que en unos días estaré mejor. Sábado tuvo que ser ingresado de emergencia al Hospital Temporal de Villa Nueva. Una semana después, fue dado de alta para terminar su recuperación en su casa.

Ambos amigos arriba mencionados, sintieron ver la muerte a los ojos por el COVID de la misma manera en la que pudieron ver al personal médico de los hospitales que nunca les “soltó la mano” hasta sacarlos adelante.

La mamá de un amigo se contagió y tenía una condición existente. Se le pidió que la llevara al hospital de emergencia, pero una de las respuestas fue: “El médico que contratamos dice que aquí estará igual que en el hospital”. A los días, un socio del médico inicial dijo que siempre sí era mejor llevarla al hospital solo que ahora ya estaba en una condición crítica. La recibieron en Villa Nueva y a la fecha luchan por salvarle la vida, mientras todos nos aferramos a la fe y a la dedicación del personal médico.

Hay unos héroes silenciosos en esta pandemia y es el personal médico del mundo, público y privado. El personal que en Guatemala, a pesar de las precarias condiciones y dificultades que son parte del sistema público, amanecen todos los días con la mística de salvar vidas, impactando no solo al paciente enfermo sino a su familia, a su entorno y a la misma sociedad.

Quienes forman parte del sistema privado muchas veces no deben enfrentar esas dificultades que se sortean en el sistema público, pero se entregan con la misma mística a pesar de los riesgos para ellos y sus familias. Sin un personal médico entregado, la oscuridad sería mayor.

Hablando con personal médico en primera línea me comentaron que sienten tres retos: Sacar adelante a la mayor cantidad de personas, no enfermarse para proteger a sus familias y sus pacientes y no perder la batalla mental. Han sido 16 meses muy duros, de largas jornadas, de no tener una vida como el resto de personas en la sociedad, a los que la resiliencia tan propia de muchos chapines, los sigue guiando para ser Ángeles terrenales.

Ha habido errores, sin duda, ha habido desaciertos en el manejo de la pandemia pero no se puede negar que la entrega desde el punto de vista médico ha sido total desde lo más alto de la cadena hasta la parte final.

Ahora, en esta etapa que vivimos los mensajes de alerta por un posible desbordamiento de la situación son reales y preocupantes. Guatemala no se puede dar el lujo de empezar a ver que la gente quede desatendida en las aceras y los hospitales están desbordados de trabajo.

Valoremos la labor del personal en primera línea y hagamos propio para lograr salir delante de esta crisis que se ha agravado porque algún gracioso se puso a pensar más en la sobra que en la obra en el tema de las vacunas.

Hagamos lo propio para cuidarnos y no dejemos que el virus avance sin ser detectado. No esperemos para hacer pruebas y en caso necesario, empezar con el tratamiento. Los días y horas son claves para salvarnos y para oxigenar los hospitales.

AL PERSONAL EN PRIMERA LÍNEA, ETERNAS GRACIAS!!!!!!

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