Luis Fernandez Molina

luisfer@ufm.edu

Estudios Arquitectura, Universidad de San Carlos. 1971 a 1973. Egresado Universidad Francisco Marroquín, como Licenciado en Ciencias Jurídicas y Sociales (1979). Estudios de Maestría de Derecho Constitucional, Universidad Francisco Marroquín. Bufete Profesional Particular 1980 a la fecha. Magistrado Corte Suprema de Justicia 2004 a 2009, presidente de la Cámara de Amparos. Autor de Manual del Pequeño Contribuyente (1994), y Guía Legal del Empresario (2012) y, entre otros. Columnista del Diario La Hora, de 2001 a la fecha.

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Luis Fernández Molina

1. MALEBOLGE. Agradezco a la autora que me hizo llegar una copia de su última obra ¡y con dedicatoria! El libro “El señor de Malebolge y otros cuentos” tiene una buena presentación y un tamaño “amable”. Digo esto porque algunos son tan gruesos como leños, que siente uno que debe escalar la doble cumbre del Fuego y del Acatenango (tal me pasa con el Ulises de James Joyce que voy avanzando por etapas que se interrumpen por libros nuevos que aparecen y obligan a variar la lectura). La redacción es fluida y los temas de fondo son intrigantes. Por eso no me tomó mucho tiempo leer el libro. Por cierto que siempre he tenido la duda de cuál debe ser la reacción de un escritor cuando alguien le dice que se lo leyó “de un tirón en una noche”. Acaso puede ser una visión positiva en el sentido de que el libro está bien construido o puede tener connotación negativa por entender que el libro es poco sustancioso. En todo caso me gocé la lectura. Son diferentes cuentos que aparentemente no tienen vinculación pero se descubre un hilo conductor, a veces posteado y visible y otras veces se adivina el conducto subterráneo. Como sombra deambula la obra magna del Dante; en todos los cuentos aparece alguna aplicación de la Divina Comedia. Hace especial énfasis en los espacios reservados en los círculos del Infierno para morada eterna de los defraudadores, profanadores, incestuosos y sobre todo, los avaros.

Felicito a María del Rosario Molina por esa narración de cuadros de costumbres muy nuestros, en una redacción aparentemente sencilla pero que invita a reflexiones profundas sobre aspectos cotidianos de nuestras vidas. Y, a propósito, advierto complacido nuestra común admiración por la portentosa obra de Jorge Manrique a quien la autora cita en diferentes párrafos: “Nuestras vidas son los ríos/ que van a dar a la mar/ que es el morir”. Muchas gracias María del Rosario.

2. EL FÚTBOL Y LOS ANTIVALORES. El equipo que va ganando cierra su defensiva para evitar el gol del empate. En el minuto 80 un contrario empuja a un jugador que aparatosamente se tira al suelo y se revuelca con gestos de inmenso dolor. No tiene nada, está haciendo show. Transcurren tres minutos en “reponerlo”. Dos minutos después la pelota sale; el saque corresponde al equipo que “quema tiempo” y al parecer ninguno de sus jugadores está enterado y pasan varios segundos hasta que un medio campista hace el saque de banda. En el tiempo se reposición, de tres minutos, (que no corresponde a todo el tiempo real que se desperdició), el entrenador solicita un cambio de jugador. Se van 60 segundos. ¡Qué astuto el entrenador! Exclama admirativo el narrador. En pocas palabras son métodos rastreros, poco caballerosos, a lo que se suman acciones dentro del campo como codazos, escupitajos, golpes, algunos especialmente encargados para condicionar al jugador rival (y mejor si lo deja lesionado). Todo se vale dicen algunos apologistas de este sistema pero no es así. Me recuerda el gesto del mayor goleador de mundiales, Miroslav Klose, a quien marcaron un penalti por caer en el área; el jugador le dijo al árbitro que no fue zancadilla, que él solo tropezó en el pasto. El árbitro, ante ese dicho, revocó el penal. Eso es caballerosidad.

Pero no quiero quedarme en quejas sin proponer soluciones: que cuando llegue el minuto 85 el árbitro dé un aviso y cualquiera de los capitanes puede pedir que en los minutos restantes se suspenda el juego (el reloj, digo), cada vez que salga la pelota o se lesione algún jugador. Esto le dará más emoción al final de esos juegos y permitirá un juego limpio.

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