Juan Jacobo Muñoz Lemus

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"Guatemalteco, médico y psiquiatra"

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Juan Jacobo Muñoz

Contaban la historia de un borracho al que los suyos intentaron comprender y cuidar. Después de un tiempo solo lo soportaban, hasta que finalmente fue desechado. Errabundo topó con otros que corrían la misma suerte, y ellos le dijeron que de seguir así solo podía tener tres destinos: el destierro, que ya era suyo; el encierro y el entierro. Se asustó tanto con la premonición que le dio por ponerse a beber, fiel a su costumbre de evadir la realidad.

Un grupo selecto de bajas pasiones formó una asociación con intereses comunes. Se eligió un cabecilla, aunque en realidad debo decir que se autoimpuso; así actuaba la soberbia. Además, la pereza no daba para tanto y le dio lo mismo; en cambio la envidia resintió el desplazamiento y rumió alguna acción pasivo-agresiva. De los bienes materiales se encargó la avaricia, mientras que la gula se entregó a placeres inmediatos y la lujuria también, aunque a su manera. Pero al grupo le hacía falta emoción, y al unísono eligieron por aclamación a la ira.

No estaba muy seguro de que le resultara bien, pero quiso poner fin a su patrón generalizado de mal proceder. Decidió intentar un sincero deseo de ser feliz y seguidamente, no poner metas ni cortapisas a su felicidad. Además, pensó en darle a cada día lo mejor que pudiera, no más. Por último y con mucho dolor, aceptó no esperar de los demás lo que no estuvieran preparados para dar.

Nota informativa: el hambre, la guerra, la peste y la muerte cabalgan en tropel con paso despiadado. Son cuatro jinetes poderosos y oportunistas, iracundos y sádicos. Se les oponen apenas tres damas de ligeros ropajes y mucho entusiasmo; Fe, Esperanza y Caridad, hijas de su madre Sofía. A las tres constantemente se les da por muertas, pero la lucha no ha terminado, ellas resurgen. Mientras tanto, el recuento de los daños es cada día más grande.

A fuerza de vivir aprendió que el tránsito por la vida suele estar guiado en parte por cierto temperamento original, y otro poco porque la gente cree equivocadamente que está marcada por las experiencias de su pasado y se forman muchos prejuicios que no hacen más que acomplejar. Con esto por delante se plantean expectativas y objetivos desmedidos, basados en ideas preconcebidas y sin juicio crítico. La realidad hubiera sido más fácil, si no se defendiera tanto el estatuto narcisista.

El miedo, la ira, la tristeza y el resentimiento vagaban sin demasiada consciencia y sin rumbo hasta que se encontraron y decidieron caminar en grupo. Ya con el mismo atavío quisieron tener un nombre y, el mundo les llamó angustia.

La cosa es un poco así. La discapacidad intelectual es como nacer pobre y seguirlo siendo toda la vida, y la demencia como nacer rico y al final perderlo todo. En cambio, la locura es tener mucho y despilfarrarlo en necedades.

Con el tiempo descubrió que para sus males solo había tres hospitales. Eran sitios en donde tratarse y nunca sabía por cual decidirse. Lo sé porque le vi ingresar a los tres sitios muchas veces. Probó en la ideología donde siempre topaba muy pronto. Intentó con la psicología y se alivió a veces. Buscó en la filosofía y alcanzó a crecer un poco en la medida de sus posibilidades. Cuando tenía alguna de sus crisis estultas, volvía a dudar sobre a dónde acudir.

El pensamiento se hizo cómplice del ánimo y las emociones enturbiaron al pensamiento. La opinión que de ahí salió fue solo una proyección de cosas inconscientes, digamos que tal vez una opinión; a la larga fue casi una confesión.

Una sociedad bastante predecible. Cuando aparecía algo nuevo que destacar, hordas infames se lanzaban a ridiculizarlo con sátiras. Si el hecho persistía en el tiempo con visos de tener algún valor, se le atacaba con santos oficios y cientificismos. Y si sobrevivía, se le aceptaba y pasaba a ser parte de la normalidad, mientras quedaban todos en espera de alguna otra novedad que pudiera aparecer.

Estaba todo tasado en el positivismo maniqueísta de lo posible y lo imposible. La gente pensaba que si algo no era imposible era posible, y tenía razón; pero eso trajo muchos problemas de insensatez. Se tuvo que crear con urgencia un tercer sitio donde habitar, el de las cosas posibles, pero poco probables; que funcionó muy mal porque la gente no quiso sentirse cobarde y mucho menos renunciar a la idealización.

En una sociedad injusta como esta de la que estoy hablando ahora, el abuso de poder tendía a favorecer terribles arbitrariedades bajo el amparo de que nadie tenía que responder por sus actos.

Después de un sesudo análisis y de descartar muchas opciones, se convenció de que solo había tres cosas obligatorias para vivir; comer, dormir e ir al baño. Todo lo demás podía tener sentido, solo si uno quería. Así que cuando algo le gustaba solo quería decir que le gustaba y que no tenía que ser lo mejor, ni gustarles a todos.

No tenía caso enfrascarse en el pasado como si algo se pudiera cambiar. Hizo números y sacó sus conclusiones. Calculó que en el pasado es donde podía forjar el presente, y que en el presente podía construir el futuro, y en el futuro era donde iba a poder entenderse con el pasado. Al llegar al futuro estaba otra vez en el presente y solo entonces podía descifrar las emociones que había experimentado en el pasado, y fue así como pudo entenderse consigo mismo y tener sentimientos.

Ni siquiera tenía que estar pendiente; en una de esas le llegaba una epifanía y la luz de una revelación le señalaría un nuevo camino.

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