Jonathan Menkos

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Jonathan Menkos Zeissig
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La semana pasada describimos las cuatro principales estrategias que usted, como parte de la oligarquía nacional, emplea para consolidar su poder a costa de la muerte de cualquier posibilidad democrática: la estrategia del amaño electoral; la estrategia de captura del Estado; la estrategia del pensamiento hegemónico, y la estrategia de la aceptación de la desigualdad por autofracaso.

Con estas estrategias operando parecería que usted va a ganar esta batalla entre la democracia y la Eleq’oncracia, pero le anticipo que no será así y ahora se lo explico: tome en cuenta que bajo este sistema político actual el espacio de conflicto se ha ampliado mucho y, en alguna medida, esto significa una oportunidad para lograr alianzas sociales ya que el número de víctimas de este estilo de crecimiento económico, de la prostitución del poder público y de la organización inhumana de la sociedad cada día tiene más personas afectadas y deseosas de un cambio: desempleados y trabajadores precarizados en el campo y la ciudad; campesinos, amas de casa y jóvenes oprimidos por la incertidumbre del futuro. Millones de personas hartas de clamar por justicia e igualdad.

Usted mismo, con su codicia infinita, está abriendo las puertas a la unidad del pueblo, le está dando una causa común: unirse contra de usted, juntarse para quebrar las bases de esto que usted y los suyos han configurado y que lleva a Guatemala por el camino de la dictadura.

Así como usted se organiza para mantener su poder, así una mayoría de ciudadanas y ciudadanos camina para construir una ruta política para la democracia y la reivindicación del valor del poder público para construirla y profundizarla, con los siguientes principios.
1. Radicalizar la democracia, en el sentido de luchar por hacer efectivas e irrenunciables sus tres ideas base: libertad, igualdad y fraternidad.
2. Construir alianzas y un lenguaje común en favor de objetivos concretos que reconozca que toda persona es portadora de derechos y el Estado es el responsable de asegurar su disfrute. No es favor ni caridad el trabajo que hacen quienes nos gobiernan al administrar la gestión de los bienes públicos.
3. La universalización de los bienes y servicios públicos, en un horizonte de tiempo preciso, que podría ser 2030, diseñados con base en el respeto y garantía de los derechos humanos para lograr una sociedad democrática, emancipada, basada en la igualdad de condiciones.
4. Tener el voto y tener la voz. Fomentar la construcción y ampliación de la fuerza de los partidos políticos que expresen, comprendan y trabajen en favor de principios.
5. Reinvidicar el rol de lo público y garantizar que este trabajará en función del bien común pasa por diseñar y lograr cuatro reformas vitales en la administración pública: al servicio civil; contar con una verdadera planificación del desarrollo; reforma fiscal para tener suficientes recursos para lograr los resultados esperados, impuestos cobrados de manera equitativa y transparencia y control para cerrar los múltiples caminos de la corrupción; y regulación del lobby empresarial y eliminación del corporativismo.
6. Recuperar la capacidad de imaginar y socializar un futuro diferente, en el que podamos tener la certidumbre de que todos vamos a estar mejor, en especial nuestros hijos.

Cada vez una mayoría sabe que sí se puede construir un mejor país, un Estado laico y democrático, respetuoso de los conocimientos ancestrales y en la ciencia, fundamentado en la igualdad, la empatía y la diversidad. Todos los saberes, los ánimos, la imaginación y la creatividad, el arte, la tecnología son necesarios para apoyar esta causa tan abarcadora contra la suya que, como diría Otto René Castillo, es una estrategia a contrapecho del hombre.

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