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El reloj es despiadado, es inexorable, pase lo que pase, nos va marcando el tiempo, así vemos cómo transcurren los segundos (poco perceptibles para nosotros), los minutos (ese si los contamos), y luego las horas, este indicador sí nos establece tiempos, nos señala límites, nos indica horarios, nos lleva a decirnos de una reunión, de una comida, de un café, de una pastilla, en fin, poco a poco, vemos cómo las horas se devoran el día.

Pero el reloj también tiene la característica que nos marca el día a día, cuando empezamos la semana, el lunes (Luna), nos abre toda la semana, nos crea la expectativa de que en esos 7 días debemos desplegar todo nuestro esfuerzo para cumplir con metas, con objetivos, con sesiones, con documentos, con cumpleaños, con aniversarios, con reuniones familiares, con el deporte, en fin, nos despliega un conjunto de actividades que esperamos cumplir en este paréntesis que abre la semana.

El martes (Marte), nos hace ver, muchas veces, que dejamos atrás un día y que se dejaron de cumplir ciertas cosas, pero que cumplimos otras, ahora usted respira, se toma su tiempo para planificar los cuatro o seis días que restan de la semana, mientras tanto, el martes camina, se siente que lleva prisa, que necesita doblegar esfuerzos para cumplir todo lo prometido.

El miércoles (Mercurio) se coloca en el medio de la semana, muchos por eso le llaman el ombligo de la semana, este día nos hace reconocer que todo lo que hicimos en dos días ha sido importante, pero que todavía falta, que quedan por delante varios días para alcanzar las metas programadas con antelación en aquel lunes de apertura, secundado por el martes de atención.

Llega el jueves (Júpiter), cuando nos damos cuenta, la semana ha avanzado considerablemente y el reloj –aquel viejo amigo que se encarga de marcarnos el tiempo sin detenerse–, nos hace un guiño cordial, pero la verdad es que no sabemos si es porque ya avanzó uno en la semana o bien porque la semana va en su parte culminante, pero igual nos llama la atención a comprobar qué hicimos, qué nos falta.

Ah, cuando llega el viernes (Venus), esa sensación tan agradable, es un estado de alegría, de tranquilidad, de relajación, porque nada más y nada menos es viernes.  Ese día es prodigioso, además nos señala que las cuestiones laborales están concluyendo, también nos invita a la recreación, al descanso y a la relajación.  Un par de tragos, una comida sabrosa, una película o alguna parranda con los amigos o la familia se tornan exquisitas e interesantes, acá el viejo amigo de las agujas, únicamente sonríe, porque todos lo vemos de lado, lo ignoramos, no nos asusta, el viernes es viernes y punto, hay que disfrutarlo.

Y así el viernes –sin la presión del reloj–, se extiende agradablemente para llevarnos a disfrutar del mismo, con todo su esplendor, las horas ya no son lineales, se presentan en momentos memorables que tienen una referencia vertical pues los momentos que se disfrutan rompen con el esquema del señor de las agujas, para mantenernos disfrutando de un buen momento.

Y así poco a poco, nos dieron las diez, las once, las doce, la una, las dos y las tres, (como el estribillo de la canción de Sabina además que esta canción es especial para Mónica y yo) que significa disfrutar esos momentos inolvidables, para cantar, para bailar, para gozar.  

Y así, cuando sentimos llega el sábado (Saturno), para abrir los ojos en un estado de relajamiento agradable, pues se abren dos días para aprovechar para todo, (literalmente para todo, se pretende hacer mandados, ir al banco, comprar cosas, ir a un almuerzo, tomarse otro par de tragos, ver a amigos, visitar a familiares y cuando uno siente, el sábado concluyó. Pero en mi casa se inicia con el desayuno: relajado, un tanto opíparo, con café de la casa, con una plática agradable y distendida, a aquel señor ni lo volteamos a ver).

Entonces arriba el domingo (Sol), que guarda un doble sentido, uno, es alegre porque todavía es para descansar, pero en el fondo es el último día para que nuevamente regrese el temido lunes, entonces nuestro viejo amigo redondo (ahora ya hay cuadrados, triangulares, rectangulares, pero además hay virtuales), con número y agujas, volverá a aparecer, pero ahora ya no nos guiñará el ojo, al contrario bostezando y serio nos dirá, a empezar otra vez.

Ah, pero ahora este señor de las agujas, se ha modernizado y se ha colado entre los celulares, por lo que ahora, convertido en despertador, no sólo nos dará la hora, sino además nos sonará con musiquita.

Juan José Narciso Chúa

juannarciso55@yahoo.com

Guatemalteco. Estudió en el Instituto Nacional Central para Varones, se graduó en la Escuela de Comercio. Obtuvo su licenciatura en la USAC, en la Facultad de Ciencias Económicas, luego obtuvo su Maestría en Administración Pública INAP-USAC y estudió Economía en la University of New Mexico, EEUU. Ha sido consultor para organismos internacionales como el PNUD, BID, Banco Mundial, IICA, The Nature Conservancy. Colaboró en la fundación de FLACSO Guatemala. Ha prestado servicio público como asesor en el Ministerio de Finanzas Públicas, Secretario Ejecutivo de CONAP, Ministro Consejero en la Embajada de Guatemala en México y Viceministro de Energía. Investigador en la DIGI-USAC, la PDH y el IDIES en la URL. Tiene publicaciones para FLACSO, la CIDH, IPNUSAC y CLACSO. Es columnista de opinión y escritor en la sección cultural del Diario La Hora desde 2010

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