El veneno de su presencia es todavía notable, la pestilencia de su gestión es evidente, todavía se siente su peso descomunal armando casos espurios, construyendo litigios falsos, todavía se le ve sonriendo socarronamente cuando conseguía llevar a la cárcel a inocentes, a opositores de su gestión o a trabajadores que cometían el pecado de hacer bien su trabajo. Nos dejó un pasado ominoso, nos legó una gestión absurda, nos puso a la mayoría que buscábamos la luz, como presuntos criminales, pero ella que condensaba toda la oscuridad, era la adalid de la injusticia, representó el punto de quiebre entre la legalidad y la ilegalidad, se planteó como el eje del mal.
Su gestión no fue más que ocho años de secuestro de la institución penal, su interés únicamente buscaba quedar bien con el lado oscuro de la historia de la justicia y de la política en el país, era una burócrata no más, era una abogada sin luces, no era una intelectual, al contrario, su pasado no conseguía llegar ni siquiera a una jurista de prestigio, para nada. Pero llegó al poder y se transfiguró, se convirtió en un eslabón que destruyó todo a su paso para quedar bien con el Pacto de Corruptos y con todas las mafias que en este país se enquistaron en los 12 años anteriores al actual régimen.
En sus manos tuvo la oportunidad de configurarse en una figura que destellara justicia, pero no, prefirió convertir al MP en una institución de persecución de inocentes, en un auténtico tribunal de inquisición que no importaba quien fuera, pero era importante que se las pagara, sí que pagara con sus huesos en la cárcel, que pagara viendo como su proceso -aún siendo falaz y amañado-, como se retardaba maliciosamente, pagara alargando su detención injusta, mientras ella y sus adláteres reían burlonamente, ante la infamia.
Una señora que abrazó el fascismo como su ideología, por supuesto, que no tenía la menor idea de su significado, pero sí se hizo facha, impregnó su gestión del terror, del miedo, de ese fascismo que destilaban Hitler, Mussolini y Franco, ese odio contra la oposición, y que hoy Netanyahu es el máximo representante.
Una burócrata que se hizo abogada, que hizo una carrera judicial sin luces, una persona que ni siquiera se cultivó en lo mínimo, su forma de hablar demostraba torpeza, no conseguía articular ni un par de ideas y su muletilla del “comosiama”, mostraba su incapacidad de mejorar en lo mínimo de la dicción y un leve atisbo de cultivarse.
La peor fiscal de la historia, pero, en pleno primer cuarto del siglo XXI, ¿cómo puede ocurrir eso?, cuando todo debería tender a la modernidad, a la era tecnológica, a la emergencia de la IA y una señora sin luces, pobre de conocimiento se convertía en la adalid de la injusticia, trastocó los cánones legales para desarrollar un engendro institucional en el MP.
Ocho años fueron muchos, ocho años fueron demasiado, el reloj de la historia retrocedió más, fueron dieciséis de vuelta o sesenta y cuatro en términos sustantivos, un país que quiere salir adelante, se enfrenta con una vieja facha que provoca el retroceso más terrible de la justicia en el país, no puede ser, fue un ayer muy largo, sin duda, no va a ser fácil restañar esa herida para la justicia, abrió un tajo en el velo sagrado del derecho, para convertirlo en un trapo shuco. Fueron muchos años, parece una eternidad en el hoy.
Esta señora que fue condenada por múltiples gobiernos en el mundo, tuvo la osadía de mantenerse en esa institución, sin ningún atisbo de vergüenza, nunca retrocedió, ¿pero será que esta abuela facha no tenía familia?, hijos, hijas, nietas, que seguramente hoy sentirán el peso de la vergüenza por su actuación y reconocerán que dejó un pasado plagado de dolor e injusticia.
Nuevamente, el peso del ayer en su gestión en el MP es muy largo, ojalá que el presente -aunque se sabe que es corto-, pueda doblegar este legado terrible en el que nos hundió inmisericordemente, para que la nueva gestión del MP pueda renovar, abrir, oxigenar esa entidad y dejar que la justicia se enseñoree de nuevo para el bienestar de todos los ciudadanos que buscamos una sociedad distinta. Hasta nunca señora Consuelo, hasta nunca.







