0:00
0:00

“Somos responsables tanto de lo que hacemos como de lo que no hacemos”. Moliere

Un viejo adagio atribuido a Julio César tras divorciarse de Pompeya dice que «La mujer del César no solo debe ser honrada, sino además parecerlo» el que se manifiesta en el sentido de que quienes ostentan cargos públicos deben evitar cualquier acto o acción por  el que se pueda dudar de su honestidad, palabra que parece antigua y difusa, porque la honestidad ha quedado aparentemente sepultada debido a que se ha privilegiado el dinero por encima de la misma honestidad.

Constantemente recibimos información sobre los continuos desaciertos del actual inquilino de Casa Presidencial, aspecto que llama la atención, porque pareciera que en su equipo cercano, se encuentran varios Caballos de Troya con la venia de este, o que  él no escucha consejos, siendo cualquiera de los dos factores preocupantes,  no porque como población esperáramos demasiado de él, recordemos que llegó al poder con excesiva debilidad institucional por lo que había que llegar a consensos, lo que sí ha sucedido es que  estos han sido catastróficos, si a ello agregamos que los tropiezos son demasiado constantes, la debilidad inicial se ha acrecentado en el tiempo.

Dentro de los constantes y evidentes yerros, uno lo constituye el nombramiento de la Ministra y el Viceministro de Comunicaciones, quienes fueron designados después de haber demandado al propio Ministerio que dirigen en el ámbito laboral, lo que los coloca como demandantes y demandados situándolos en una posición anómala e ilegítima, no por luchar por sus derechos laborales, que esto es respetable, es porque se deslegitima la institucionalidad debido a que los abogados que dependen jerárquicamente de ellos, deben contraatacar en los tribunales sus peticiones, con lo que el conflicto de interés traspasa varias barreras, debido a que un abogado honesto que los hay y muchos, tiene que investigar y buscar las debilidades de la otra parte, en el presente caso son las del Viceministro y Ministra que a la vez son sus jefes, situación anómala como pocas, y criticable tanto en otros gobiernos como en el actual.

Dejando de lado la situación en la que colocan a los abogados de la Institución, el daño que causan a la misma a la que se deben, es inédita y cuestionable para quien los designó, porque faltó a su deber al elegir personas con públicos conflictos de interés, situación que aunada a tantos tropiezos bajo su dirección deja al país en general con una sensación de deterioro institucional, con lo que perder es perder y ganar es perder también.

La responsabilidad del Presidente es mayor en estos casos porque él es el responsable del Ejecutivo en general, quien a lo largo de este corto-largo tiempo ha cometido demasiados errores porque no ha investigado adecuadamente a quienes coloca en cada una de las instituciones, constituyendo su responsabilidad civil por no supervisar con la debida diligencia a quienes designa en cada uno de los espacios públicos, resultando en daños a terceros, que son las instituciones.

El actual Presidente no ha cuidado debidamente lo que se conoce como  in eligendo, un vocablo latino que se aplica a la responsabilidad de quien designa a otro, que carga con la culpa en la elección del empleado o persona nombrada, por su falta de cuidado en la selección de quienes ejercerán la función pública.

Hemos estado expectantes con los diferentes nombramientos, porque todos son importantes y públicos, aunque unos han alcanzado más publicidad que los otros, debido a que, en algunos, designado un funcionario no hay retorno, mientras otros son modificables, pero la responsabilidad de quien designa es la misma, siendo el impacto en su figura cuestionable.

Es altamente preocupante que alguien que llegó con un apoyo popular tan elevado como llegó el actual Presidente, se encuentre en declive por sus acciones y sus decisiones, aunque es cierto que no podía satisfacer a toda la población, el problema es que con relación a sus decisiones es poco lo que se puede salvar.

El mandatario ha pecado más que otros, porque de otros se esperaba menos que de él, ha fallado como otros, pero sus fallos se pudieron evitar con un poco de sentido común.

Pactar con el Diablo, tiene como una de las consecuencias más evidentes, que las quemaduras resaltan más.

Gladys Monterroso

licgla@yahoo.es

Abogada y Notaria, Magister en Ciencias Económicas, Catedrática de Derecho Financiero y Tributario de la Universidad de San Carlos de Guatemala, Diploma otorgado por la Corte de Constitucionalidad en 2005, como una de las Ocho Abogadas Distinguidas en Guatemala, única vez que se dio ese reconocimiento, conferencista invitada en varias universidades de Estados Unidos. Publicación de 8 ediciones del libro Fundamentos Financieros, y 7 del libro Fundamentos Tributarios. Catedrática durante tres años en la Maestría de Derecho Tributario y Asesora de Tesis en la Facultad de Ciencias Jurídicas de la Universidad de San Carlos de Guatemala.

post author
Artículo anteriorParticipar en política se ha convertido en un privilegio
Artículo siguienteBig Data clínico, responsabilidad y ciberseguridad: una deuda pendiente en Guatemala