Las académicas Carmen Matute y Delia Quiñónez, dos poetas líricamente entrelazadas dentro de la magia y la realidad de un anhelado néctar, enhebran el alma y el espíritu, adentrándose en la exquisitez de la seducción de cuerpos insulares, de seres que, más allá de lo erótico, pulsan en cada poro la necesidad de revelar intensamente sus ambrosías, pasiones, angustias y embriaguez insurrecta. Poco a poco va surgiendo cada línea del corazón de las autoras, dejando caer las palabras como gotas de éxtasis, fogosidad y delirio. Más allá de lo proscrito, de aquel fruto prohibido, se liberan con voluptuosidad absoluta, pero a la vez deslizan su pluma con ternura y delicadeza, entregando en dulceras cristalinas “La dulzura del higo”, como se titula el libro, que desborda mieles de elegante incitación, y contiene una generosa ofrenda de la poesía de ambas escritoras.
Dentro del libro publicado por La Pepita Editorial, la escritora e investigadora María Odette Canivell Arzú, fundadora de la editorial, nos dice sobre la obra de las autoras: “Llena un espacio vital en la producción literaria guatemalteca. Con un recato gozoso y demostrando un conocimiento profundo de la psique femenina, sus poemas evocan, guiñan el ojo, y nos presentan la imagen lúdica del verso erótico escrito por mujeres.” Y agrega que: “Los versos de Matute nos transportan a otros rumbos, y su franca admisión sobre el deseo femenino nos hace envidiar el posible gozo erótico presente en sus poemas.” Sobre Delia Quiñónez expresa: “La poesía que recoge esta pequeña muestra del poder de evocación de Delia es delicada y sutil. Paradójicamente, sus poemas muestran una fuerza interior y un ritmo musical en crescendo.” El libro dúo elogia el erotismo en su máxima expresión, dotando y abonando con atrevimiento y carácter la imaginación de quienes aman la figura líricamente erótica.
Carmen Matute, en su poema “Inventando el amor”, renueva suavemente el amatorio momento cuando nos dice:
“Inventando el amor
de nuevo
una mujer y un hombre.
infinitamente solos
para ser almendro, hoja,
flecha, luz.
Persiguiendo en silencio
pájaros y flores,
sangre en gotas,
el temible fondo
de la propia soledad amarga.”
Y en los primeros versos de “Voluptuosa” se entrega abrazada en cada palabra:
“Sólo un te quiero necesito, amor.
Apenas
el roce de tus labios
para que ocurra
entre vastísimas humedades
el presagio lento
de la miel.”
Delia Quiñónez navega hacia los mares mitológicos con una sensualidad única, en un vaivén intemporal, con sus misivas que gotean brisa de polvo de oro y pergaminos eternos. En su “Misiva de Safo” dirigida a Afrodita, escribe:
“Mucho tiempo después
de supuestos como inciertos encuentros,
mi palabra y la tuya
se siguen convirtiendo en sal o en roca.
Sal de mares para ahogar las ansias
que pueden o no brotar de la ternura;
o de equívocos signos
que nadie acierta a descifrar
desde que la razón y la pasión
se desencuentran cada día.”
Y en su poema “Palabras ungidas en la piel”, dibuja sus versos en los torsos cuando expresa:
“Bitácoras de incendio
en esta travesía indomable.
Tatuajes
y códigos sin clave conocida.
Manos ungidas de palabras.”
Carmen Matute y Delia Quiñónez son miembros de número de la Academia Guatemalteca de la Lengua, correspondiente de la Real Academia Española, han sido pródigamente galardonadas, destacando el Premio Nacional de Literatura Miguel Ángel Asturias y el Premio de La Pepita Editorial “Una vida dedicada a la escritura 2025”, título que enmarca su prolongada vida académica y literaria. Congratulaciones Carmencita y Delia, por la publicación de su libro “La dulzura del higo” por La Pepita Editorial.







