Me refiero al alcalde metropolitano Ricardo Quiñónez, quien como buen pupilo del desaparecido político y exalcalde Álvaro Arzú Irigoyen, cuando habla en sus presentaciones públicas del millonario proyecto del aerómetro que actualmente se encuentra en construcción, repite estribillos trillados, acuñados por otras personas, por tanto, no tiene nada de original, es una simple frase de copy page.
Esas palabras que redundan en su discurso pretendiendo babosear a la gente, en este caso a los capitalinos, que es a quienes va dirigido el mensaje que concluye afirmando, “obras y no palabras”, seguramente ni siquiera conoce el origen de esa famosa frase y menos de su antigüedad.
Es muy sencillo, pregunté al buscador de Google y esta es la respuesta que recibí y cito textualmente: La frase «obras y no palabras» (como variante directa del conocido refrán clásico «obras son amores y no buenas razones» popularizado por Santa Teresa de Jesús) no pertenece a un único autor histórico universal, sino que se trata de un lema de uso popular y político muy antiguo. Su origen conceptual proviene de expresiones latinas como «Acta non verba» (hechos, no palabras) usadas en la antigua Roma. Fin de cita.
Además, agrega: Esta expresión es un refrán tradicional de la lengua española de uso muy antiguo, que significa que el afecto o la verdad de un compromiso se demuestra con hechos reales y no con promesas o discursos vacíos. Fin de cita.
Si usted me permite, señor alcalde, el ejemplo en las obras municipales de la ciudad o en la jurisdicción territorial es constante, permanente y se demuestra con acciones cotidianas; esto es, vías de comunicación y bordillos en perfecto estado, transporte público accesible, eficiente, cómodo, limpio y seguro, drenajes limpios en buen estado, servicio de recolección de desechos sólidos eficaz y eficiente, parques y sitios de recreación seguros, servicios sociales amables, circulación vehicular rápida, eficaz, medio ambiente sano, seguro y supervisión municipal eficiente y profesional. Funciones que el trabajo administrativo actual deja mucho que desear.
Le ofrezco algunos ejemplos que su cómodo trabajo detrás de un escritorio no le permite ver ni vivir, que bien podría percibir si con su vehículo durante todo un día se dedicara a recorrer la ciudad, para que pueda percatarse de las calles en mal estado, de los drenajes sin tapadera o rotas, del pésimo servicio urbano de pasajeros en buses chatarra, de las largas horas manejando en el tránsito de un lugar a otro, de la suciedad en las calles, de la contaminación del medio ambiente por el humo negro que expulsa unidades de transporte pesado.
A ese respecto, los ejemplos sobran y menciono solo algunos: el tramo ubicado en la estación Roosevelt del Transmetro, sobre el periférico podrá notar tragantes sin tapadera, otras hecha pedazos, asfalto quebrado en el área del puente y tramos semihundidos en la conexión con el periférico. Esto solo para mencionar algunas deficiencias del trabajo municipal.
La verdad es que estas ilustraciones ofrecidas a guisa de ejemplo, se repiten por toda la ciudad, a cada momento, en todas las zonas, direcciones y sectores del área metropolitana, es por eso que afirmo que la labor de la municipalidad no se reduce a un momento casual, coyuntural u oportunista electorero, al contrario, debe ser sostenido, cotidiano y objetivo, ir al grano, solucionar los problemas que surgen de una gran urbe como es la ciudad capital de Guatemala.
Las obras se demuestran con hechos, no con simples palabras copiadas e imitadas por otros, la retórica falaz y petardista es vacía, sin contenido, su único propósito es babosear a la gente. No a la reelección de políticos incapaces y corruptos.







