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Aunque en el mundo capitalista del trabajo quieran disfrazar nuevas formas de explotación de la mano de obra, como el nuevo ensayo de utilizar la denominación de “colaborador” o “colaboradora”, con la única pretensión de negar la condición de persona asalariada y ocultar la verdadera cualidad de trabajador o trabajadora, no cabe en ese libreto fantasear con la idea de inventar una condición distinta, aquí viene al caso el viejo refrán que dice: “aunque la mona se vista de seda, sigue siendo mona.”

Y es que, en países dominados por el modo de producción capitalista, Guatemala uno de ellos, los dueños de los medios de producción, los oligarcas y las élites económicas desarrollan relaciones de explotación y sobreexplotación de la mano de obra, es decir, exprimen el esfuerzo diario del trabajador que es quien al final del día, genera riqueza y aumenta el excedente que en términos de economía política se llama plusvalía en menoscabo del interés y bienestar social, me refiero a bajos salarios, jornadas laborales extenuantes, depreciación del poder adquisitivo de la clase trabajadora, en suma lo que ya apunté antes, formas históricas de explotación.

En Guatemala los indicadores socio económicos no mienten, basta comparar el salario mínimo con el costo de las canastas básica de alimentos y la ampliada, para demostrar que el ingreso mensual a partir del monto mínimo es insuficiente para cubrir las necesidades básicas de un núcleo familiar, por eso, para subsistir en condiciones indignas deben trabajar todos los miembros de la familia que tengan la fuerza para ocuparse en tareas que les generen algún tipo de ingreso.

Esa realidad estanca el desarrollo humano de cualquier sociedad y es la causa principal de pobreza y extrema pobreza, de desnutrición, de analfabetismo, de enfermedades de todo tipo, lo cual se traduce en condiciones de subdesarrollo, que vuelvo y repito es lo que sucede en Guatemala, un país que en América Latina socialmente hablando es considerado uno de los más desiguales, la razón es la concentración de la riqueza en pocas manos, mientras la gran mayoría de la población no goza de condiciones dignas de vida, me refiero a falta de oportunidades por no tener acceso a educación, salud, fuentes de trabajo, salarios dignos, suficientes y sostenidos, vivienda, tierra, servicios primordiales como agua potable, saneamiento, caminos rurales, seguridad alimentaria y nutricional, recreación y cultura.

En contraste, las élites económicas gozan de todas las garantías de vida y privilegios que les otorga la histórica explotación de la clase trabajadora, viven en lujosas mansiones, poseen vehículos último modelo, pagan atención médica y salud de calidad, buena educación, con alimentación nutricional de primera, viajes constantes, placeres mundanos de todo tipo, gustos refinados y abundante poder adquisitivo.

Mientras tanto, en Guatemala la pobreza y extrema pobreza en lugar de disminuir crece, la desnutrición crónica infantil continúa arrebatando la vida de niñas y niños menores de cinco años de edad, abundan personas sin techo, sin educación, persiste el analfabetismo, las enfermedades prevenibles y curables son causa de muerte prematura, los campesinos sin tierra, empleo infantil, trabajo informal, deficiente transporte público, disminución del poder adquisitivo, explotación laboral, las grandes mayorías de la población condenadas al subdesarrollo, desempleo, hambre, desnutrición, sin acceso a agua potable, excluidas de los beneficios del desarrollo, de los avances de la ciencia y la tecnología.

Este primero de mayo, Día Internacional de los Trabajadores saludo la lucha y reivindicaciones de la clase trabajadora organizada, la tarea legítima de organizaciones sindicales y gremiales que defienden derechos de clase, la persistente demanda de acceso a la tierra de las organizaciones campesinas, la tenaz lucha de las mujeres por la igualdad y logro de sus derechos.

Recuerdo con respeto y admiración el ejemplo de mujeres y hombres que, a lo largo de la historia de la humanidad, sacrificaron hasta sus vidas por defender y alcanzar derechos para mejorar las condiciones de vida de la clase trabajadora. Trabajadores y trabajadoras del mundo unidos.

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