Ya salió el informe. No es un rumor de pasillo ni una gráfica de campaña. Es el Volumen I de PISA 2025, Future-Ready Students, el documento de la OCDE que mide si los jóvenes de 15 años pueden usar la ciencia, leer de verdad y resolver problemas matemáticos en la vida real. Guatemala no está “cerca del fondo”. Está en el fondo.
El reportaje de Diego Estuardo Guzmán del 8 de septiembre del 2026 aquí en La Hora lo dijo con claridad: solo el 21 por ciento alcanza el umbral básico en ciencias; el 8 por ciento en matemática; el 17 por ciento en lectura. La OCDE pone el Nivel 2 en 74, 65 y 69 por ciento. Evaluaron a 7,014 estudiantes en 408 centros, una muestra de unos 193,500 jóvenes de 15 años. No es un colegio de la zona 10. Es el país entero y caímos feo.
Caímos respecto a 2022: menos 22 en ciencias, menos 37 en lectura, menos 10 en matemática. Veinte puntos, dice la OCDE que equivalen a un año de escolaridad. En lectura perdimos casi dos. En ciencias, solo Guatemala, Hong Kong, Israel y Letonia se hundieron más de 20 puntos. En lectura, Guatemala está entre las peores caídas del mundo, con Letonia, Israel y Malta.
¡Qué barbaridad!
No es novedad. Lo vengo escribiendo aquí desde que PISA 2022 nos dejó con un 22 por ciento en el mínimo de ciencias y con nueve de cada diez graduandos incapaces de una aritmética elemental. Las pruebas nacionales lo confirman hasta el cansancio con apenas el 15% que aprueba matemáticas y 30% en lectura. PISA no inventó el fracaso. Lo fotografió con la vara internacional y nos puso en el último lugar en América Latina y entre los últimos del mundo.
Sin embargo, hay otra cifra que PISA no mide y que explica por qué tantos llegan a los 15 años sin poder leer un texto ni interpretar una gráfica, la desnutrición. La ENDESA reportó en el año 2025: 42 por ciento de los menores de cinco años con retraso de talla, desnutrición crónica. En el área rural, 48%. Totonicapán, cerca del 70%. Huehuetenango, cerca del 60%. Quiché, 56%.
Eso tristemente lo escribí la semana pasada y lo repito porque el dato y el aula son la misma herida. Un país que entrega a sus niños desnutridos es un país que no tiene futuro, ni cosechas de qué hablar. PISA 2025 es la factura escolar de esa entrega. Es la factura escolar de la corrupción, es la factura escolar de gobiernos ladrones, inútiles e incompetentes, de ministros de educación que entregaron el Mineduc al sindicato. Ese es el costo.
No basta con decir desnutrición y quedarse dormido. El informe muestra un sistema que, encima, no enseña. El origen socioeconómico explica el 17.1 por ciento de la varianza en ciencias; en la OCDE, 11.6. La brecha entre el cuarto más rico y el más pobre es de 76 puntos. Entre 2022 y 2025 los más pobres, desfavorecidos los llama el Informe, cayeron 26 puntos en ciencias; los favorecidos, 6. La brecha se ensanchó 20. El 93 por ciento de los pobres queda bajo el Nivel 2. En cinco países del mundo cayeron los desfavorecidos: Guatemala es uno.
El problema no es solo mala formación docente por universidades de mentira. También se reporta falta de material educativo por el 53% de escuelas guatemaltecas. Un país con 0.9 horas diarias de dispositivos para aprender en la escuela no está “distraído por el celular”. Está vacío de laboratorios, de libros, de prácticas. Aprender no es consumir contenido; es la lucha cognitiva con el material educativo. Donde la tecnología o el pizarrón cortocircuitan esa lucha, no hay aprendizaje. En Guatemala ni siquiera llegamos al cortocircuito digital de la OCDE. Llegamos a la repetición, a la memorización, a la estupidez docente de tareas sin sentido.
Los estudiantes memorizan. No piensan. Repiten, como loritos, y por eso no interpretan un gráfico ni justifican una fuente. PISA define persona científicamente educada como quien explica fenómenos, evalúa diseños de indagación y usa evidencia para decidir. El Nivel 2 ya pide eso en lo simple. Nuestros 351 puntos están apenas sobre el corte de Nivel 1: Conocen “algo de ciencia”. No la usan. Repito: No la usan, porque sus maestros tampoco la usan, porque su ministra tampoco la usa, porque su presidente, tampoco la usa. ¡Vaya desgracia!
Lo mismo en matemática. Tenemos currículos formales y abstractos. La formación docente es insuficiente y mucha de ella dada por universidades que no hacen investigación en aprendizaje y por lo tanto no tienen nada que ofrecer cono la Facultad de Humanidades de la San Carlos, donde un usurpador ignorante, ha llevado a la facultad a la repetición, a la motorización y al dogma. Estamos llenos de prácticas de repetición y tarea sin sentido. Hay una profunda ausencia de las recomendaciones que el mundo ya discutió –NCTM, CLAME– y que el Mineduc no lee. El problema no se detiene en la primaria porque invade a la universidad. En ingeniería la matemática sigue siendo un objeto lejano, desconectado de la vocación.
Cualquiera cree que puede ser maestro. Se para frente al grupo e improvisa. La factura la pagan los niños: uno de cada diez aprueba lo elemental después de diez años de “clases”. Quienes toman el examen son los que sobrevivieron al sistema. Los maestros “dieron la clase”. No prepararon a nadie.
Ese es el precio de un sistema cooptado. El pacto colectivo de 2008 le entregó al STEG, con Joviel Acevedo, veto sobre capacitación, supervisión y evaluación. Colom, Sandra Torres, la UNE y Argueta lo rearmaron cuando Berger intentó recuperar la rectoría. Giracca recuperó, al menos en el papel, esa rectoría: el fallo de la Corte de Constitucionalidad, 23 de enero de 2026, dejó sin efecto el Acuerdo 1449. Con esto se contrataron maestros. Este gobierno remozó institutos. Bien. Reconocer lo positivo no debe impedir ver lo esencial: el problema central no es la infraestructura. Es la falta de aprendizaje producto de la corrupción.
La falta de aprendizaje y el fracaso escolar no pide otra ley. Pide lo que la OCDE resume y lo que la investigación en aprendizaje sostiene desde hace décadas.
Uno. Proteína, zinc, agua y madre alimentada en los mil días. Sin eso, la escuela repara poco.
Dos. Expectativas altas y pocas ideas, bien enseñadas. Profundidad, no listados. El Nivel 2 de PISA no es cálculo diferencial. Es usar lo básico.
Tres. Profesores que no solo “saben el tema”, sino que explican, gestionan el aula y sostienen la motivación. Eso se investiga y se forma. No se improvisa ni se negocia en un pacto.
Cuatro. Lectura profunda. En la era de la inteligencia artificial lo que se hunde es evaluar información, conectar fuentes y pensar. En Guatemala ni siquiera llegamos a entender el párrafo.
Cinco. Educación técnica de verdad, no cuatro institutos sin dirección. Un país que no forma oficios ni ciencia aplicada produce migrantes y títulos vacíos y estos resultados PISA.
Seis. Recuperar la universidad pública para que investigue el aprendizaje y deje de ser botín político, cueva de ladrones, inútiles e ignorantes.
Ese es el camino. Si no se camina, la próxima PISA no nos va a sorprender. Se va a repetir. Y un país que se repite en el último lugar no tiene derecho a hablar de primavera.







