En la entrega anterior dejé una frase suelta: graduar no es lo mismo que servir. Hoy la cobro. El expediente de la desnutrición sigue abierto y las universidades guatemaltecas aparecen en él no como solución, sino como parte del simulacro.
La ENDESA 2025 midió 42% de desnutrición en menores de cinco años. En el área rural, Totonicapán tiene 70% de desnutrición infantil, y así varios departamentos con indicadores de desnutrición infantil de terror. Aunque el gobierno de la Nueva Primavera de Bernardo Arévalo y Karin Herrera ofrecieron reducirla en 10% no ha llegado ni al 2%, usando indicadores oficiales. Y mientras el niño no crece, las universidades ofrecen técnicos en nutrición y alimentos, licenciaturas, maestrías y doctorados en nutrición como si el título fuera una vacuna contra la desnutrición. Pero no lo es.
En 2003, Fernando Mönckeberg publicó en la Revista Chilena de Nutrición lo que él llamó una experiencia de actor y espectador. Eso no era un lamento. Era el manual de lo que una universidad hace cuando el indicador es la talla y no la matrícula. Emilio Matta, un columnista de La Hora, lo tradujo para Guatemala en el 2017 y los viene exponiendo de forma sistemática ante los oídos sordos de los gobernantes de turno, incluyendo a Arévalo y Herrera. Yo lo cité el 31 de agosto de este año, apenas el lunes. Hoy lo pongo frente a nuestras facultades universitarias para que se vea la diferencia.
Mönckeberg parte de un dato que nuestros economistas de escritorio, todos, no quieren oír. Pobreza, desnutrición y subdesarrollo son un círculo. En 1960 Chile tenía casi 40% de niños desnutridos –en el mismo texto llega a citar 46 por ciento–. En 2002 se había reducido a 3.7%. La desnutrición grave pasó de 5.9 a 0.1. El bajo peso al nacer, de 11.6 a 4.2. A los dieciocho años el chileno midió doce centímetros más. ¡Imagínese el lector!
Pero vea usted lo decisivo. En 1980 esa mejora ya no correlacionaba con el ingreso. UNICEF midió lo mismo con la esperanza de vida. Entre 1970 y 1986 el PIB y la pobreza apenas se movieron y la talla sí. Primero el cerebro. Después el PIB.
¿Quién diseñó eso? No, no fue un ministerio solo. Fue la Universidad de Chile. Para eso son las universidades. No para elegir cortes o tener rectores politiqueros y corruptos, no.
En 1954, en su Facultad de Medicina, la Universidad de Chile, nació el Laboratorio de Investigaciones Pediátricas. En 1976 se volvió el INTA, del que hablé en la entrega anterior. Mönckeberg lo dice así: las decisiones de nutrición no brotan solas en el Palacio. Hay que inducirlas. El INTA volvió el problema exigencia electoral, entrenó periodistas, calculó el costo-beneficio político además del sanitario, y se quedó como experticia universitaria –no como funcionario– para que el programa sobreviviera a Allende, a Pinochet y a la Concertación. Independencia. Flexibilidad. Credibilidad científica. Eso es una verdadera universidad.
Tres piezas fueron claves en la erradicación de la desnutrición infantil en Chile tal como lo explica Emilio Matta en sus varias columnas aquí en La Hora, no un pénsum. El INTA investiga, norma y evalúa. El Estado ejecuta la prevención. CONIN, corporación privada creada por los propios académicos del INTA (Instituto de Tecnologías y Alimentos de la Universidad de Chile), recupera al niño grave. CONPAN, el consejo interministerial, duró tres años: Mönckeberg fue el coordinador ejecutivo y aprendió que la política alimentaria total es un sueño burocrático. Recortó. Focalizó. Y cuando el consejo murió, el INTA siguió vigilando desde la universidad.
Los datos de Chile hablan por sí solos: El Servicio Nacional de Salud llegó a 38 mil camas, 1,520 centros, 58 mil trabajadores, 790 nutricionistas. La leche Purita no era el fin: era la puerta. Tres kilos contra el control del niño sano. Ficha nominal de 1.35 millones de menores de seis años: peso, domicilio, nivel socioeconómico, procesada cada tres meses. Cuando la leche derrumbó la lactancia de 85 a 19 por ciento, la universidad corrigió la formación de médicos, enfermeras y técnicos (llamados matrones y matronas en Chile). No podemos tener médicos que sugieran la leche de fórmula en deterioro de la lactancia materna. La lactancia volvió a 78 por ciento a los noventa días.
¿Y el agua? Mönckeberg no dejó la letrina al Ministerio de Obras. Hizo un piloto de 300 familias con caseta sanitaria –baño, ducha, inodoro, cocina, agua fría y caliente, alcantarilla– contra 300 controles. Mejoró la talla y cambió la actitud de la familia. Se construyeron 360 mil unidades. De 40 por ciento con agua en casa se pasó a 99. Sin eso la ración se va en diarrea. El agua es, como se ha dicho y yo lo vengo documentando en estas páginas de La Hora, es elemento fundamental para salir del subdesarrollo, agua potable. Eso hizo una universidad.
¿Qué han hecho nuestras universidades?
Aquí la breve historia: El INCAP se fundó en Guatemala en 1949, antes que el laboratorio de Mönckeberg. De ahí salieron la INCAPARINA, el yodo en la sal y otros. Alfonso Mata, otro columnista de La Hora, lo ha recordado aquí: el desnutrido es un huésped inmunocomprometido. La Escuela de Nutrición de la San Carlos nació en 1966 dentro del INCAP. El EPS, llamado Ejercicio Profesional Supervisado comunitario, todavía manda estudiantes a puestos de salud, a centros de recuperación, a visitas domiciliarias. La del Valle tiene laboratorios de alimentos y suelo. La Landívar llevó la carrera de nutrición a Quiché y Huehuetenango. Hay nutricionistas de esas universidades midiendo talla. Hay que decirlo. También hay que decir que ese trabajo quedó en semestre, en tesis, en extensión. Nunca se incrustó en el ministerio. El niño de Totonicapán no come tesis.
Lo que sobra es el catálogo, el pensum. La San Carlos, con rector usurpador, multiplica programas de alimentos y nutrición mientras el fondo de investigación es limosna y el plan estratégico es un manual de lo obvio. No hay un INTA chapín con mandato de norma. Hay escuelas, muchas universidades formando nutricionistas o especialistas en producción de alimentos. Hay supuestas «coordinaciones». Hay foros, congresos. La Universidad del Valle vende nutrigenética, nutrición deportiva y coaching en un país donde el cerebro de dos años pide zinc, proteína y cero diarreas. Eso para mí, llora sangre.
La Universidad Galileo usa el 46.5 por ciento de desnutrición crónica como gancho de matrícula. La Universidad Mariano Gálvez forma clínicos y enseña mercadeo aplicado a la nutrición. La Universidad Da Vinci abre la licenciatura en Huehuetenango –el departamento del 58 por ciento de desnutrición– sin obligar a publicar la talla de las aldeas. La Universidad Rural y las nuevas farsas, la pseudo universidad Regional y la corrupta universidad Juan José Arévalo de Mazariegos, ya oliendo el nicho, meterán el mismo menú: técnico, licenciatura, maestría, doctorado. Mientras la desnutrición crónica infantil sigue en el orden del 45%, casi la mitad de la población.
Mientras tanto, Guatemala no tiene gobierno que gobierne. Tiene un simulacro de gobierno y de democracia. Tenemos, tristemente, un presidente y una vicepresidenta ausentes. SESAN y Salud se reúnen para coordinar la coordinación. De 75 muertes por desnutrición aguda en 2025, 43 por ciento con fallas de detección o de atención. El mapa de 2026 volvió a marcar Alta Verapaz, Huehuetenango y Petén. Nueve de cada diez graduandos no alcanzan competencia elemental en matemática. Eso no empezó en el aula. Empezó en los mil días. Ya no es problema de formación docente como dije en mi entrada anterior sobre el tema.
El agua entra aquí, aunque las facultades prefieran no verla. Tenemos una de las dotaciones de agua dulce más altas del planeta y sistemas que convierten esa abundancia en escasez sucia. Sin agua que no lleve materia fecal, la ración es un ciclo de diarrea subsidiado. Mönckeberg lo midió con 360 mil casetas. Yo lo he escrito como ciclo hidrosocial. La universidad que enseña dieta y no enseña letrina forma de mentiras.
¿Qué se debe hacer?
En el próximo número desarrollaré el papel que deben jugar las universidades, pero particularmente la universidad nacional, la de San Carlos, para erradicar la desnutrición.







