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El aprendizaje de las matemáticas es uno de los mayores problemas que enfrentan las escuelas en casi todos los países. En México, por ejemplo, dos de cada tres estudiantes no logran dominar lo básico en esta materia. Según la prueba internacional PISA del 2022, México obtuvo 395 puntos, muy por debajo del promedio de los países más desarrollados (472 puntos). En Guatemala la situación es todavía más preocupante: solo uno de cada diez estudiantes de secundaria logra aprobar una prueba sencilla de matemáticas (como sumar, restar, multiplicar, dividir, fracciones o problemas básicos de álgebra y geometría) al terminar sus estudios. En esa misma evaluación PISA, Guatemala alcanzó apenas 344 puntos.

Esto significa que más del 90 % de los jóvenes guatemaltecos de 15 años no logran las competencias básicas. Sin embargo, estos datos no son solo cifras desalentadoras; son un llamado urgente a transformar la educación desde sus raíces.

Las causas de esta realidad son profundas: currículos excesivamente formales y abstractos, una formación docente insuficiente, la ausencia de pensamiento crítico y la escasa aplicación de los avances de la investigación en enseñanza de las matemáticas. Se suman prácticas pedagógicas obsoletas basadas en repetición, memorización mecánica y tareas sin sentido.

Este problema no se detiene en la primaria ni en la secundaria. Invade las universidades. En ingeniería, los estudiantes ven la matemática como algo lejano, abstracto y desconectado de su vocación. Lo mismo ocurre en economía, auditoría, medicina y otras disciplinas. El aprendizaje de la matemática es, en esencia, un gran reto social que define el futuro de nuestras sociedades.

El origen de muchos de estos males se encuentra en las universidades, donde se ha impuesto una matemática descontextualizada y formalista. Pero en el corazón de la solución está la formación docente: la oportunidad de formar no solo instructores, sino verdaderos guías inspiradores.

Ser maestro es, ante todo, una vocación profundamente humana. Como escribía yo aquí en La Hora, en la celebración del Dia del Maestro: Un gran maestro no es un simple transmisor de fórmulas, sino un guía y humanizador que acompaña a cada estudiante a descubrir quién es, de dónde viene y todo lo que puede llegar a ser. Conoce a sus alumnos: sus sueños, sus temores, sus contextos familiares y sus fortalezas únicas. No impone, sino que ilumina el camino para que cada uno construya el suyo propio.

Esta dimensión humanizadora es esencial e irremplazable. La enseñanza de la matemática no puede reducirse a una actividad técnica o tecnocrática de algoritmos y evaluaciones frías. Debe ser un encuentro humano cargado de empatía, donde el docente escuche con atención las confusiones de sus estudiantes, valore sus esfuerzos, aunque sean imperfectos y conecte los conceptos matemáticos con la vida real, las emociones y las realidades de cada niño o joven.

Cuando un maestro conoce verdaderamente a sus alumnos y los trata con calidez y respeto, la matemática deja de ser un motivo de temor para convertirse en una herramienta poderosa de empoderamiento y descubrimiento. El aprendizaje, en su esencia más noble: es un acto social, relacional.

La investigación actual sobre didáctica de la matemática, también conocida como Matemática Educativa, tal el caso del Comité Latinoamericano de Matemática Educativa, CLAME y otros grupos de investigación y acción como el NCTM, National Council of Teachers of Mathematics, sugieren que la formación docente incluya: 

  • Enseñar matemática con sentido y conexión con la vida real.
  • Cultivar empatía, escucha y relaciones auténticas en el aula.
  • Construir comunidades de aprendizaje donde cada estudiante se sienta visto y valorado.
  • Integrar los resultados de la investigación científica sobre aprendizaje de la matemática. 

Solo así romperemos el círculo del fracaso y abriremos las puertas a un futuro lleno de posibilidades.

La educación guatemalteca —y latinoamericana— tiene ante sí un desafío enorme, pero también una oportunidad extraordinaria. Formar maestros que combinen excelencia técnica con profunda humanidad no es solo una necesidad educativa: es un acto de esperanza y de fe en el potencial de nuestras nuevas generaciones. Esto es, aulas donde el centro sean las prácticas sociales de la matemática: Contar, modelar, describir, predecir y otras. 

Es hora de actuar con convicción y urgencia. El futuro de nuestros jóvenes y de nuestros países depende de maestros apasionados que acompañen, humanicen y logren que cada estudiante descubra la belleza y el poder de las matemáticas. Si lo hacemos ahora, con fe y determinación, no solo mejoraremos las cifras: transformaremos vidas. Hagámoslo ahora porque si no es ahora, no será nunca. 

Fernando Cajas

Fernando Cajas, profesor de ingeniería del Centro Universitario de Occidente, tiene una ingeniería de la USAC, una maestría en Matemática e la Universidad de Panamá y un Doctorado en Didáctica de la Ciencia de LA Universidad Estatal de Michigan.

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