La captura institucional de la Universidad de San Carlos, (Usac), forma parte de un plan, minuciosamente preparado por los ideólogos del mal que trabajan a tiempo completo para el Pacto de Corruptos y para el mismo destazador de universidades Walter Mazariegos. Tenemos la tarea pendiente de descubrir con nombre y apellido a estos ideólogos filósofos especialistas en hacer los planes de acción para la captura no solo de la Usac sino del Estado. Se han escondido tras una aparente vida de contemplación filosófica haciendo consultorías de mentiras aquí y allá, creando nuevas universidades privadas exprés, cobrando precios exorbitantes por darles las rutas de la captura a los dueños de la finca para que estos las trasladen a sus mozos y capataces introducidos en cada ente clave del Estado guatemalteco.
La captura del Estado y de la Usac es para mantener en control de parte de los dueños de la finca al sistema de justicia. Quieren una democracia con instituciones cooptadas que permitan que corruptos vandalicen instituciones completas como tienen capturado al mismo Ministerio Público, el Congreso de la República, al Ejecutivo donde colocaron a dos monigotes, al Tribunal Supremo Electoral que de supremo ya no tiene nada de nada.
Este es un fenómeno mundial como ha sido documentado por Anne Applebom tanto en su libro El Ocaso de la Democracia como en Autocracia S.A. En ambos pone ejemplos de diferentes partes del mundo de cómo la autocracia y la cleptocracia mundial capturan a las débiles democracias. Guatemala es un ejemplo de libro de texto. Mientras el Ministerio Público pasó criminalizando inocentes, líderes indígenas acusados de terroristas por el simple hecho de oponerse a un fraude electoral, ahora el foco de atención se traslada a la Corte Constitucional, la más alta corte del país que se ha dedicado a defender a capa y espada al usurpador de la rectoría, al hijo fiel del Pacto de Corruptos, que ha hecho lo que le da la gana para mantener cooptada a esa noble institución de educación pública superior.
Según el jurista Gustavo Galindo lo que sucede ahora en la San Carlos fue cuidadosamente planificado. La historia contemporánea de Guatemala no es la de una democratización fallida, sino la de una metamorfosis exitosa del autoritarismo. La transición del Conflicto Armado Interno a la era de la «paz institucional» no desmanteló las estructuras de exclusión; por el contrario, las dotó de una sofisticada arquitectura legal de cooptación. Lo que en el pasado se lograba mediante la eliminación física del opositor, hoy se ejecuta a través de un marco normativo que ha canibalizado el interés público en favor de agendas corporativas y criminales.
A esta agenda corporativa criminal y también alimentada por el narco nacional e internacional le conviene tener controlada a la Universidad de San Carlos no solamente por su poder político de elegir Cortes, sino porque también era el centro de pensamiento y resistencia social. Es la institución Universidad Pública la que en más peligro pone el actual estado corrupto de cosas.
La universidad cooptada es parte del Estado cooptado, que se define en Guatemala como un sistema donde la captura de las instituciones no es un accidente, sino el objetivo primordial. La debilidad institucional, los procesos antidemocráticos y el autoritarismo —puntos de fractura identificados en la negociación de la paz— son, en realidad, las vigas maestras de un modelo diseñado para que el Estado funcione como un botín de guerra perpetuo. Esta captura tiene su raíz en causas históricas que los Acuerdos de Paz intentaron diagnosticar, pero que el sistema legal vigente se encargó de blindar.
Estamos viendo un país que se cae en pedazos y que solamente funciona para los dueños de la finca que quieren mantener una exclusión social profunda basada en el conflicto crónico por el uso y posesión de la tierra, donde la violencia generalizada garantice su riqueza. Junto a eso, los mismos dueños de la finca y jefecitos del Pacto de Corruptos desean un sistema político caracterizado por el autoritarismo y procesos antidemocráticos. Eso es lo único que les funciona: La debilidad del Estado fue una construcción deliberada para impedir que este cumpliera sus funciones básicas, dejando el poder en manos de élites que operaban por encima de la ley, todo esto mezclado en un racismo profundo que rechaza la diversidad étnica guatemalteca.
Junto a esto se crea un pseudosistema de educación superior donde se le dan prebendas a las universidades privadas para crear «feudos» de poder técnico-político. El control de la formación profesional y la representación ante el Estado se convirtió en una estrategia premeditada para asegurar que los intereses privados tuvieran poder de decisión sobre el sistema de justicia y otros entes fiscalizadores.
Así las universidades todas sirven a los intereses del Pacto de Corruptos, tipejos que trabajan para los dueños de la finca. El ataque a la San Carlos es porque es la única institución capaz de revertir esta historia porque aún tiene conciencia social. Por eso la orden actual del Pacto y de los dueños de la finca es asfixiar a la Usac y con ello matar todo potencial de rebelión, de lucha, de resistencia. En la Usac se juega ahora el futuro del país, esto es, si queremos un país democrático, tendrá que ser con la Usac o si queremos un país al estilo del Pacto de Corruptos, un país autocrático, lleno de pobreza para muchos y riqueza para todos, eso significa la aniquilación de la educación pública superior, educación crítica y liberadora.
Por eso debemos ir con todo a salvar a la Usac. Ya no hay tiempo para más. Los corruptos ya tiraron sus cartas, ahora faltan las nuestras, los que defendemos la verdadera democracia y la verdadera educación superior crítica, emancipadora y liberadora. Hagámoslo ahora guatemaltecos, porque sino es ahora, no será nunca.







