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«La esperanza se construye»

Se sabe que Walter Mazariegos fue, y sigue siendo, destazador de rastro pobre. Ese trabajo puede ser digno, como todo trabajo honrado, pero de ahí a esperar que un hombre sin formación académica sólida, que “estudió” humanidades en una farsa universitaria promovida por el exdecano Calderón, haya aprendido algo de ciencia, de rigor humanístico o de ética institucional, hay un abismo.

Mazariegos se infiltró en la Facultad de Humanidades no para elevarla, sino para destazarla. Fortaleció las “extensiones universitarias”, esa maquinaria de títulos baratos, de baja calidad académica y muchas veces ilegales, cuya verdadera función no es formar profesionales, sino capturar votos y lealtades políticas. Porque para él y sus 40 ladrones del Consejo Superior, la Universidad de San Carlos no es una casa de estudios superior: es un botín, un mercado politiquero desde donde se venden puestos en las Altas Cortes y la Fiscalía General a cambio de impunidad.

Bajo su gestión, la Usac ha caído estrepitosamente en los rankings internacionales: de alrededor del puesto 150 en 2010 a cerca del 200 o fuera de los principales listados en 2025. Es como pasar de un 50 sobre 100 a un 37 reprobado. Véase el reportaje de Heidi Loarca del 12 de octubre de 2025 aquí en La Hora sobre el QS World University Rankings 2025. Junto a eso, todo es opaco en la Usac. Desde su primera elección fraudulenta, defendida a capa y espada por Alejandro Giammattei a cambio de tener control sobre las cortes, hasta esta segunda farsa del 8 de abril de 2026 en Antigua Guatemala.

Las universidades privadas no se quedaron atrás en esta misa negra. La Universidad de Occidente dio el voto clave para mantener a Consuelo Porras como fiscal general. Muchas facultades de Derecho de cartón, sin estudiantes reales, fueron creadas solo para fabricar electores en las Comisiones de Postulación. Y Porras, a su vez, protegió a Mazariegos y a su círculo. El Pacto de Corruptos encontró en la Usac su filial perfecta.

Pero mayo de 2026 ya huele a cambio. Este pseudo-rectorcito ya repartió las coimas y los puestos que podía. Ahora lo atacan hasta instituciones que antes callaban: la Contraloría General de Cuentas le exige finiquito que no tiene y que difícilmente obtendrá por las denuncias pendientes. Varios juzgados honestos han admitido amparos y suspendido provisionalmente la elección fraudulenta, donde se borraron arbitrariamente decenas de electores universitarios, se anularon votos de oposición y se impidió participar a colegios profesionales y docentes enteros. En Ingeniería, por ejemplo, el decano marioneta Francisco Gómez simplemente se negó a abrir las urnas cuando vio que perdía su jefecito destazador.

Mientras tanto, valientes reportajes de La Hora y otros medios documentan los desfalcos, los lujos, los puyazos, lomitos y ceviches pagados con millonarios recursos públicos. Y el campus central de la zona 12 sigue cerrado bajo la excusa de un viaducto sin permisos claros, obligando a más de 100 mil estudiantes a una “educación virtual” paupérrima, con profesores poniendo sus propias computadoras y alumnos sin equipo ni internet decente. Todo para que no protesten.

Ya se oye en el ambiente: Mazariegos va a caer. Las gotas de abril se están convirtiendo en lluvia de mayo. Pero no basta con sacarlo a él. El problema es estructural. Necesitamos replantear de raíz el sistema de educación pública superior en Guatemala.

Urge que los docentes tomemos conciencia de nuestro rol como formadores de participación cívica, no de clientelismo. Necesitamos nuevas opciones: carreras técnicas y tecnológicas universitarias pertinentes, que formen de verdad y no solo repartan títulos. Programas de investigación científica, tecnológica y humanística reales y también pertinentes. Estudiantes participativos y con voz. Urge una universidad que incluya, que rompa el clasismo, el machismo y el racismo de la tradición oligárquica, y se convierta en una verdadera Universidad del Pueblo.

La Usac debe recuperar su autonomía, su excelencia y su pertinencia: No para excluir, sino para incluir, para educar, para formar, para investigar. Hagámoslo ahora, porque si no es ahora, no será nunca. 

Fernando Cajas

Fernando Cajas, profesor de ingeniería del Centro Universitario de Occidente, tiene una ingeniería de la USAC, una maestría en Matemática e la Universidad de Panamá y un Doctorado en Didáctica de la Ciencia de LA Universidad Estatal de Michigan.

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