Lamentablemente, en este país tan bello geográficamente, siempre aparece el fantasma de la irrealidad, por no decir de la mentira; y es tan frustrante que no permite a la población vivir con los niveles mínimos de dignidad; no es un asunto que se haya descubierto en los últimos años, no, es una herencia convertida en lastre que se viene arrastrando desde hace muchísimo tiempo, sin que haya habido una verdadera voluntad política para cambiar el pasado convertido en presente.
Basta con viajar por las distintas carreteras del país para darse cuenta del retraso económico y educativo en que vive la población en las áreas rurales urbanas y rurales propiamente dichas; es decir, en la Guatemala profunda en desigualdades, discriminación, pobreza, falta de presencia del Estado y por ende de los gobiernos en los municipios, aldeas y caseríos más alejados y por lo tanto más olvidados de cada Departamento.
Todo lo anterior ha servido de alimento político para que los candidatos a cargos de elección popular de todos los tiempos anteriores hayan ofrecido esperanzas e ilusiones a la ciudadanía con las posibles soluciones a la añeja problemática económico social; ¿hasta cuándo se atenderá a la problemática campesina, cuándo se crearán los Juzgados agrarios, cuándo se obligará a las compañías extractoras de minerales e hidrocarburos a pagar las míseras regalías que le corresponden al Estado de Guatemala?
¿Hasta cuándo los pacientes de hospitales nacionales tendrán que comprar su propia medicina, por qué no se han inaugurado más hospitales, aunque sea regionales; por qué, los maestros rurales sólo acuden una o dos veces por semana a impartir clases, ¿los empleados técnicos y administrativos de las instituciones gubernamentales se comportan en forma despótica y abusiva con los usuarios y pacientes, por qué, la justicia se vende y se compra en Guatemala? Entendemos y sabemos que la problemática nacional no es fácil de resolver, pero… ¿cuándo se le entrará de verdad a querer solucionarla?
Y en la gran Tinamit, vivimos en la prometida ciudad del futuro, la cual sólo es atendida en aspectos ornamentales, se les ha olvidado la limpieza de los tragantes en las calles y avenidas, en los pasos a desnivel, la contaminación por los basureros clandestinos, falta de señalización de tránsito, alumbrado público y otras funciones que son necesarias e imprescindibles para el buen vivir en la ciudad capital de Guatemala.
¿Por qué algunos centros educativos de ciudad Guatemala no cumplen con la ley en el sentido de observar y cumplir con los asuetos y feriados e imparten clases y dejan tareas a los estudiantes? Los alumnos y trabajadores de la educación tienen derecho al goce de esos días, ¿o los directores de escuelas e institutos no les corresponde cumplir con la ley? ¿Cuándo se reducirá el tiempo de gestión administrativa para que las personas jubiladas del Estado puedan disfrutar de su merecido estipendio mensual?
Y se nos vino el año electoral, el cual de hecho lo estamos viviendo y la ciudadanía consciente manifiesta desde ya su hartazgo por la sarta de ofertas, promesas, proposiciones y ofrecimientos que en nombre propio y en nombre de Dios principiaron a exponer en público y en privado los candidatos, algunos de ellos, observando y otros violando la ley electoral. ¿Quién de ellos, conocidos o perfectos desconocidos de la población guatemalteca hablará con la verdad? O ¿será que nuevamente mentirán para lograr el voto y en caso de ganar las elecciones aprovechar la oportunidad para esquilmar al presupuesto nacional en beneficio propio y a favor de las grandes corporaciones y transnacionales del petróleo, minería, navieras, comunicaciones, constructoras y transportistas?







