Fernando Mollinedo

mocajofer@gmail.com

Guatemalteco, Maestro de educación primaria, Profesor de segunda enseñanza, Periodista miembro de la Asociación de Periodistas de Guatemala, realizó estudios de leyes en la Universidad de San Carlos de Guatemala y de Historia en la Universidad Francisco Marroquín; columnista de Diario La Hora durante 26 años, aborda en sus temas aspectos históricos, educativos y de seguridad ciudadana. Su trabajo se distingue por manejar la palabra sencilla y coloquial, dando al lector la oportunidad de comprender de modo sencillo el universo que nos rodea. Analiza los difíciles problemas del país, con un criterio otorgado por su larga trayectoria.

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Aparte de los problemas de índole político que absorben la atención de la población guatemalteca, hoy abordo el tema inveterado del fracaso educativo de la población estudiantil que no logra superar desde hace varias décadas los bajos parámetros de los resultados de su proceso educativo.

El fracaso educativo no es atribuible únicamente a los alumnos, también son copartícipes los maestros; es decir es una responsabilidad compartida. Por un lado, los maestros y profesores que ejercen docencia directa y que sólo buscan miles de pretextos baladíes para no atender a los alumnos (uso del teléfono celular para chatear por largos períodos de tiempo durante clases; arreglo personal femenino, atención a padres y madres de familia; atención a los negocios de la tienda, así como para la venta de uniformes, zapatos, pants y demás implementos).

Es natural, que las clases presenciales no se hayan completado en el mínimo de días presenciales debido a múltiples factores, pero también es natural que los maestros y profesores en esos casos puedan alternar los contenidos de las materias por medio virtual del teléfono con el fin de aprovechar el tiempo para cubrir los puntos del programa educativo.

En una reciente publicación periodística de un matutino, se indica que el ministerio de educación (así en minúsculas) evaluó a cinco mil ciento noventa alumnos de doscientos noventa centros educativos que fueron la muestra de todos los alumnos con promedio de edad de quince años; siendo el resultado que sólo el trece de cada cien estudiantes alcanzaron las competencias mínimas en matemática, y solo veintisiete de cada cien en lectura.

La medición estandarizada de rendimiento educativo mostró las debilidades en el aprendizaje de matemática, lectura y ciencias, conocimientos que son considerados básicos para solventar los desafíos de la vida moderna, pues al no tener una comprensión de lectura es difícil adquirir otras competencias para el desarrollo de la vida diaria; es decir, saber leer y comprender lo que se lee; sumar, restar, multiplicar y dividir, sacar un porcentaje y tener el vocabulario mínimo para darse a entender con palabras que no sean coloquiales.

El ministerio de educación ha escudado los resultados negativos del proceso educativo responsabilizando a la pandemia del coronavirus; pero no ha querido abordar de frente el problema que significa el tener docentes -algunas veces- que saben menos o tanto como los alumnos a quienes instruyen. No existe la actualización docente porque no hay profesionales que sepan al respecto; todo es copiar de internet y de esa forma creen haber satisfecho la enseñanza programada.

Aun sabiendo lo anterior, las autoridades gubernativas no han priorizado la inversión en materia educativa para obtener un vínculo de la enseñanza educativa y el proceso de aprendizaje; por ello, el sistema educativo ha fracasado, no sólo por la deficiente formación docente y la capacidad cognitiva de los alumnos, también porque no hay planteamientos reales para supervisar el proceso de forma pedagógica y mucho menos con supuestas autoridades que jamás han impartido clases en el sector público y mucho menos conocen las limitaciones del sistema.

El desarrollo del país no es sólo en materia económica, se necesita población educada con capacidades mínimas para tener un capital humano productivo; de lo contrario, mantendremos un renglón de pobreza que no permitirá las adaptaciones a los continuos cambios tecnológicos.

Se debe mejorar la carrera docente; devolverle a la población las escuelas normales de magisterio y, sobre todo, crear la institución donde puedan actualizarse o aprender nuevas técnicas didácticas y pedagógicas en todos los ámbitos educativos, es decir: educación técnica, musical, educación física, cívica y económica. ¿El próximo ministro de Educación tendrá la preparación pedagógica suficiente o será otro proyecto político sin base educativa?

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