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Las remesas familiares siguen siendo el motor que impulsa la economía guatemalteca, a diferencia del criterio del ministro de Finanzas Jonathan Menkos, quien opina que “sus potentes” presupuestos, los cuales, por cierto, tienen una paupérrima ejecución en los rubros de inversión, no así en gasto, son los principales detonantes del crecimiento en nuestro país.

Al 30 de abril del año 2026, las remesas habían incrementado en 10.5% sobre el mismo período del año anterior, un crecimiento de doble dígito que se da principalmente en el consumo. Durante el mismo período, la balanza cambiaria registraba que las remesas alcanzaban casi un 85% del monto total de importaciones registrado para el mismo período.

Si continúa esta tendencia, las remesas seguramente superarán a las importaciones en dos o tres años, agudizando los desequilibrios entre la oferta y demanda de divisas, lo que “obliga” al Banguat a corregirlos y así estabilizar la apreciación del tipo de cambio, utilizando la ya desmedida regla cambiaria, así como el mecanismo de acumulación de reservas, mediante el cual las reservas monetarias han tenido un incremento significativo en la última década.  

Ciertamente el no comprender cuál es el driver principal del crecimiento económico del país es uno de los grandes desatinos del ministro Menkos.  Sin embargo, no es el peor de su gestión.  El ministro de marras ya intentó saltarse la prohibición expresa en nuestra Constitución que impide al Banguat financiar al Estado, principalmente mediante préstamos. Esta postura la comparte con un colega egresado de una encopetada universidad europea, quien asegura con mucha elocuencia, pero sin conocimiento básico de economía, menos de teoría monetaria, que el banco central debería financiar a nuestro gobierno (principalmente los enormes y desfinanciados presupuestos aprobados y que, por cierto, no se ejecutan), porque sí lo hace (invertir) en el “desarrollo” de otros países.

Ciertamente el Banguat invierte parte de sus reservas en bonos de otros países, cuyos gobiernos harán lo que mejor crean con el dinero prestado, el cual tendrán la obligación de devolver a nuestro banco central, más un interés. No advierte el ilustrado colega, menos el ministro, que serán los gobiernos de los países donde Banguat invirtió, no Guatemala, los que tendrán que imprimir papel moneda (causando inflación) para poder repagar los bonos. Dado el hipotético caso de que el banco central financie a nuestro gobierno central prestándole, pronto tendríamos importantes desequilibrios que causarían inflación, ese mal que aniquila el poder adquisitivo de las clases medias y bajas, no de las altas. De buenas intenciones está empedrado el camino al infierno, dicen.

Este año el presidente Arévalo tendrá que designar al presidente del Banco de Guatemala, entre otros puestos clave (como ya lo hizo con el fiscal general). Más que un derecho, es una obligación del presidente designar a una persona que tenga un mínimo de capacidad técnica, además de objetividad, para dirigir correctamente tan importante institución. El actual ministro de Finanzas simple y llanamente no las tiene.

Emilio Matta

emiliomattasaravia@gmail.com

Esposo y padre. Licenciado en Administración de Empresas de la Universidad Francisco Marroquín, MBA de la Universidad Adolfo Ibáñez de Chile, Certificado en Métodos de Pronósticos por Florida International University. 24 años de trayectoria profesional en las áreas de Operaciones, Logística y Finanzas en empresas industriales, comerciales y de servicios, empresario y columnista en La Hora.

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