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El triunfo electoral de Bernardo Arévalo hace ya más de dos años, fue lo mejor que le pudo pasar al país, de acuerdo a las condiciones entonces prevalecientes.

Me recuerdo muy bien una reunión social con unos queridos amigos a mediados del año 2023, en México, cuando conversábamos muy desanimados sobre el futuro de Guatemala, que todos veíamos como la profundización de la cooptación de la institucionalidad estatal por parte de las redes político criminales. Considerábamos que estábamos a punto de dar un paso más en esa dirección porque el ganador o ganadora en esa contienda sería la continuidad de Giammattei/Miguelito.

Alguien se atrevió a mencionar al candidato Bernardo Arévalo, pero sólo para decir, igual que todos (as) los que estábamos allí, que de esa posibilidad ni siquiera valía la pena hablar, porque se consideraba imposible. Tan era improbable un triunfo de este personaje que las redes político criminales no lo excluyeron de la boleta electoral.

Pero Bernardo Arévalo triunfó. Y eso creó un nuevo escenario donde construimos una utilería que nos llevó a darle al personaje de la obra una imagen que estaba muy lejos de lo que dicho escenario posibilitaba. Se creo así un entusiasmo, unas expectativas absolutamente desproporcionadas con la realidad prevaleciente.

Lo primero que no se consideró fue que el nuevo Presidente es un convencido de la democracia republicana, en un país donde las redes político criminales en coincidencia con ciertas élites empresariales hacen que ese ideal muy poco tenga de realidad. Por eso, ya Presidente, Bernardo Arévalo no pensó en romper la institucionalidad, aunque estuviera cooptada. Él se planteó librar la lucha por eliminar la cooptación respetando las reglas republicanas del juego político. Arévalo no es un político que esté dispuesto a romper la institucionalidad, por cooptada que ésta se encuentre.

El Presidente decidió gobernar teniendo a toda la institucionalidad estatal en manos de las redes político criminales. Después de dos años y medio se logró avanzar en esa dirección recuperando la punta del iceberg, el Ministerio Público. Pero eso es completamente insuficiente.

Arévalo seguramente pensó que ciertas élites empresariales tendrían interés de recuperar la institucionalidad de las manos de las redes político criminales. Igual habrá pensado respecto de los Estados Unidos, aún con el cambio de gobierno en ese país, es decir con el triunfo de Trump. Pero a Bernardo Arévalo lo aterrizaron en la realidad nacional y geopolítica las posiciones que asumieron la Administración Trump y las élites empresariales a la hora de elegir al Magistrado de la Corte de Constitucional que sesgara la balanza de dicha Corte Celestial para mantener a Bernardo Arévalo bajo su estricto control.  El triunfo de Molina Barreto expresó de manera grotesca esta posición.

Otro elemento que definió la debilidad del gobierno de Arévalo fue la insuficiencia de cuadros para la gestión gubernamental. En términos políticos, su partido, Semilla, era una organización política sustancialmente débil, que fue eliminada legalmente por las redes político criminales. Y sus cuadros remanentes se han enfrentado entre sí.

Como lo referimos de manera muy sintética y hasta esquemática, Bernardo Arévalo ha navegado y sigue navegando contra corriente.

Y en los últimos días, a raíz de acontecimientos mundiales, Bernardo Arévalo vuelve a enfrentar una nueva situación crítica, la del petróleo y la alimentaria, que podría ser fatal en el futuro próximo.

Pero, a pesar de todo lo anterior, las redes político criminales han fracasado hasta ahora en sus pretensiones golpistas, así como en su desesperación por mantener incólume la cooptación del Ministerio Público y las cortes.

Otro aspecto importante es que pese al racismo y la exclusión histórica hacia los pueblos indígenas éstos siguen estando presentes frente al gobierno. Con sabiduría y visión estratégica siguen allí, atendiendo las reuniones mensuales y otras con el Presidente. Están obviamente inconformes, pero saben que no harán alianzas con las redes político criminales.

En síntesis, por la vía institucional que ha seguido el Presidente lo que tenemos es lo que se ha podido lograr.

Sin embargo, en medio de una situación electoral que ya se manifiesta, destruir a Bernardo Arévalo y su propuesta progresista es un objetivo compartido por muchos. Entre ellos están las redes político criminales, especialmente los políticos corruptos, el narcotráfico, la derecha fascista, la derecha “moderada” y las izquierdas con miopía electoral y ceguera estratégica. El resultado, si logran triunfar en este propósito perverso, será el triunfo electoral de la derecha radical y un debilitamiento de la legitimidad del progresismo y de sus dirigentes (de todos!).

Todo lo anteriormente referido no pretende exculpar al Presidente por los errores cometidos. Incumplió el Acuerdo Agrario, sus Ministros encargados de impulsar los acuerdos suscritos, MAGA y Mineco particularmente, ignoraron la voluntad presidencial. Confía desmedidamente en los diálogos de élite. Ni los gringos, ni las cúpulas empresariales son aliados confiables, aunque le cueste aceptarlo.

Pero, a pesar de todo, lo cierto es que lo mejor que nos pudo pasar en las últimas elecciones presidenciales fue el triunfo de Bernardo Arévalo.

Adrian Zapata

zapata.guatemala@gmail.com

Profesor Titular de la USAC, retirado, Abogado y Notario, Maestro en Polìticas Pùblicas y Doctor en Ciencias Sociales. Consultor internacional en temas de tierras y desarrollo rural. Ha publicado libros y artículos relacionados con el desarrollo rural y con el proceso de paz. Fue militante revolucionario y miembro de organizaciones de sociedad civil que promueven la concertación nacional. Es actualmente columnista de el diario La Hora.

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