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Estamos a diez meses de las próximas elecciones. Debería ser prematuro hablar de ellas. Pero el tema ya está instalado en la agenda política nacional. Y no son los partidos los responsables directos de esta precipitada situación. Hay un enjambre de candidatos (a) alborotando el hormiguero, buscando en qué partido aterrizan su postulación. Atrás de esos candidatos puede haber diversos intereses, incluyendo los de las redes político criminales, las élites empresariales, los narcos, otros no tan perversos y hasta uno de espíritu progresista. Pero lo que les es común es que su candidatura, en general, no proviene de dinámicas partidarias, sino que ellos se han AUTOUNGIDO.

Fausto Arimany es el corredor identificado con las visiones más conservadoras del empresariado. Se vende como el santo varón, hombre de familia y empresario exitoso. Edmund Mulet se presenta como el persistente político que ha formado ya tres partidos, de los cuales dos se los arrebataron actores de una virtuosidad dudosa. Lionel Toriello es el autoungido progresista que decidió ser candidato apoyándose hace unos meses en un Frente Amplio y que, cuando se dio cuenta que ese entorno no le aseguraba su nominación, terminó tirándose a los brazos del partido VOS que lo acogió gustoso.

Luego está el pelotón de los autoungidos, entre los cuales encontramos los siguientes: Neto Bran, Carlos Pineda, Roberto Arzú, Isaac Farchi, Sandra Jovel, Sergio Madrazo, Hugo Peña, Nery Ramos, Sandra Torres, Yury Ríos, etc.  Y este etcétera contiene muchos más nombres de los ya citados.

Los partidos políticos conforman un cartón de lotería en cuyas casillas aterrizarán los autoungidos. Incluso hay “partidos” que existen para ser vendidos. El reciente caso del partido Verde podría ser parte de este corrupto folklore chapín.

La otra característica de esa caricatura de democracia que tenemos es que los partidos tienen dueño (a). Por eso, cada autoungido tiene una contraparte muy definida con quien negociar los términos para poder utilizar el partido como el vehículo para participar electoralmente.

En este contexto, la democracia en Guatemala es solo una fachada para disfrazar un grotesco circo electoral. Y esto es así porque no puede haber democracia liberal sin partidos políticos.

En correspondencia con lo anteriormente dicho, la papeleta electoral será un cartón de lotería, para que la juguemos y legitimemos así a quienes llegarán a la presidencia de la República, a las alcaldías y a las diputaciones. En esta lotería no hay premios para quienes la jugamos. Los premiados serán los candidatos. 

Todo ese fantoche de democracia liberal debería ser destruido.

El camino para lograr lo anterior es, fundamentalmente, ideologizar a los partidos; sin ideología no hay partidos políticos. Inclusive las deseables alianzas que podrían construirse entre partidos alrededor de algunas plataformas programáticas requieren de determinadas definiciones ideológicas.

Es más, trascendiendo las convergencias que pudieran darse entre partidos, las deseables relaciones y alianzas entre partidos y organizaciones o movimientos sociales requieren de coincidencias programáticas que también tienen un sustento ideológico.

En síntesis, sin partidos políticos no hay democracia liberal porque éstos se consideran los principales mediadores entre el pueblo y el poder político del Estado.

Por eso, mi exhortación es que los verdaderos políticos deberían intentar aprovechar la dinámica política que ya empieza a dominar el escenario nacional para impulsar la recuperación de los partidos políticos, la unidad entre aquellos cuyas convergencias ideológicas lo permitan y las posibles alianzas tácticas, pero muy importantes, entre partidos de diferentes corrientes ideológicas.

Si no se rescatan los partidos y se les proyecta ideológicamente, éstos seguirán siendo únicamente vehículos electorales a los cuales recurrirán los auto ungidos candidatos para negociar su utilización.

Adrian Zapata

zapata.guatemala@gmail.com

Profesor Titular de la USAC, retirado, Abogado y Notario, Maestro en Polìticas Pùblicas y Doctor en Ciencias Sociales. Consultor internacional en temas de tierras y desarrollo rural. Ha publicado libros y artículos relacionados con el desarrollo rural y con el proceso de paz. Fue militante revolucionario y miembro de organizaciones de sociedad civil que promueven la concertación nacional. Es actualmente columnista de el diario La Hora.

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