La compra de alimentos, según la distribución del gasto, es uno de los rubros más impactados por el precio del combustible. Foto: La Hora
La compra de alimentos, según la distribución del gasto, es uno de los rubros más impactados por el precio del combustible. Foto: La Hora

El panorama macroeconómico de Guatemala para el cierre de 2026 enfrenta un ajuste en sus proyecciones de crecimiento, presionado por la volatilidad del mercado energético global.

Tras la escalada del conflicto bélico entre Estados Unidos e Irán iniciada el pasado 28 de febrero, el Banco de Guatemala (Banguat) ha comenzado a recalibrar las expectativas de expansión del Producto Interno Bruto (PIB) y el comportamiento de los precios internos.

Alfredo Blanco, vicepresidente del Banguat y de la Junta Monetaria, informó durante el Gabinete Económico (GABECO) que la proyección de crecimiento para 2026 ha sufrido una revisión a la baja. La meta inicial del 4.1% se ha ajustado a un 3.6%, aunque evaluaciones técnicas más recientes sugieren que el crecimiento podría ralentizarse hasta un 3.1% si las condiciones de inestabilidad en Medio Oriente persisten, según cifras del mismo Banguat a marzo recién pasado,

A pesar de este recorte, el Banco Central mantiene una postura de cautela optimista, calificando estos choques externos como «temporales». No obstante, Blanco reconoció que una prolongación del conflicto obligaría a una revisión estructural de las metas de política monetaria.

En cuanto al ritmo inflacionario, el Banguat se aferra a su esquema de metas explícitas de inflación (EMEI), con una meta central del 4.0% (+/- 1 punto porcentual). Actualmente, el banco prevé un cierre de año en torno al 3.50%.

Sin embargo, el estudio presentado por la Universidad del Valle de Guatemala (UVG) introduce matices diversos. Bajo escenarios de mayor presión en el crudo, la inflación podría escalar hasta un 4.56%, pero con un escenario bajo de 3.58%.

Blanco indicó que Guatemala mantiene un escenario de estabilidad macroeconómica envidiable en la región, pero vulnerable ante factores exógenos.

En opinión de Hugo Maul, analista del Centro de Investigaciones Económicas Nacionales (CIEN) El reto es evitar que los choque externos erosionen el poder adquisitivo de quienes menos margen tienen para absorber el costo constante de los precios del petróleo.

Según los datos presentados por el economista Hugo Maul, el impacto de los combustibles no es uniforme, ya que depende de la proporción del gasto.

Según un estudio presentado el martes, el precio de alimentos es lo que más reciente el incremento de los combustibles.
Según un estudio presentado el martes, el precio de alimentos es lo que más reciente el incremento de los combustibles.
Foto: La Hora: UVG

DE LA ESTABILIDAD MACRO AL IMPACTO EN ALIMENTOS

El economista afirmó que si bien es cierto el análisis de la UVG sugiere que el impacto del aumento del 10 por ciento en los precios del petróleo es limitado y solo impacta en 0.20%,  el impacto que se reflejan a la población es en el precio de alimentos, sobre todo en aquella que no compra combustibles para poder transportarse de un lugar a otro.

Mientras que una familia de ingresos un poco más altos destina más en combustibles, para otras familias, la comida representa la mayor parte de sus egresos. En este escenario, cualquier incremento en productos sensibles como la tortilla, los cereales y las hortalizas —sectores que el estudio identifica como los más afectados— se convierte en un «impuesto» directo a la nutrición.

El estudio resalta que el impacto en la inflación no será muy pronunciado, según las proyecciones oficiales.
El estudio resalta que el impacto en la inflación no será muy pronunciado, según las proyecciones oficiales.

El estudio menciona que gran parte de la población rural aun utiliza leña, lo que supuestamente los «aísla» del impacto de los derivados del petróleo.

Maul señaló que, en promedio, la transmisión del aumento en los precios del petróleo hacia otros bienes y servicios no es inmediata ni proporcional. El impacto suele darse primero en el transporte y luego se traslada gradualmente al resto de productos, dependiendo de factores como el tipo de mercado y la demanda de cada bien.

Al final de la cadena, el consumidor final en las áreas rurales termina pagando el costo del flete trasladado al precio de diferentes productos.

La única vía de ajuste posible, según el economista, es reducir la calidad o cantidad de los alimentos en el plato.

El analista destacó que dentro del Índice de Precios al Consumidor (IPC), el rubro de transporte tiene una ponderación de 9.8% en el gasto de los hogares, mientras que el gasto directo en combustibles representa cerca del 3.7%, lo que explica por qué su impacto en la inflación general es relevante, pero limitado.

En términos generales, incluso un incremento más alto —por ejemplo, de 25% en el precio del petróleo— podría elevar la inflación proyectada de 3.5% a alrededor de 4.5%, lo que representa un aumento, pero no un desajuste severo en la economía.

 

 

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