La regla 50-20-30 puede ayudar a ordenar el salario, pero no es una fórmula rígida.
La regla 50-20-30 puede ayudar a ordenar el salario, pero no es una fórmula rígida. Foto La Hora: Shutterstock.

Organizar los ingresos mensuales es uno de los primeros pasos para mejorar las finanzas personales y evitar que todo el dinero disponible se destine al consumo.

Una de las herramientas que puede utilizarse como referencia es la regla 50-20-30, que propone dividir el ingreso neto en tres grandes categorías: necesidades, ahorro y objetivos financieros, y deseos.

“La regla 50-20-30 propone distribuir el ingreso neto mensual en tres grandes grupos: 50% para necesidades, 20% para ahorro y objetivos financieros y 30% para deseos”, explicó a La Hora, la asesora y analista financiera Mariana Méndez.

Según la especialista, el objetivo es evitar que una persona destine todo su salario al consumo y, al mismo tiempo, pueda construir una reserva financiera para enfrentar emergencias o cumplir metas futuras.

Sin embargo, enfatiza que “no significa que necesariamente se tenga que gastar exactamente 50%, 20% y 30%. Es un punto de partida que debe adaptarse a la realidad de cada hogar”.

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¿QUÉ DEBE INCLUIR CADA PORCENTAJE?

La regla del 50

El primer 50% corresponde a las necesidades, es decir, aquellos gastos indispensables para vivir y cumplir con las obligaciones básicas. Dentro de esta categoría pueden encontrarse alimentación, vivienda, servicios básicos, transporte necesario, salud, educación y otros compromisos indispensables.

La regla del 20

El segundo 20% está destinado a fortalecer la situación financiera. Este porcentaje puede utilizarse para construir un fondo de emergencia, ahorrar para una meta específica, invertir o realizar abonos extraordinarios a deudas que tengan un costo elevado.

La regla del 30

Mientras que el 30% restante corresponde a los deseos. En este grupo entran gastos como entretenimiento, restaurantes, viajes, compras no esenciales, suscripciones y otras actividades que pueden reducirse o posponerse cuando el presupuesto lo requiere.

Méndez advierte que existe una diferencia importante entre los gastos de consumo y las obligaciones financieras. “El pago mínimo de una tarjeta o un préstamo es una obligación financiera, no un ‘deseo’, aunque la compra original haya sido un gasto de consumo”, señaló.

Por ello, recomienda que las deudas sean analizadas dentro del presupuesto de manera separada, para evitar que sus cuotas sean subestimadas.

UN EJEMPLO CON Q5 MIL AL MES

Para entender cómo podría funcionar esta distribución, la especialista plantea el caso de una persona que recibe un ingreso neto mensual de Q5 mil.

Bajo la regla 50-20-30, tendría Q2 mil 500 para necesidades, Q1 mil para ahorro y objetivos financieros y Q1 mil 500 para deseos.

Los Q2 mil 500 podrían cubrir alimentación, vivienda, transporte y servicios.

Los Q1 mil podrían dirigirse a un fondo de emergencia, una meta financiera o la reducción de una deuda.

Los Q1 mil 500 restantes podrían utilizarse para entretenimiento, comidas fuera del hogar o compras no esenciales.

No obstante, Méndez hace una precisión importante: si las necesidades reales de esa persona ascienden a Q3 mil 200, no debería endeudarse ni dejar de comprar alimentos únicamente para cumplir con el porcentaje establecido.

“La regla debe utilizarse para ordenar el presupuesto, no para obligar a una familia a vivir con porcentajes que no corresponden a su realidad”, afirmó.

EL 20% NO ES SOLO PARA GUARDAR DINERO

Aunque suele conocerse como una regla de ahorro, el 20% no necesariamente debe mantenerse únicamente en una cuenta de ahorro. De acuerdo con Méndez, este porcentaje puede distribuirse entre distintas prioridades financieras.

La primera debería ser la creación de un fondo de emergencia, que permita cubrir gastos inesperados sin recurrir inmediatamente a una tarjeta de crédito o a un préstamo.

Después, si existen deudas con intereses elevados, parte de ese dinero puede utilizarse para acelerar su pago. Posteriormente pueden establecerse metas financieras, como ahorrar para educación, vivienda, un vehículo o un emprendimiento.

La inversión debería considerarse cuando exista cierta estabilidad financiera, un fondo de emergencia adecuado y las deudas de alto costo estén bajo control.

“Por eso, el 20% no debe entenderse simplemente como ‘guardar dinero en una cuenta’. Es el porcentaje destinado a mejorar la posición financiera futura”, explicó.

ANTES DE APLICARLA, CONOZCA SU REALIDAD FINANCIERA

Antes de establecer porcentajes, la recomendación es conocer cuánto dinero ingresa realmente al hogar y en qué se está gastando.

La especialista señala que quienes tienen ingresos variables deberían elaborar el presupuesto tomando como referencia un ingreso conservador, por ejemplo, considerando el promedio de los meses más bajos y no el mejor mes del año.

En hogares con responsabilidades familiares también deben incluirse los gastos de dependientes, educación, salud y otros compromisos recurrentes.

Si las necesidades superan el 50% del ingreso, esto tampoco significa necesariamente que la persona esté administrando mal su dinero.

“Puede ser simplemente que sus gastos básicos representan una proporción mayor de su ingreso. En ese caso hay que priorizar necesidades, reducir lo prescindible y trabajar también en aumentar los ingresos”, indicó Méndez.

¿QUÉ PASA SI NO PUEDE AHORRAR EL 20%?

Para quienes actualmente no tienen capacidad de destinar el 20% de sus ingresos al ahorro, la recomendación es comenzar con una cantidad que sea realista y aumentarla gradualmente.

Méndez plantea que una persona podría iniciar con el 5% de su ingreso neto. Por ejemplo, con un salario de Q4 mil, serían Q200 mensuales.

Posteriormente, si logra mantener ese hábito durante varios meses, puede aumentar progresivamente el porcentaje a 7%, 10%, 15% y eventualmente acercarse al 20%.

También recomienda identificar algunos gastos que puedan reducirse sin afectar las necesidades básicas y trasladar parte de ese dinero al ahorro.

Los ingresos extraordinarios, como el aguinaldo, Bono 14, horas extras u otros ingresos adicionales, también pueden utilizarse para fortalecer el fondo de emergencia o reducir deudas.

“La idea es que el ahorro se convierta progresivamente en un gasto prioritario, no en ‘lo que sobra’”, explicó.

EVITE CONVERTIR LA REGLA EN UNA OBLIGACIÓN

Entre los errores más comunes al intentar aplicar esta metodología está tratar los porcentajes como una obligación matemática, no registrar primero los gastos reales, confundir necesidades con deseos y olvidar gastos anuales o extraordinarios.

También puede ocurrir que una persona intente ahorrar el 20% mientras utiliza tarjetas de crédito para cubrir gastos básicos, o que no incluya las cuotas de préstamos y tarjetas dentro de su planificación.

La recomendación es revisar el presupuesto cada mes y realizar ajustes cuando sea necesario. Un gasto médico inesperado o una reparación del vehículo, por ejemplo, no significa necesariamente que el presupuesto haya fracasado.

“Si un mes surge un gasto médico o una reparación del vehículo, no significa que el presupuesto fracasó; significa que debe ajustarse”, señaló Méndez.

UNA REGLA QUE DEBE ADAPTARSE A GUATEMALA

En el contexto guatemalteco, la especialista recomienda evitar presentar el 50-20-30 como una receta universal, debido a las diferencias entre los ingresos, responsabilidades familiares y niveles de endeudamiento de cada hogar.

“Para una persona con salario ajustado, una familia con varios dependientes o alguien que está pagando deudas, quizá al principio sea un 60-10-30, 70-5-25 o incluso otra distribución”, explicó.

Por ello, más que cumplir de manera estricta con los porcentajes, la utilidad de esta regla está en establecer prioridades: conocer cuánto se necesita para cubrir los gastos básicos, reducir los gastos prescindibles, crear una reserva para emergencias y avanzar progresivamente hacia una mayor estabilidad financiera.

La meta, de acuerdo con Méndez, es que cada hogar pueda partir de su situación actual y avanzar gradualmente hacia una posición en la que tenga capacidad de ahorro y pueda enfrentar imprevistos sin recurrir necesariamente al endeudamiento.

GANAR MÁS DINERO, NO ES TOMAR BUENAS DECISIONES

La especialista mexicana en finanzas personales Liliana Olivares, fundadora de Adulting MX, ha desarrollado distintos programas y contenidos dirigidos especialmente a millennials y centennials, con el objetivo de ayudarles a tomar el control de sus finanzas.

Olivares, quien de manera reciente ofreció una entrevista para una radio mexicana, explicó que, cuando una persona no alcanza a cubrir los gastos básicos, sus finanzas se mantienen en un estado de supervivencia.

Sin embargo, advirtió que el aumento de los ingresos tampoco garantiza tranquilidad financiera. A medida que mejora el nivel de vida, pueden aparecer nuevas presiones y otra clase de estrés relacionado con el dinero.

“Tener más dinero no significa que todos los problemas se solucionan. No por ganar más dinero se toman mejores decisiones”, señala la especialista.

Uno de los principales riesgos, dijo, es comenzar a consumir para mantener el mismo nivel de vida que otras personas, aun cuando no se cuenta con la capacidad económica para hacerlo. “La opinión de los demás no paga mis tarjetas de crédito”, afirma Olivares.

La especialista también advirtió sobre la confusión entre tener un mayor flujo de dinero y realmente haber construido riqueza. Que los ingresos aumenten en determinado momento no significa que esa capacidad de gasto se mantendrá para siempre.

Por ello, sostuvo que la verdadera fortaleza financiera se encuentra en aquello que una persona logra conservar y hacer crecer. “La verdadera riqueza está en las inversiones y en los ahorros que se tienen”, enfatiza.

En ese punto retoma una de las frases del escritor y analista financiero Morgan Housel, autor de La psicología del dinero: “El ahorro es la diferencia entre lo que ganas y tu ego”. La idea apunta a que la capacidad de ahorrar depende no solo de cuánto se gana, sino también de cuánto se decide no gastar.

El problema aparece cuando cada aumento de ingresos se convierte automáticamente en un aumento del consumo. Una persona puede tener mayor capacidad de gasto, pero si todo lo que recibe termina destinado a mantener un determinado estilo de vida, sus finanzas seguirán siendo vulnerables.

Por eso, el autocontrol se convierte en una pieza clave de las finanzas personales. Tener la posibilidad de comprar algo no significa necesariamente que sea conveniente hacerlo. La diferencia entre poder gastar más y construir riqueza está, en buena medida, en lo que se decide conservar.

Lo primero dijo es blindarse de lo que realmente importa como por ejemplo, cuidar el futuro, hacer un ahorro y pensar en el retiro para luego dar paso a lo que no es tan importante y a lo que ella llama «banal». Es en este momento, indicó, se comienza a ver la diferencia entre no incrementar el estilo de vida, sino la calidad de vida, las cosas comienzan a tener otro sentido.

En última instancia, ordenar las finanzas personales no se trata únicamente de cumplir con una fórmula o de alcanzar determinado porcentaje de ahorro. Para Olivares, el primer paso es proteger aquello que realmente importa, como contar con una reserva para enfrentar imprevistos, construir patrimonio y pensar en el retiro.

A partir de ahí, el objetivo no debería ser aumentar de manera permanente el nivel de consumo cada vez que mejoran los ingresos. Por el contrario, se trata de evitar que cada aumento salarial se convierta automáticamente en nuevos gastos.

Es en esa diferencia donde, según la especialista, comienza a cambiar la relación con el dinero: no se trata necesariamente de incrementar el estilo de vida, sino de mejorar la calidad de vida. Cuando las finanzas dejan de estar dirigidas por lo inmediato y permiten pensar en el futuro, incluso las decisiones de consumo adquieren otro sentido.

Al final, ganar más puede ampliar las posibilidades, pero la verdadera diferencia está en qué se hace con ese dinero y cuánto de él permite construir una mayor tranquilidad financiera para el futuro.

Jenniffer Véliz
Periodista profesional formada en la Universidad de San Carlos de Guatemala. Interesada en contar historias desde la investigación, el análisis y las voces de quienes las viven. Enfocada en explicar la realidad social guatemalteca más allá de lo evidente
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