El mercado local e internacional tiene una buena apreciación de los instrumentos de deuda nacional. Foto La Hora: Shutterstock
El mercado local e internacional tiene una buena apreciación de los instrumentos de deuda nacional. Foto La Hora: Shutterstock

Hace apenas dos años, en septiembre de 2023, Guatemala tuvo que pagar 7.05% por un bono en dólares a 9 años en medio del alza global de tasas para frenar la inflación.

En julio de 2025 el panorama cambió: el país colocó USD 1 mil 500 millones en el mercado internacional a 6.250% y 6.87 a 30 años, con una demanda seis veces mayor a lo ofrecido.

En dos años, Guatemala pasó de pedir prestado en medio de la desconfianza a hacerlo en medio del apetito de los inversionistas. Según los datos del Ministerio de Finanzas Públicas, la deuda del país es hoy considerada una de las más sólidas de la región.

Así lo explicó el ministro de Finanzas, Jonathan Menkos, en una conversación con La Hora; la mejora en la percepción internacional de la deuda de Guatemala se traduce en menos costo para financiarse, más confianza de los inversionistas y mayor capacidad del Estado para impulsar posibles proyectos de desarrollo sin poner en riesgo la estabilidad macroeconómica.

LA SEÑAL QUE MANDA EL MERCADO

En el mercado local, los Bonos del Tesoro para pequeños inversionistas se mantienen estables entre 6.00% y 6.25%.

El Ministro explicó que detrás de esa mejora hay tres factores: una deuda pública baja, equivalente al 27.9% del PIB; reservas internacionales sólidas, y una política fiscal prudente que ha mantenido el crecimiento arriba de 3.5% y 4%.

«Esta, sin duda, es una fortaleza, es una ventaja», reconoció Ricardo Barrientos, director ejecutivo del Instituto Centroamericano de Estudios Fiscales (ICEFI). La lógica es simple: si la economía produce, el Estado tiene más capacidad para honrar sus compromisos. Por producción, Guatemala está muy bien.

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La deuda pública se ubica entre 26.8% y 27.9% del PIB, una de las más bajas de América Latina, donde el promedio ronda 54%. Las reservas internacionales llegan a 26% del PIB y Guatemala lleva 10 años con superávit en cuenta corriente.

Por eso, las calificadoras de riesgo respondieron: Fitch subió la nota a BB+, Standard & Poor’s (S&P) la mantiene en BB+ con perspectiva estable, y Moody’s en Ba1. Las tres agencias coinciden en que Guatemala está a un escalón del grado de inversión.

MÁS RECURSOS, MENOS COSTO

Cuando baja la tasa, baja el costo. En 2025 el servicio de la deuda consumió aproximadamente Q18 mil millones, 81% más que hace una década y 16.4% de los ingresos tributarios.

Si las tasas se mantienen a la baja, cada nueva emisión paga menos intereses y ese dinero podría  ir a hospitales, carreteras o escuelas. Además, la buena percepción abre la puerta a captar más recursos.

No obstante, Barrientos señaló que “la principal fuente para pagar la deuda pública son los impuestos”, indicador en donde Guatemala no sale tan bien.

Con una carga tributaria de 11.8% a 12.1% del PIB, una de las más bajas de la región, el indicador de deuda vs ingresos ya no es tan ventajoso. “Respecto a la producción es pequeño, respecto a los ingresos es medio”.

La traducción es que el Estado debe poco en relación a lo que produce el país, pero debe un poco más en relación a lo que realmente recauda. “La deuda pública no es otra cosa que impuestos que hay que pagarlos en el futuro”, añadió Barrientos.

Arte La Hora: Jesús Ríos
Arte La Hora: Jesús Ríos

GRADO DE INVERSIÓN: LA CARGA TRIBUTARIA PENDIENTE

Según la autoridades y algunos expertos, el mercado ya trata a Guatemala “como grado de inversión” aunque la nota oficial aún no llegue. Eso permite colocar bonos más grandes, a más plazo y con menos presión.

El gobierno ya usa esos canales, como acuerdos gobierno a gobierno como alianzas Público-Privadas para la autopista Escuintla-Puerto Quetzal, fondos con el Banco Mundial para caminos rurales y el proyecto del Metro Riel con Reino Unido.

El impacto a largo plazo es financiar el desarrollo sin hipotecar el futuro. En este punto ICEFI indica que “Guatemala todavía no tiene un problema de sostenibilidad fiscal”.

Pero advirtió dos condiciones para que eso cambie: que no crezcan los ingresos, o que el saldo de la deuda crezca de forma descontrolada por déficits altos durante muchos años.»

En este punto se conecta con la agenda de grado de inversión. “Con una carga tributaria de 11.8% o poco debajo del 12%, no alcanzaría el grado de inversión porque no quedaría esta certeza de una capacidad sostenible y robusta para pagar la deuda pública”.

Para el Ministro Menkos, la buena percepción no sirve de nada si no se traduce en obras. Por eso el presupuesto 2027 prioriza la inversión productiva.

“Una deuda barata y sostenible permite al Estado planificar a 20 y 30 años” agregó el funcionario. Ejemplos concretos dijo: la modernización de Puerto Quetzal por Q 4 mil 800 millones, el sistema ferroviario que conecte los dos puertos, el Metro  Riel y los 4 mil kilómetros de caminos rurales.

Son obras que no se pagan en un año y que necesitan financiamiento estable.

A nivel social, mantener tasas bajas ayuda a evitar nuevos impuestos. El compromiso del gobierno ha sido “hacer más productiva la recaudación” y no subir tasas, mientras la economía crece arriba de 3.5% y 4%.

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PASAR DE LA ESTABILIDAD AL DESARROLLO

Las propias calificadoras advierten el límite. El siguiente salto ya no depende de “no endeudarse”. Depende de ejecutar, invertir y formalizar.

El Ministro fue enfático durante la conversación con La Hora respecto a la estrategia que busca crecer sin perder el control. “Hemos logrado que los déficit fiscales nunca sean superiores al crecimiento de la economía”.

Por eso, aunque el ministro asegura que se ejecuta la mayor inversión de los últimos años, la deuda apenas subirá de 27.2% a 27.9% del PIB entre 2024 y 2027.

También advirtió sobre el uso eficiente de cada quetzal. Para lograrlo, hay un enfoque de tres ejes vitales para el manejo eficiente de los recursos destinados a la inversión

  • Ejecución: La Ley de Contrataciones está desactualizada y hay una herencia de Q13 mil millones en proyectos del MICIVI pendientes. Sin agilizar la inversión, la deuda sirve de poco.
  • Institucionalidad: Atajar el 70% de informalidad, promover la inversión extranjera directa y atender cuellos de botella en puertos y carreteras. S&P y Moody’s señalan que ahí está el techo.
  • Sostenibilidad fiscal: El Estado debe seguir priorizando proyectos que generen crecimiento para que la ratio deuda/PIB no suba.

UN SOPLO DE CONFIANZA

En 10 años Guatemala pasó de colocar deuda cara en tiempos de crisis a colocar deuda barata en tiempos de confianza. Esa es la diferencia entre pedir prestado para cubrir huecos y pedir prestado para construir futuro.

La mejora en la percepción le da al país la ventaja de acceso a más recursos, a menor costo y a más plazo. Como aseguró el Ministro Menkos: «El apetito es impresionante por cada dólar que nosotros salimos a buscar al mercado internacional».

Aprovechar esa ventana implica cerrar brechas de infraestructura, mejorar la gestión pública y traducir estabilidad macro en bienestar. Pero esa misma ventana tiene fecha de vencimiento si no se acompaña de una base tributaria más sólida.

Ahí está, precisamente, el techo que separa la estabilidad del desarrollo. Guatemala puede seguir pidiendo prestado barato mientras el mundo confíe en sus números, pero el salto al grado de inversión —y con él, a un crecimiento sostenido de 4% o 5% anual— no depende solo de mantener la deuda baja. Depende de que el Estado recaude lo suficiente para sostenerla sin depender, cada vez, del apetito ajeno.

Eduardo Smith
Eduardo Antonio Smith Soto es economista y analista político con más de 18 años de experiencia en periodismo económico, política pública y diplomacia. Ha trabajado en análisis de coyuntura, gobernanza y relaciones internacionales, combinando enfoque técnico y lectura estratégica del contexto regional.
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