
Guatemala ya convenció a dos de las principales calificadoras de riesgo de que su economía es estable. Crece por encima del promedio regional, mantiene baja deuda y ha sostenido disciplina macroeconómica en un entorno internacional complejo.
Ahora, de cara a la próxima evaluación de Fitch Ratings —prevista para octubre—, la pregunta ya no es si el país es estable, sino de qué depende esa estabilidad.
En ese punto, el análisis de Fitch Ratings introduce un ángulo distinto. Antes de su visita, el analista Todd Martínez, en declaraciones a #LHEconomía, anticipó una preocupación clave: el rol de las remesas dentro del modelo económico.
En 2025, Guatemala recibió USD 25,530 millones —cerca del 20% del PIB—, un flujo que sostiene el consumo, estabiliza la economía y fortalece la posición externa. Sin embargo, esa misma variable cambia la forma en que se interpreta la estabilidad.
“Funcionan como equilibrador… pero actúan en contra del grado de inversión”, explicó Martínez.
La frase redefine el debate. Las remesas no son un problema en el corto plazo; al contrario, explican buena parte de la resiliencia económica del país. Pero, en términos estructurales, envían una señal distinta: una proporción significativa del ingreso depende de factores externos y no de la capacidad interna de generar empleo y productividad.
“Las remesas no se toman en cuenta a la hora de evaluar el riesgo país; incluso actúan en contra del grado de inversión porque reflejan una política social de falta de oportunidades para los guatemaltecos en casa”, añadió.
Actualmente, Guatemala mantiene una calificación de BB+ con perspectiva estable por parte de Fitch Ratings.
PONEN EL DEDO EN LA MISMA LLAGA
Las recientes calificaciones de Moody’s y Standard & Poor’s coinciden en esa lectura de fondo: la economía es estable, disciplinada y con fundamentos sólidos, pero enfrenta límites estructurales que condicionan su capacidad de avanzar y atraer más inversión.
La conclusión es clara: el siguiente salto dependerá menos de preservar ese orden y más de avanzar en transformaciones estructurales —especialmente en inversión productiva, formalización del empleo y fortalecimiento institucional— que permitan traducir estabilidad en desarrollo.
Para Standard & Poor’s, ese salto requiere señales sólidas para aumentar el ingreso de la población. En términos prácticos, ya no basta con no endeudarse; es necesario ejecutar, invertir y formalizar.
“La perspectiva macroeconómica se ha mantenido muy fuerte… pero Guatemala ha alcanzado un «techo» donde los factores positivos tradicionales ya están incorporados en la calificación que mantiene”, argumentó la agencia a La Hora en abril pasado.
Patricio Vimberg, analista de la agencia, enfatizó: “Entre los principales obstáculos están la baja ejecución de infraestructura estratégica —puertos, aeropuertos y carreteras—, así como la limitada inversión extranjera directa”.
Desde la perspectiva de Moody’s, las fortalezas están claras: crecimiento robusto, política fiscal y monetaria conservadora, y liquidez externa sólida gracias a reservas y remesas. El pendiente, sin embargo, es la gobernanza.
A través de un comunicado reciente, la agencia refirió que el retorno de políticas migratorias más duras en EE. UU. representa “un riesgo potencial para la economía guatemalteca” por su dependencia de las remesas.
La agencia advierte que Guatemala presenta bajos indicadores institucionales y que alrededor del 70% de la población económicamente activa se encuentra en la informalidad, lo que refleja una limitada generación de oportunidades.
S&P: Guatemala ante el umbral del grado de inversión, ¿por qué la estabilidad ya no es suficiente?
CAMBIOS VITALES EN LOS PRÓXIMOS MESES
Con la visita de Fitch Ratings en el horizonte, el enfoque cambia. Más que evaluar lo que Guatemala ya logró, la atención se centra en lo que pueda demostrar en los próximos meses.
El avance hacia un mejor perfil crediticio dependerá de cuatro señales concretas:
Mayor ejecución de inversión pública
Avances en infraestructura
Reducción de la informalidad
Mejora en gobernanza y coordinación política
En síntesis, factores que fortalezcan la capacidad interna de la economía.
Desde el año pasado, el Ministerio de Finanzas impulsa una estrategia para mejorar el perfil de riesgo país y alcanzar el grado de inversión. Entre las acciones destacan la modernización de la Ley de Contrataciones, el fortalecimiento de la administración tributaria y proyectos de inversión pública.
Moody’s ha valorado positivamente el aumento en asignaciones para reducción de pobreza, inversión y transparencia, mientras Fitch Ratings reconoce avances en infraestructura, alianzas público-privadas y cumplimiento de metas de recaudación.
No obstante, el desafío sigue siendo la implementación efectiva.

Foto: La Hora: Archivo
BANGUAT: RESILIENCIA, PERO CON RIESGOS
Desde el Banco de Guatemala, el gerente económico Johnny Gramajo reconoce resiliencia, aunque advierte riesgos asociados al entorno internacional, particularmente el conflicto en Oriente Medio y su impacto en los precios de la energía y las materias primas.
Aun así, señala que, bajo un escenario de impacto limitado, el país podría mantener un crecimiento cercano al 4%, en línea con estimaciones del Fondo Monetario Internacional. También recuerda que la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) mantiene una perspectiva relativamente optimista para Guatemala frente a una región que crecería alrededor del 2.2%.
Sin embargo, desde la CEPAL se advierte que la alta dependencia de Estados Unidos —tanto en comercio como en remesas— representa un riesgo estructural y refuerza la necesidad de diversificación.
LA PARADOJA GUATEMALTECA
Guatemala combina fortalezas fiscales —como una de las deudas más bajas de la región— con un crecimiento cercano al 4%. Sin embargo, este sigue siendo insuficiente para reducir brechas sociales en un contexto de crecimiento poblacional.
Las tres calificadoras coinciden en un punto central: la gobernanza es el principal obstáculo. A ello se suma la vulnerabilidad ante choques externos, como el encarecimiento de combustibles en un escenario geopolítico incierto.
El analista Guillermo Díaz, de la Universidad Rafael Landívar, agrega que la debilidad institucional y la falta de certeza jurídica continúan limitando la inversión.
EL QUETZAL DEPENDE DE ELLO
El grado de inversión no es un reconocimiento simbólico. Implica menores tasas de interés, mayor inversión extranjera y menor volatilidad cambiaria. Todo ello beneficia a empresas, inversionistas y ciudadanos.
Pero la paradoja persiste: las remesas que sostienen el consumo diario —la tienda, el transporte, el mercado— son también evidencia de que esas oportunidades no se generan dentro del país.
Como señaló el analista de Fitch, Todd Martínez: “Funcionan como equilibrador… pero actúan en contra del grado de inversión”.
La pregunta de fondo es si el Estado de Guatemala y la sociedad pueden demostrar que su estabilidad ya no depende de ese equilibrio externo, sino de su capacidad interna para generar oportunidades.
Si lo logra, el salto es posible. Si no, el país corre el riesgo de mantenerse en un punto intermedio: estable, pero sin transformar esa estabilidad en desarrollo.
La interrogante tras las conversaciones con #LHEconomía es: ¿puede Guatemala demostrar que la estabilidad ya no es suficiente y que ahora puede ejecutar, formalizar y gobernar mejor?
Si la respuesta es afirmativa, el grado de inversión llegará. De lo contrario, el país seguirá siendo el alumno de 85 que celebra no endeudarse, mientras millones de familias esperan cada mes que suene el teléfono con un “ya te deposité la remesa”.







