Puede sorprenderle que se le dé tal connotación al alcoholismo. Foto La Hora: Cortesía.

 

Puede sorprenderle que se le dé tal connotación al alcoholismo. Eso usted solo lo ha oído en las enfermedades infecciosas, pero si nos atenemos al significado del término contagioso, el alcoholismo lo puede ser y de eso trataremos.

Al liberar el término contagioso de solo infección; al liberarlo de esa connotación reducida y con ello, explicar un fenómeno tan complejo como el alcoholismo relacionándolo con otras condiciones de salud, permite sacar a la luz la producción de su significado. Una asociación de reflexiones de exalcohólicos, y de condiciones encontradas por los estudios sociológicos, puede contribuir al desarrollo de una definición antropológica de contagio, que se libere de su significado médico y se haga eco de las representaciones culturales y de sus fenómenos e impactos sociales.

Si usted le pregunta a un médico si el alcoholismo es contagioso, seguramente le dirá que no; pero detrás de esa respuesta, puede existir un encubrimiento de la idea de su contagiosidad, que confunde las representaciones de los sujetos y, por extensión, se pierde la idea de contagio desde un punto de vista antropológico y por lo tanto de la contribución de un enfoque cultural a su tratamiento.

En la década de los noventa del siglo XX la antropóloga británica Mary Douglas, examinando la teoría cultural del contagio desarrollada en el contexto del SIDA, mostró que el discurso de una comunidad sobre el contagio y su forma de gestionarlo estaba íntimamente ligado a su «vivencia e interpretación cultural» sobre el origen, evolución, ocurrencia y tratamiento de dicho mal de lo que surgía su preocupación de preservarse y controlar sus márgenes, ya que se consideró que estos podrían amenazarla y trasmitirle el mal a muchos.

Pero cuando hablamos de alcoholismo, es un ejemplo de una enfermedad que no es contagiosa desde el punto de vista médico, aunque la idea de su contagiosidad en las representaciones de los sujetos es lo que hay que ver si se da y, por extensión, que puede contener la idea de contagio desde un punto de vista antropológico.

Los diccionarios de medicina, suelen definir el contagio de la siguiente manera: «transmisión de una enfermedad de una persona enferma a una persona sana. El contagio es a veces directo cuando hay contacto entre los dos sujetos; a veces indirecto, cuando hay un intermediario que lleva el contagio como las aguas y los alimentos». Otros en forma más sencilla definen el contagio como la «transmisión de una enfermedad a otra persona, por contacto directo o por contagio», siendo el contagio la «causa material del contagio». En verdad, estos elementos no sólo no son los retenidos por la mayoría de las personas, cuando nos remitimos a los numerosos estudios que la literatura etnológica ha dedicado a las concepciones culturales del contagio, sino que no son los que recuerdan los cónyuges y amigos o en general el público sobre los bebedores, sobre su alcoholismo, pues se juzga en una forma muy general, que el alcoholismo es un hecho voluntario para caer al estatus de enfermos, aun sabiendo que esta enfermedad puede no ser necesariamente así.

Lo cierto es que podemos estar hablando de dos modelos de contagio (infeccioso y no infeccioso)

El modelo entonces de contagio del alcoholismo de una contaminación a través de una práctica alcohólica por un sujeto, implicaría, por ejemplo, en un matrimonio, que el cónyuge también comenzaría a beber (acusando a su cónyuge de haberle transmitido este hábito). Pero ese no es el sentido de contagio cultural; en el ejemplo del cónyuge que no bebe, puede estar afectado por la enfermedad del bebedor en su bienestar y salud ¿forma de contagio?

Bajo esos nuevos conceptos de contagio, ya tan temprano como 1906, El Dr. Sirois proponía el encierro de los alcohólicos que “a través de sus escándalos, sus solicitaciones, su desequilibrio moral siembran a su alrededor el peor de los contagios: el de la ruina y el vicio”.

Ya para la década de los cincuenta del siglo XX, se crearon movimientos de lucha para evitar el problema. Así, en uno de ellos, el sacerdote André Talvas, y Germaine Campion, una ex alcohólica obligada a prostituirse, crearon un movimiento «de bebedores curados, abstemios voluntarios y simpatizantes, que trabajaba contra el alcoholismo, contra sus causas y por la promoción de los ex bebedores». La ideología del movimiento es de hecho portadora de un manifiesto discurso político, a través de la condena a la que se entrega contra los poderes públicos y contra el lucro que la sociedad hace o permite a través del alcohol, y la estigmatización de las causas económicas, sociales y profesionales que se tiñen contra el alcoholico. Para esta institución, la lucha antialcohólica es muy explícitamente una «lucha social».

Existe o bien debe existir una concepción del alcoholismo, como afectando fisiológica y sociológicamente a individuos que forman parte de un estrecho vínculo social con los enfermos y he aquí que el contagio no se refiere a una sola dirección y a una sola acción e impacto, como sucede con la infección en el término médico. Entonces y esto sucede en todo el mundo, muchas personas consideran que el alcoholismo de su cónyuge les hace a ellos mismos (en el sentido literal) «enfermos». Es ese el sentido de contagio en el alcoholismo: «mi cerebro ya no funcionaba en absoluto. Fue entonces cuando me di cuenta que su alcohol pasaba a mi cabeza, estaba borracha con su alcohol, me volvía loca con su alcohol, mi cerebro probablemente miraba su botella y embrutecía» –manifestaba a una mujer. Las dolencias que afectan el cuerpo de esa cónyuge adquieren el carácter de síntomas a través de los cuales se lee la presencia del alcoholismo en el hogar. El alcoholismo aparece como una enfermedad cuyos síntomas se pueden leer tanto en el cuerpo del paciente como en el del cónyuge, autorizando este último el diagnóstico de la enfermedad del otro: «¡No son sólo son sus problemas, su alcohol el problema! ¡Ellos han metido un manicomio en mi hogar! Si se hace la distinción entre los que se enferman por la presencia de alcohol en su cuerpo y los que se enferman por la presencia de alcohol en la pareja bien vale la pena decir: «Incluso los que no están enfermos por el alcohol, están enfermos por el alcohol»; el cónyuge que no bebe todavía, muestra ciertas manifestaciones físicas, emocionales y mentales de la enfermedad. Contagio indudablemente de otro tipo, pero contagio.

Alfonso Mata
Médico y cirujano, con estudios de maestría en salud publica en Harvard University y de Nutrición y metabolismo en Instituto Nacional de la Nutrición “Salvador Zubirán” México. Docente en universidad: Mesoamericana, Rafael Landívar y profesor invitado en México y Costa Rica. Asesoría en Salud y Nutrición en: Guatemala, México, El Salvador, Nicaragua, Honduras, Costa Rica. Investigador asociado en INCAP, Instituto Nacional de la Nutrición Salvador Zubiran y CONRED. Autor de varios artículos y publicaciones relacionadas con el tema de salud y nutrición.
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