Manifestantes contrarios al golpe de Estado en Myanmar ensayan una formación de defensa con escudos de fabricación casera durante una protesta. Foto La Hora/AP.

MANDALAY, MYANMAR

Agencia AP

Las fuerzas de seguridad de Myanmar volvieron a emplear hoy fuerza letal contra manifestantes contrarios al golpe de Estado del mes pasado, y mataron a al menos cuatro luego de disparar munición real a los inconformes.

Tres de los decesos se habrían producido en Mandalay, la segunda ciudad más grande del país, y otro en Pyay, una localidad del centro-sur. Las muertes se reportaron a través de las redes sociales, con fotos de los muertos y heridos en los dos lugares.

Tom Andrews, un experto independiente en derechos humanos de Naciones Unidas para Myanmar, dijo el jueves que «reportes creíbles» indicaban que, por el momento, las fuerzas de seguridad del país del sudeste asiático han matado a al menos 70 personas, y citó crecientes pruebas de delitos de lesa humanidad desde que el Ejército derrocó al gobierno electo de Aung San Suu Kyi.

Según los reportes en redes sociales, otras tres personas habrían muerto por disparos el viernes en la noche en Yangón, la principal ciudad birmana, donde los residentes llevan una semana desafiando el toque de queda de las 20:00 horas para salir a protestar.

En Thaketa, un municipio de Yangón, se informó de dos decesos por disparos en el lugar donde se dispersó una concentración ante una comisaría. Una multitud se había reunido allí para exigir la liberación de tres jóvenes que fueron apresados en sus casas antes el viernes. Las fotos publicadas en internet mostraban supuestamente a los dos fallecidos. La otra presunta víctima del viernes fue un joven de 19 años que recibió disparos en Hlaing.

Las protestas nocturnas podrían reflejar el enfoque más agresivo de autodefensa que han defendido algunos de los manifestantes. La policía ha estado patrullando de forma agresiva por vecindarios residenciales durante la noche, realizando disparos al aire y lanzado granadas aturdidoras en un esfuerzo de intimidación. Además se realizaron cateos dirigidos, sacando a la gente de sus casas sin apenas resistencia. En al menos dos casos conocidos, los detenidos murieron horas después de ser arrestados.

El sábado apareció otro posible indicio de una resistencia más activa. En redes sociales se publicaron imágenes de un puente ferroviario dañado por una carga explosiva. Muchas cuentas lo describieron como parte de la línea ferroviaria que une Mandalay con Myitkyina, la capital del estado norteño de Kachin. Las fotos mostraron daños en parte de un soporte de concreto.

Nadie se atribuyó la autoría de la acción, pero podría servir tanto para respaldar la huelga nacional de empleados ferroviarios —que forman parte del movimiento de desobediencia civil contra el alzamiento— como ser una maniobra para interferir en la capacidad de la junta para reforzar su presencia militar en Kachin, donde la minoría étnica kachin libra una campaña insurgencia desde hace años.

El golpe del 1 de febrero revirtió años de lentos avances hacia la democracia en una nación que, durante cinco décadas, languideció bajo un estricto gobierno militar que derivó en aislamiento y sanciones internacionales.

El partido de Suu Kyi, la Liga Nacional para la Democracia, debía asumir un segundo mandato de cinco años luego de lograr una contundente victoria en las elecciones del año pasado. Pero en su lugar Suu Kyi; el presidente, Win Myint, y otros miembros del gobierno, están detenidos por los militares.

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