El presidente electo Joe Biden, durante un discurso en el teatro The Queen, en Wilmington, Delaware. Foto La Hora/AP/Andrew Harnik.

Por ZEKE MILLER y ANDREW TAYLOR
WASHINGTON
Agencia AP

Mientras la nación se ve asediada por un rebrote de COVID-19 y está a la espera de que Washington envíe ayuda, el presidente Donald Trump y los legisladores en el Congreso tienen un mensaje para los estadounidenses en apuros: Sigan esperando.

El repunte de infecciones de coronavirus a nivel nacional, y el aumento en las cifras de hospitalizaciones y de decesos han tenido poco impacto en la capital del país, donde sus líderes enfocan su atención en politiqueo sobre la transición de gobierno y en tratar de capitalizar la promesa de una próxima vacuna. El coronavirus ha cobrado la vida de más de 246.000 estadounidenses este año y ha infectado a por lo menos 11,1 millones, de los que alrededor de un millón fueron diagnosticados tan sólo en la última semana.

Sin embargo en el Congreso, donde las negociaciones de paquetes de ayuda económica se estancaron hace meses, aprobar la asistencia económica no parece un tema prioritario.

Del otro lado de la ciudad, en la Casa Blanca, Trump está enfocado en atribuirse el crédito por el desarrollo de una vacuna y en impedir que el presidente electo Joe Biden reciba la información necesaria para garantizar que el nuevo gobierno pueda asumir sin contratiempos la lucha contra la pandemia.

«Se acaba de anunciar otra vacuna», tuiteó Trump la mañana del lunes después de que Moderna dio a conocer que su candidata mostró una efectividad del 95% contra el virus en los primeros ensayos. «Para aquellos grandes ‘historiadores’, por favor recuerden que estos grandes descubrimientos, que pondrán fin a la plaga china, ocurrieron durante mi gobierno».

Durante una conferencia telefónica con gobernadores el lunes, el vicepresidente Mike Pence, quien encabeza el grupo de trabajo de la Casa Blanca contra el coronavirus, se expresó de forma muy optimista y pidió a los estados que digan a sus habitantes que las vacunas están en camino y que «Estados Unidos y su estado nunca han estado más preparados».

Eso no impidió que el gobernador de Luisiana, John Bel Edwards, les pidiera a Pence y a Trump un mensaje más uniforme sobre la importancia del distanciamiento social y el uso de mascarillas. Y la doctora Deborah Birx, coordinadora del grupo de trabajo, reportó que 27 entidades se ubican en la «zona roja» por sus elevados índices de transmisión del virus, los cuales son más extensos y preocupantes que los brotes de principios de este año.

Biden, quien ha advertido que se avizora un «oscuro invierno», pidió al gobierno de Trump que comparta sus planes de distribución de la vacuna con el gobierno entrante, y advirtió que «más personas podrían morir si no nos coordinamos».

«Si debemos esperar hasta el 20 de enero para empezar a planear, entonces nos rezagamos», dijo Biden, quien agregó que los planes de vacunación son fundamentales para reparar a la economía del país.

El presidente electo expresó su esperanza de que Trump «sea un poco más inteligente antes de que lleguemos al 20 de enero». Dijo que entendía la «renuencia» de Trump a reconocer su derrota y a compartir los planes de su gobierno, pero señaló que era «una vergüenza».

En el Congreso tampoco hay progreso. La elección dividida —en la que los demócratas sufrieron cuantiosas derrotas en la Cámara de Representantes a pesar de haber vencido a Trump— no ha generado progreso alguno ni ha impulsado a la presidenta de la cámara baja Nancy Pelosi o al líder de la mayoría en el Senado Mitch McConnell a alterar sus posturas preelectorales.

Pelosi quiere ir en grande, con unos 2 billones de dólares; McConnell desea un paquete más chico, en el rango de los 500.000 millones de dólares, con el que sus colegas de derecha estén más conformes. Encontrar un punto medio sería difícil para ambas partes.

Trump es un factor de perturbación en el Capitolio y es imposible concretar un acuerdo sin su aprobación, o al menos sin su firma. Sin un indicio mejor y más confiable de las intenciones del mandatario, tanto McConnell como Pelosi podrían mostrarse reacios a enfrentar la inestabilidad por la que es necesario pasar para llegar a un acuerdo.

Los resultados de las elecciones también han debilitado la capacidad de negociación de Pelosi, quien jugó duro en las semanas previas a los comicios sin obtener nada a cambio. Pero no ha cambiado de parecer en su insistencia para que haya un paquete de ayuda de amplio alcance en lugar de la postura con un enfoque más selectivo que prefieren los republicanos.

Y por ahora, Pelosi dedica sus energías a apaciguar a la descontenta bancada demócrata de cara a las elecciones internas de esta semana. Parece un mal momento para anunciar concesiones a McConnell y los republicanos.

Los dos añejos adversarios son formidables cuando sus intereses coinciden, pero sus oficinas señalan que no se han comunicado desde las elecciones y no saben cuándo lo harán. La única medida que requiere aprobación en la sesión final es una propuesta presupuestaria temporal para evitar un cierre de gobierno, o un proyecto de gastos gubernamentales más extenso si las negociaciones marchan bien. El paquete de ayuda por el COVID-19 podría añadirse a cualquiera de estas iniciativas.

El equipo de Biden quisiera un pago inicial de ayuda contra el coronavirus ahora, y defiende la manera en que Pelosi ha manejado el asunto.

«La apoyamos en la manera en que maneja esto», dijo el jefe de despacho de Biden, Ron Klain, el domingo al programa «Meet the Press» de la NBC. «Nuestro mensaje a la presidenta Pelosi es: ‘Siga haciendo lo que les está haciendo a los republicanos. Resolvamos esto’. Este podría ser el primer ejemplo de acción bipartidista después de las elecciones».

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