Una mujer con su hijo en brazos y su esposo caminan por una carretera de Ghaziabad, en las afueras de Nueva Delhi, India. Foto La Hora/AP/Altaf Qadri.

Por The Associated Press
NUEVA DELHI
Agencia AP

Estaban hambrientos. Algunos no habían comido en varios días. Otros sobrevivían a base de agua y galletas.

Pero de todos modos caminaron cientos de millas, familias enteras, hombre y mujeres, niños y ancianos, a lo largo de carreteras desiertas.

Algunos apenas si tenían chanclas en sus pies. Otros llevaban bolsas en sus cabezas. Varios padres llevaban a sus hijos en sus hombros.

En la última semana, los trabajadores migrantes –el principal sector de la fuerza laboral de la India– se han marchado de las ciudades, paralizadas por el coronavirus, y regresado a sus pueblos, generando el temor de que el virus se pueda esparcir más rápidamente por el interior.

Fue un éxodo como no se veía en la India desde su partición en 1947, cuando se fueron los ingleses y el país fue dividido en dos, uno de mayoría hindú (India) y otro predominantemente musulmán (Pakistán).

Una orden de confinamiento de 21 días hizo que los 1.300 millones de indios se queden en sus casas, con excepción de aquellos que desempeñan labores esenciales, como los empleados de supermercados y de farmacias. El confinamiento más grande del mundo dio paso a una crisis humanitaria.

Millones de trabajadores pobres viven en casuchas precarias en barrios muy congestionados. Al no tener ingresos ni ahorros por la paralización de actividades, se ven obligados a regresar a sus pueblos.

Pero los trenes no funcionan, los taxis son demasiado costosos y no hay suficientes autobuses, a pesar de que se reforzó ese servicio.

Por ello no les queda otro remedio que caminar. El gobierno dice que entre 500.000 y 600.000 migrantes regresaron a sus pueblos a pie.

Al agravarse la crisis, las autoridades trataron de ofrecer transporte, albergues y comida.

Pero ya era demasiado tarde.

Algunas personas murieron de agotamiento, otras en accidentes automovilísticos en las carreteras. Varios fueron golpeados por policías, que decían que solo trataban de mantener el orden.

Shiv Kumari, de 50 años, dijo que la echaron de la vivienda que alquilaba en Haryana. Ella y su hijo de 28 años empacaron sus cosas e iniciaron un recorrido a pie hasta su pueblo, que quedaba a 900 kilómetros (550 millas).

El lunes por la tarde, visiblemente agotados, madre e hijo cruzaron un puente sobre el río Yamuna, considerado sagrado por los hindúes. Todavía debían cubrir 110 kilómetros (68 millas) para llegar a su destino.

«Llevamos cinco días caminando», dijo Shiv Kumari.

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