El paradero de Monseñor Juan Abelardo Mata sigue sin ser confirmado pese a la versión oficial de la dictadura de Daniel Ortega. Foto: Facebook de Diócesis de Estelí.
El paradero de Monseñor Juan Abelardo Mata sigue sin ser confirmado pese a la versión oficial de la dictadura de Daniel Ortega. Foto: Facebook de Diócesis de Estelí.

El paradero del obispo nicaragüense Abelardo Mata sigue sin ser confirmado este sábado, tras una serie de detenciones calificadas de arbitrarias y traslados no esclarecidos por las autoridades, mientras la dictadura de Daniel Ortega y Rosario Murillo asegura que el religioso se encuentra en su vivienda y su familia sostiene que no ha podido verlo.

La falta de información verificable se mantiene pese a que el Departamento de Estado de Estados Unidos exigió su “liberación inmediata e incondicional” y pidió pruebas sobre su estado de salud, en un nuevo pronunciamiento sobre la situación de la Iglesia católica en Nicaragua.

El Ministerio del Interior, horas después del pronunciamiento de EE. UU., afirmó en un comunicado que monseñor Mata “ha retornado a su vivienda” y que se encuentra “en perfectas condiciones”, tras una indagación sobre su situación patrimonial y vínculos familiares. No detalló, sin embargo, si el obispo permanece bajo vigilancia o con restricciones de movilidad.

La familia del religioso cuestionó esa versión. Un familiar cercano, que habló con La Hora bajo condición de anonimato por temor a represalias, asegura que no han tenido acceso al obispo ni confirmación de su paradero desde los últimos movimientos vinculados a su detención.

Según su relato, la residencia del obispo en Tisma, en el departamento de Masaya, permanece bajo vigilancia policial y sin posibilidad de ingreso. Las fuerzas de seguridad exigen que un familiar sea quien llegue para reclamarlo, en una especie de trampa, advierte. “Los policías están fuera de la casa, pero no lo han liberado. Nadie lo ha visto, nadie ha tenido acceso”, dijo.

“UNA TRAMPA”

De acuerdo con el entorno familiar, la Policía, que responde a la dictadura de Ortega y Murillo, ha condicionado cualquier verificación de monseñor Mata a la presencia de un familiar directo con cédula de identidad. 

Esa exigencia ha generado preocupación entre los familiares, que temen que el mecanismo pueda derivar en nuevas detenciones o en presiones para validar la versión oficial. Incluso la Policía no ha dejado que personas que no sean familiares ingresen a la vivienda en donde aparentemente estaría el obispo.

“Lo que quieren es que llegue un familiar para detenerlo también o para obligarlo a grabar un video diciendo que está bien”, preocupó el familiar y cuestionó que si estuviera en libertad no habría necesidad de mantenerlo bajo custodia.

SECUENCIA DE DETENCIONES TRAS PEDIR POR LA IGLESIA

El caso se produce después de una serie de actividades religiosas del obispo, quien días antes había celebrado una misa tras conmemorar su cumpleaños. En esa celebración, según el testimonio familiar, realizó oraciones por la Iglesia católica y mencionó la situación del obispo Rolando Álvarez, figura crítica del Gobierno nicaragüense y uno de los referentes de la confrontación entre el sandinismo y la jerarquía eclesiástica.

En Nicaragua, las menciones públicas a obispos encarcelados o exiliados se han convertido en un punto de fricción con la dictadura de Ortega y Murillo, en un contexto de restricciones a la actividad de la Iglesia católica y vigilancia sobre sus expresiones públicas.

El familiar relata que la primera intervención policial ocurrió cuando el obispo acudía a una clínica para una revisión médica vinculada a un marcapasos. Allí habría sido interceptado por agentes y trasladado en un operativo. Fue liberado y luego otra vez detenido por el aparato de seguridad sandinista. 

A partir de ese momento, añade, el acceso a información sobre su situación se volvió inexistente para su entorno. La familia sostiene que no ha podido verificar si permanece en su vivienda o bajo otro tipo de custodia. 

SANDINISMO ASEDIA A LA IGLESIA

El caso de Mata se produce en medio de una ofensiva sostenida del régimen de Ortega y Murillo contra la Iglesia católica que se ha profundizado desde las protestas de 2018. 

En los últimos años, además, organizaciones como Christian Solidarity Worldwide (CSW) han denunciado que sacerdotes son vigilados por policías e informantes durante las misas, reciben órdenes para moderar sus homilías, evitar referencias a la crisis política o incluso abstenerse de orar por Nicaragua. El Grupo de Expertos de Naciones Unidas sobre Nicaragua ha concluido que ese patrón de persecución contra líderes religiosos forma parte de la política represiva del Estado.

En marzo de 2023, el entonces papa Francisco calificó como una «dictadura grosera» el régimen de Ortega en Nicaragua, un mes después de la condena por «traición a la patria» del obispo nicaragüense Rolando Álvarez a 26 años y 4 meses de prisión, ahora exiliado y desnacionalizado, el mismo por el que monseñor Mata pidió en la misa que derivó en su detención arbitraria días después.

El religioso, de 80 años, pertenece a la congregación salesiana. Inició su formación en el noviciado salesiano de San Salvador y posteriormente cursó estudios en el Teologado Salesiano de Guatemala. Más tarde viajó a Roma, donde obtuvo una licenciatura en Ciencias Bíblicas y Sagradas Escrituras. Durante ese período aprendió hebreo, arameo y griego, idiomas que posteriormente utilizó como profesor en la formación de sacerdotes en el seminario nicaragüense.

Su voz crítica frente al poder no comenzó con la actual deriva autoritaria del sandinismo. Según el testimonio de su familiar, Mata denunció abusos y violaciones a los derechos humanos desde la década de los ochenta, durante los primeros años del Gobierno sandinista. 

Diego España
Periodista en la sección de Investigación de La Hora, especializado en el sector justicia, política y derechos humanos. Antes cubrió la fuente del Organismo Judicial. Se formó en Periodismo en la Universidad de San Carlos de Guatemala y cursa una maestría en Comunicación, Gobierno y Gestión Pública. Fue becario de la International Women's Media Foundation (IWMF) y los Ciclos de Actualización para Periodistas (CAP).
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