A pocas horas del aniversario de la Independencia de Guatemala es evidente que en el país se percibe un fuerte fervor patrio en el que los ciudadanos mostramos nuestro orgullo por ser ciudadanos de esta nación que surgió en el año 1821 y los desfiles, las antorchas, así como otras formas de expresión, muestran esa actitud y orgullo que despierta la principal fiesta nacional. Sin embargo, a lo largo de los 205 años que han transcurrido hemos sufrido una larga sucesión de distintas dictaduras y vienen a la mente los nombres de Rafael Carrera, Justo Rufino Barrios, Manuel Estrada Cabrera, Jorge Ubico más la sucesión de regímenes de 1970 a 1986 y el fallido Serranazo.
Hoy, formalmente, vivimos en democracia pero en la realidad estamos viviendo una de las dictaduras más duras de la historia, la que armaron las mafias de la corrupción para operar teniendo el absoluto control de las diferentes instancias del Estado, especialmente lo relacionado con la justicia y los dineros del Estado vía diversas adjudicaciones. Esta dictadura, a diferencia de las anteriores, no tiene un rostro que la identifique porque, como bien dijo alguna vez Roxana Baldetti, la corrupción es un monstruo de mil cabezas. La apertura democrática de 1986 se fue pervirtiendo de manera sistemática hasta llegar a lo que ahora vivimos y sufrimos sin esperanza.
Por ello es que ahora, al hablar del fervor patrio, tenemos que hacer un llamado para entender la forma sistemática en que esa Patria surgida en 1821 se ha ido ajustando, al punto de que abandonó por completo sus obligaciones para promover el bien común ya que todo gira alrededor de los negocios y pactos oscuros que son el único uso que se le da a los fondos públicos que provienen del pago de nuestros impuestos. La educación es un desastre, la salud sigue siendo un privilegio para muchos y la seguridad ciudadana una tarea incompleta, no digamos la infraestructura que les rinde tantos frutos, mientras que el futuro de los guatemaltecos no se vislumbra alentador por más esfuerzos que haga el ciudadano y el empresario honrado para producir más y para mantener a sus familias, a veces desde el extranjero a donde millones tuvieron que migrar por la falta de oportunidades.
Al entonar el Himno Nacional tenemos no solo que pensar en el pasado sino comprometernos para mejorar el futuro, acabando con ese poder absoluto de las mafias que tienen sometido al país y que ya están listas para continuar, como lo han hecho cada cuatro años, repartiéndose el jugoso botín.
Guatemala feliz, que tus aras no profane jamás el verdugo no es una simple frase emotiva sino un llamado a evitar que los tiranos la destruyan y, sin temor a equivocarnos, podemos decir que el peor tirano de la historia es el que conforman las mafias que hoy profanan el espíritu patriótico con sus robos y sucias componendas entre mafias.








