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Dentro de los viejos refranes que van cayendo en desuso, solía decirse que el tiempo perdido hasta los santos lo lloran y precisamente eso es lo que pensamos ahora que el tema del precio de los combustibles está generando un profundo malestar que ha sido aprovechado por algunos para crear movimientos de desestabilización. En efecto, el 28 de febrero se produjo el ataque a Irán que desató un conflicto que, según había dicho el presidente de Estados Unidos, tendría muy corta duración, pero pasan los meses sin que cese la guerra ni sus efectos devastadores en el precio mundial del petróleo.

Esos precios se dispararon automáticamente, especialmente por el bloqueo del Estrecho de Ormuz que impidió el tránsito de buques cargados de petróleo, y todo el mundo empezó, desde los primeros días, a sentir el efecto económico de esa guerra que, contra lo supuesto inicialmente, sigue sin visos de solución inmediata. Guatemala, desde luego, tuvo también que sufrir ese incremento de los precios en las gasolineras y el gobierno, cuyo Presidente había sido crítico de los subsidios, tuvo tiempo suficiente para plantear mecanismos de compensación al consumidor, sea mediante el registro de las placas o mediante la utilización del Número de Identificación Tributaria para percibir alguna compensación por lo que estaba pagando en exceso.

Ciertamente existen dudas sobre cómo los abastecedores manejan el tema de los subsidios y hay fundadas razones para entender que no todo el producto de esa “ayuda” estatal termina favoreciendo al consumidor, pues en el camino otros pueden sacarle provecho. El mismo Arévalo había planteado su oposición a los subsidios cuando, antes de llegar a la presidencia y desde el Congreso, siendo diputado, hizo serias críticas a propuestas de ese tipo.

El caso es que aquí transcurrieron los meses sin que nadie hiciera nada y, al final, fueron los diputados los que decidieron aprobar un subsidio que, aún hoy, se encuentra entrampado por diversas acciones en el legislativo. Es obvio que a la gente la afecta el precio de los combustibles y que eso genera protestas, algunas salidas de tono, pues una cosa es manifestar en ejercicio de un derecho ciudadano y otra es bloquear las vías públicas, tal y como ocurrió hace tres años para protestar contra las acciones del MP contra las elecciones.

No cabe duda que uno de los problemas del gobierno actual es la pachorra que se ha vuelto su sello y característica. Cada día que pasaba, no digamos semanas y meses, sin que se buscara una forma de mitigar directamente el impacto al consumidor por el alza de los combustibles, golpeaba millones de bolsillos, tema que debió forzar a plantear medidas para mitigar ese duro impacto, pero el asunto quedó tan engavetado como los casos de corrupción en el tiempo de Porras en el MP.

Imposible vaticinar cuánto más va a durar la guerra y cuánto más golpeará a la economía mundial, pero las acciones para reducir ese duro impacto tienen que darse con agilidad y eficiencia.

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